EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Avanzada descomposición electoral

Humberto Musacchio

Junio 02, 2016

Una profunda insatisfacción recorre el país. México tiene uno de los sistemas electorales más costosos y, sin embargo, no inspira confianza ni garantiza imparcialidad. Suele ser omiso ante el desbarajuste delictivo que son ahora las campañas, obra con disimulo ante los dinerales de que disponen partidos y candidatos y ha sido poco serio en la revisión de sus gastos. Todo eso ha propiciado un derroche que crece exponencialmente de unos comicios a otros. Dicho de otra manera, construimos un edificio enorme y muy caro para que el sistema electoral viva agazapado en un rincón del sótano.
Para variar, el PRI tiene mayoría en el órgano rector del Instituto Nacional Electoral. Varios de los consejeros, suponemos que sin credencial del partidazo, se comportan como leales militantes del tricolor, son institucionales, pues. Por si algo faltara, los priistas cuentan en el INE con el voto de consejeros llevados hasta ahí a propuesta de sus partidos-satélite.
No para ahí la influencia de los priistas, pues los consejeros influyen o determinan nombramientos de personal operativo del más alto nivel. De modo que el tricolor cuenta con servidores en los niveles ejecutivos del Instituto. Imposible olvidar al señor aquel que no le hacía honor a su apellido, Cristalinas, el encargado de vigilar el gasto de los partidos, individuo feroz para ver un exceso en los pasajes de avión en clase turista de Andrés Manuel López Obrador, pero ciego, sordo y mudo ante la flotilla de aviones y helicópteros del candidato del PRI en el mismo año de 2012.
Cristalinas ya no está en el INE. Era insostenible su presencia, pero quedan por ahí otros funcionarios igualmente “cristalinos”, meros amanuenses del partido llamado revolucionario y hasta institucional, que muy bien sabe ordeñar las instituciones en su provecho, lo que naturalmente produce desánimo en los votantes, hecho que beneficia al PRI en tanto que partido mayoritario, pues a menor votación más beneficio en el reparto de curules y otras chambas y privilegios.
Por supuesto, cuando se habla de desconfianza en algo tan complejo como el sistema electoral, estamos hablando de los sectores ilustrados. La mayoría de la población, desinformada por sistema –basta ver los noticieros de la televisión– vota mecánicamente por quien le “regala” una despensa, un saco de cemento, una camiseta o alguna chuchería.
El PRI es el gran maestro de esta compra de votos, pero tiene discípulos avezados en el PRD, alumnos tan faltos de escrúpulos como el delegado en Coyoacán, que por las noches lleva tinacos para obsequiarlos en las colonias proletarias de su jurisdicción. Total, al INE y al IEDF les vale un soberano cacahuate todo ese despliegue de marrullerías y delitos electorales.
El discurso y las condenas de Andrés Manuel López Obrador pueden no gustar, pero el hecho es que han calado en gran parte de la población. Zacatecas es una plaza fuerte de Morena, pero lo que ocurre en Veracruz sólo se explica porque las denuncias del tabasqueño son confirmadas por la realidad. Y si no, que le pregunten a un tercio de los veracruzanos por qué van a votar por Cuitláhuac García Jiménez, de Morena, un candidato que no es rico ni reparte regalitos. Lo único que explica su relativo éxito es que sus contendientes, los dos Yunes, se han encargado de encuerarse recíprocamente para mostrar todas sus miserias, o más bien todas sus riquezas, ciertamente difíciles de explicar, o muy explicables, si atendemos a los usos y costumbres del PRI, partido al que pertenece uno de los Yunes y del que salió el otro, ahora abanderado del PAN… y del PRD.
Veracruz, como México, demanda, necesita, clama por un gobierno honrado. Pero cada vez menos ciudadanos ven en la vía electoral el camino para acabar con las corruptelas y consideran que las elecciones no pasar de ser una especie de costoso sorteo para ver quién se queda con los premios, esto es, los huesos y prebendas que se derivan del voto.
Ese desencanto con algo tan serio como elegir a nuestros representantes o a quienes no han de gobernar, es la causa de que muchos mexicanos vean con simpatía la ocurrencia del presidente del Panal, quien se presentó a un mitin con tres muchachas medio disfrazadas con eso que llaman Body Paint, esto es, que medio disfrazan sus formas con pintura, pues en realidad están con los senos al aire. Se trata de circo sin pan, aunque tal vez con leche.