Tryno Maldonado
Marzo 01, 2025
METALES PESADOS
La noche del 26 de septiembre de 2014 no ha terminado. Sigue viva como un fantasma que recorre las calles de Iguala, las montañas de Guerrero, las fosas clandestinas y los cuarteles militares de todo el país. Esa noche, 43 estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa desaparecieron en un acto de violencia que desnudó las entrañas podridas del Estado mexicano. Pero Ayotzinapa no es sólo un crimen. Es un símbolo. Un espejo que refleja la simbiosis entre el poder político, las fuerzas armadas y el crimen organizado. Y en ese espejo, la figura del general Salvador Cienfuegos Zepeda emerge como un espectro bastante incómodo para el actual poder heredado en la figura de Claudia Sheinbaum. Cienfuegos es un hombre que encarna la impunidad. Un hombre que encarna el silencio de décadas de impunidad del partido de Estado dominante y los anteriores.
Los hilos de la noche
La desaparición de los 43 estudiantes no fue un acto aislado. Fue el resultado de una madeja de intereses, miedos y complicidades. En el centro de esa madeja está Cienfuegos, quien, como secretario de la Defensa Nacional, dirigió a las fuerzas armadas durante uno de los periodos más oscuros de la llamada guerra contra el narcotráfico. Bajo su mando, los militares no sólo combatieron al narco: también se convirtieron en sus cómplices. Las investigaciones sobre Ayotzinapa han revelado que soldados y policías de varios órdenes retuvieron ilegalmente a varios estudiantes y que altos mandos obstruyeron la justicia. Cienfuegos se convirtió en el guardián del silencio. El guardián protegido por la autodenominada Cuarta Transformación.
Pero Cienfuegos no está solo. Omar García Harfuch, ex jefe de la Policía de Investigación de Ciudad de México y actual secretario de Seguridad Ciudadana por confianza ciega de Sheinbaum, ha sido señalado innumerables veces por las familias de Ayotzinapa debido a su presunta vinculación con el crimen organizado. Y luego está Genaro García Luna, el ex secretario de Seguridad Pública bajo Felipe Calderón, quien fue condenado en Estados Unidos por narcotráfico. García Luna, el arquitecto de la guerra contra las drogas, es otro eslabón en la cadena de impunidad que conecta a políticos, militares y criminales. Pero, sobre todo, a su aprendiz García Harfuch.
El simbolismo de Cienfuegos
Es más que un general. Cienfuegos es un símbolo viviente. Así lo demostró la presidenta Claudia Sheinbaum al doblegarse ante su presencia en el evento de la reciente ceremonia del 112 aniversario de la Marcha de la Lealtad el 10 de febrero. El arresto de Cienfuegos en 2020 por la DEA, acusado de narcotráfico y lavado de dinero, pareció marcar un punto de inflexión que tiene sin cuidado a la 4T. Pero su liberación, gracias a la intervención del presidente Andrés Manuel López Obrador, fue un recordatorio de que en México la justicia es claramente selectiva.
Cienfuegos no es un hombre, es un sistema, una red de complicidades que protege a los poderosos y castiga a los débiles. Su figura encarna la impunidad de las élites militares y políticas, pero también la indiferencia de un país que parece haberse acostumbrado hace mucho tiempo a la violencia.
La Cuarta Transformación y el espejo roto
La llamada Cuarta Transformación prometió un cambio. Pero en materia de seguridad ha perpetuado los errores del pasado: PRI-PAN. Hoy encarnan el adefesio llamado PRIAN. La militarización de la seguridad pública, la creación de la Guardia Nacional y la ampliación de las funciones militares en tareas civiles son una continuación de las políticas que llevaron a crímenes como el de Ayotzinapa. Y mientras tanto, las desapariciones continúan. Más de 120 mil personas han desaparecido en México en los últimos años: cada una de ellas es un recordatorio de que la noche del 26 de septiembre no ha terminado para nadie en este país.
La presidenta Sheinbaum y el fiscal Alejandro Gertz Manero han defendido con uñas y dientes al general Cienfuegos, argumentando que las acusaciones en su contra carecen de fundamento. ¿De verdad? En una reciente conferencia matutina, Sheinbaum afirmó que el general es “un hombre honorable”. ¿Qué significa la honra en un país donde los estudiantes, las mujeres, las y los jóvenes desaparecen y son asesinados generacionalmente mientras los militares participan y encubren los crímenes? ¿Qué significa la justicia en un país donde los poderosos perpetúan la injusticia como modus operandi? Nada. Absolutamente nada.
La noche sigue
La noche del 26 de septiembre de 2014 no ha terminado. Sigue viva en las fosas clandestinas, en los cuarteles militares, en las búsquedas incansables de las madres de desaparecidos, en sus asesinatos y en las palabras vacías de los políticos. Cienfuegos, García Harfuch, García Luna… todos son parte de la misma trama, la misma madeja de intereses y complicidades. Entre tanto, las familias de los 43 siguen esperando respuestas. La noche no ha terminado y no terminará hasta que haya justicia. Pero en México, la justicia parece ser un sueño lejano, una luz al final de un túnel que nunca llega. Y estamos cansados.