EL-SUR

Sábado 27 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

¡Ay! ¡ay! Rubén

Raymundo Riva Palacio

Mayo 25, 2005

 

 

El PAN tiene dos problemas serios en el estado de México. El primero se llama Rubén Mendoza Ayala, su candidato a la gubernatura, cuya soberbia lo llevó a perder una ventaja de más de 20 puntos que tenía al arrancar la campaña sobre el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, y por su misoginia que le ha quitado aún más puntos frente a la candidata del PRD, Yeidckol Polevsnky. El segundo se llama Rubén Mendoza Ayala, quien frente al desplome de su candidatura en lugar de corregir tácticamente su campaña se ha deprimido, contribuyendo todavía más al desfonde.

Mendoza Ayala comenzó su campaña con grandes expectativas. Ex priísta con experiencia en procesos electorales, se fue al PAN como la mayoría de los tránsfugas partidistas lo han hecho en este viciado sistema de multipartidos: porque no les dieron la candidatura que deseaban. Con el PAN ganó la Presidencia Municipal de Tlanepantla, donde hizo obras de relieve y trascendencia y se posicionó como un político capaz, gracias a lo cual obtuvo la candidatura a la gubernatura pese a tener enfrente al panismo tradicional que apoyaba a José Luis Durán Reveles. Prometía ser el candidato a vencer en el estado de México.

Era una gran carta para el 2006. Las elecciones para gobernador en el estado de México siempre son un año antes que las presidenciales, y durante mucho tiempo se han calificado como “el laboratorio” para los comicios por la jefatura del Ejecutivo. Esto no significa que los resultados mexiquenses determinen lo que será en el 2006, pues no ha sido una constante. Pero sí son laboratorio porque es la mejor oportunidad que tienen los partidos, por el alto padrón electoral del estado y las dificultades geográficas y sociodemográficas que representa, para probar las maquinarias de los partidos rumbo a la presidencial.

En el caso particular del 2006, donde hoy en día se anticipa apatía electoral y una votación cerrada entre los tres grandes partidos, los resultados mexiquenses cobran una atención particular y estratégicamente vital: para el PAN y el PRI, ganar el estado y en particular sacar el mayor número de votos en la zona connurbada, significa introducir un importante voto compensatorio frente al bastión perredista en el Distrito Federal, en donde se presume se llevarán entre el 40 y el 60 por ciento del voto en el 2006. Para el PRD ganar la zona connurbada colocaría a sus adversarios en serios problemas, al haber perdido los núcleos electorales más importantes del país.

Mendoza Ayala parecía la mejor carta para el PAN. Fogueado, conocedor de las clientelas electorales, no había nadie en ese partido para hacerle frente al PRI y al PRD. Bueno, eso es al menos lo que se creía. Lo que no esperaba nadie es que el candidato panista se pensara un año y medio antes de la elección despachando en la oficina del gobernador y en Los Pinos en 2012. Lo peor de Mendoza Ayala comenzó a salir. Descuidado, torpe, insuflado, empezó a provocar antagonismos. Generador nato de infundios en los medios, empezaron a pegarle en sus propios términos. Pero nada fue tan dañino en su contra como el propio Mendoza Ayala.

Se vinculó con Los Pinos y en especial con la primera dama Marta Sahagún, quien lo hizo su candidato y le amarró a los panistas inconformes con sus procedimientos en la contienda frente a Durán Reveles. Pero cometió el error táctico de sumar a su campaña a Isidro Pastor, quien se había inconformado con su patrón, el gobernador Arturo Montiel, porque apoyó a Peña Nieto y no a él para sucederlo. Pastor se fue y lo fueron del PRI, al que amenazó con que legiones de priístas lo seguirían. El PRD compró esa idea en un principio, pero no llegaron a ningún arreglo. Mendoza Ayala sí se lo llevó con él. Pésima jugada.

Pastor había sido un ariete contra el presidente Vicente Fox y la primera dama durante las elecciones intermedias de 2003, al grado de amenazarlos con demandarlos judicialmente si volvían a interferir en esos comicios. Pastor sedujo y volteó a la mayoría panista en el Congreso local, con lo cual allanó la gobernabilidad de Montiel. Buen operador dentro del PRI, fue una pesadilla para el PAN estatal, por lo que su reclutamiento para la campaña panista resultó contraproducente para Mendoza Ayala. Tan pronto como Pastor fue presumido por él, la dirigencia del PAN lo metió a la congeladora, mientras que la antes leal señora Sahagún le canceló una aparición en campaña que él se encargó de presumir en todos lados.

¿Qué sucedió? Mendoza Ayala lloró en ese mitin del abandono y, de acuerdo con panistas, se ha metido fuertemente en la bebida. Cuando menos en tres ocasiones ha dejado plantada a la gente en mítines y se le ha visto llegar absolutamente desaliñado a otros. Por las tardes se pierde y se encierra largas horas por la noche con sus amigos. El candidato panista está descuidando tan gravemente la campaña que sus adversarios están comenzando a especular sobre la posibilidad de que el partido, frente a la catástrofe que están previendo si siguen por este camino, lo saque de actos públicos, lo ponga a descansar y refuercen la campaña mediática.

Rubén Mendoza Ayala se ha desplomado. “Vistas hoy las cosas, Durán Reveles hubiera sido un mejor candidato”, dijo un político vinculado estrechamente a Fox. Son caprichosas las paradojas de la política. Pero como dijo un reputado comunicador político, Rafael Reséndiz, Lucifer no perdió la batalla con Dios por malo, sino por soberbio.

 

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