EL-SUR

Sábado 06 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

LA POLÍTICA ES ASÍ

Ayuso: nostalgias imperiales

Ángel Aguirre Rivero

Mayo 08, 2026

La visita de Isabel Díaz Ayuso a México dejó algo más que fotografías, discursos y reuniones con sectores de la oposición mexicana. Dejó, sobre todo, una sensación incómoda: la de una figura política extranjera que decidió venir a nuestro país no a construir puentes culturales o económicos, sino a intervenir, desde una narrativa ideológica, en debates internos que corresponden exclusivamente a los mexicanos.
No es casualidad que sus declaraciones hayan provocado rechazo en amplios sectores sociales. La dirigente madrileña no llegó a México con prudencia diplomática, sino con el tono confrontativo que la ha convertido en uno de los símbolos más visibles del conservadurismo español contemporáneo.
Su reivindicación de la Conquista, sus referencias al mestizaje como argumento político y su cercanía con sectores de derecha latinoamericana no fueron interpretadas aquí como gestos culturales inocentes, sino como un mensaje político deliberado.
Porque detrás de la retórica sobre Hernán Cortés y “las malinches”, existe una visión profundamente ideológica: la de quienes siguen mirando a América Latina desde una lógica de superioridad histórica, como si todavía existiera autoridad moral para explicarles a los pueblos latinoamericanos cómo deben entender su pasado, su identidad o incluso su democracia.
Las críticas contra Ayuso no nacen únicamente de sus palabras en México. En España arrastra múltiples cuestionamientos por su estilo polarizante, por el manejo de la pandemia en Madrid, por las investigaciones relacionadas con contratos públicos y por el uso constante de la confrontación política como herramienta de posicionamiento personal. Su figura divide incluso dentro de su propio país. Por eso, resulta difícil no interpretar su visita como una extensión internacional de esa estrategia permanente de provocación mediática.
Y ahí es donde el asunto adquiere una dimensión más delicada. Porque cuando una dirigente extranjera se reúne con actores políticos nacionales y emite mensajes que inevitablemente impactan en el debate interno mexicano, la discusión deja de ser cultural para convertirse en política.
México es una nación soberana. Sus disputas, sus procesos democráticos y sus diferencias ideológicas deben resolverse entre mexicanos, no bajo el tutelaje simbólico de figuras que representan corrientes conservadoras extranjeras.
Sería un error que la izquierda mexicana caiga en la tentación de sobredimensionar el episodio. La indignación puede ser legítima, pero el país tiene urgencias mucho más profundas que un intercambio discursivo con una política española en busca de reflectores.
Y quizá ahí radica la principal diferencia entre el debate mexicano y la agenda de Ayuso. Mientras aquí la discusión central debería ser cómo reducir la pobreza, garantizar derechos y construir estabilidad social, la dirigente madrileña parece mucho más interesada en alimentar una narrativa identitaria y conservadora que le permita consolidar su liderazgo político en España y entre las derechas iberoamericanas.
México no necesita lecciones de nostalgia imperial ni discursos que revivan divisiones históricas para obtener rentabilidad política. Necesita serenidad, resultados y altura de miras.
Del anecdotario

Decía el beisbolista Yogi Berra: “Esto no se acaba hasta que se acaba”, a propósito de aquellas o aquellos que ya se sienten futuros alcaldes, diputados o incluso gobernadores.
Siempre he dicho que la soberbia y la ingratitud son las peores consejeras de la política, pues hay quienes se avergüenzan de su pasado y se olvidan de quienes alguna vez les tendieron la mano.
El escenario, aún para Morena, será harto complicado si no se respeta primero el resultado verdadero de una encuesta seria y profesional que a todos deje satisfechos, no como las encuestas a modo sin credibilidad que ya circulan. Quien gane tendrá que tejer muy fino con el resto de los aspirantes para mantener la unidad al interior de ese movimiento, que se antoja nada fácil.
Los operadores que acompañen a los y las aspirantes, serán sin duda un factor que despertará o no, confianza en el electorado. La congruencia y la lealtad son la clave.
Morena vive hoy el momento más complicado desde su nacimiento y los recursos para una campaña, especialmente para gobernador, serán vigilados con lupa ante el escenario por el caso Sinaloa y los anuncios que ayer mismo hiciera el presidente Donald Trump de que, si no actúa el gobierno mexicano, lo harán ellos para ir por más narcopolíticos y grupos de la delincuencia organizada que operan en suelo mexicano.
Hoy más que nunca los perfiles limpios, como advirtió Ariadna Montiel, serán factor. ¿Qué significa?, que desde ya varios quedaron fuera.
Por si fuera poco, el fiscal interino de Estados Unidos el día de ayer anunció que irán por más políticos, casi todos de filiación morenista.
¿Cuánto impactarán a Morena estas acciones en el próximo proceso electoral? No lo sabemos; lo que sí sabemos es que, si no se cuida la unidad y la limpieza para definir candidata o candidato, puede haber desprendimientos que beneficien a otras filiaciones políticas como MC, que hoy está captando la simpatía de la mayoría de los jóvenes mexicanos; el PRI, con todo y lo que se diga sobre su pasado; o nuevas alternativas que surgirán, como el partido “Somos México”, que tiene asegurado su registro.
Por lo que a mí toca, me mantendré alejado de toda participación, pues soy un convencido de que hay que darle paso a las nuevas generaciones.
La política es así…