EL-SUR

Lunes 06 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Los 70 años de María Bonita (III)

Anituy Rebolledo Ayerdi

Diciembre 24, 2015

Beaujolais

Agustín Lara mantiene una costumbre a la que ningún amigo, incluso su esposa María Félix, han osado calificar como extravagante. Acompaña todas sus comidas con vino Beaujolais, sean estas carnes, pescado, caviar, manitas de puerco o tacos al pastor. Aquel día se zampa hasta tres botellas para hacer los honores a unas quesadillas de huitlacoche y a un pastel de queso, su favorito. Manjares traídos por Maruca desde un poblado cercano donde filma los exteriores de una película.
Solos, un hombre y una mujer reconciliados, verán transcurrir la tarde como pavorreales larianos, amantes “aburridos de luz”. Llegada la noche se dispondrán al milenario rito del amor, acariciados sus cuerpos por la tersura de sábanas traídas de Holanda y no de la Lagunilla, como antes. El genio se levanta sigilosamente para no despertar a su pareja y se encamina a su estudio. Ahí lo esperan piano, coñac y cigarrillos. Las musas no se harán del rogar:

Palabras de mujer

Palabras de mujer
que yo escuché cerca de ti,
junto de ti, muy quedo
tan quedo como nunca

Las quiero repetir
para que tú, igual que ayer,
las digas sollozando,
palabras de mujer

Aunque no quieras tú
ni quiera yo, lo quiso Dios.
y hasta la eternidad
te seguirá mi amor

¿Reconciliación?

La paz, la armonía y el amor han vuelto al hogar de la pareja celebérrima y la chismografía insana de las chapoyes le encontrarán pronto una explicación: “Es que nunca coinciden en el domicilio conyugal. Quizás en alguna reunión con amigos mutuos o en eventos musicales y cinematográficos”. Ya no asisten, por ejemplo, a la plaza de toros México donde cada domingo provocaban mayor expectación, incluso que los matadores, siempre en su barrera de primera fila. Y es que muchos capitalinos asistían a las corridas sólo por verlos de cerca y gritarles “de cosas”. Cosas como éstas:
–¡Pásala, pinche Flaco, que al cabo no le haces nada!
–¡Ya llegaron la Bella y la Bestia!
–¡¿ Para que traes paraguas, mamacita, si no va a llover?! (Agustín vestido todo de negro).
–¡Acábatelo, Mariquita!
MARÍA: Nos privamos de asistir a los toros, mi espectáculo favorito, a causa de una caterva de hijos de mala madre. Sus gritos pasaron de ser ingeniosos a insultantes, auténticas e inaceptables agresiones. ¡Al carajo con ellos!

Me gusta, no me gusta

María confiesa su admiración por la pulcritud de Agustín –si se quiere excesiva , obsesiva–, lo mismo que por su elegante prestancia. Nunca porta ningún objeto en las bolsas del pantalón o el saco para no estropear la figura. Hábitos que no descuida aun en la intimidad enfundado en batas de seda venidas de Francia, el pelo siempre alisado. Su gentil hombría, su trato refinado y su esplendidez, son prendas también exaltadas por la señora de Lara
La voz, ¡ah, la voz ! La voz de Agustín es para María la más sensual del universo y por ello disfruta escuchándola por horas y si es a oscuras mejor. Le repatea, por el contrario, que Agustín hable francés en público y particularmente si hay damas presentes. ¡Y es que el acento del Flaco enamora! A la ahora de las intimidades con amigos, María confesaba su odio profundo contra la piruja que había carimarcado al músico. No por haberlo hecho, aclaraba, ¡sino porque se me adelantó, la muy cabrona!

La Charrasqueada

La Doña se refería a una suripanta del cabaret El Cinco Negro, en los bajos fondos metropolitanos, que en los años 30 le había charrasqueado el rostro al pianista del lugar. No otro que el joven y valiente Agustín Lara. La celosa Marichú, su mero “quelite”, de grupa generosa, por cierto, le reprochó que lo hayan visto salir del cuarto de la Rompecatres. Él no lo niega y se dispone a explicar aquella situación, pero la celosa mujer no lo permite. Rompe una botella de cerveza y con la mitad convertida en filosa arma se lanza contra el infiel. Un solo zarpazo bastará para rebanarle media encía superior y parte de la mejilla izquierda, dejando los dientes al descubierto.
Una lesión seria que requerirá de una costura de ocho centímetros, hilvanada por el doctor y cantante Alfonso Ortiz Tirado, ortopedista y no cirujano plástico, como se evidenciará. El excelente tenor cantará más tarde preferentemente la música española del maestro. Hombre generoso este Ortiz Tirado, levanta en la ciudad de México un hospital público infantil “con lo que me ha dejado la cantada”.

¿Tlacotalpeño?

Será María Félix la que apunte una hipótesis razonable sobre la decisión de Agustín Lara de optar por Tlacotalpan, Veracruz, como el lugar de su nacimiento, siendo él un vil chilango.
Invitado al puerto jarocho por un rico azucarero, Lara forma parte de un trío de amigos que se correrán una parranda de aquellas. El tercero es el periodista Juan Malpica, director de El Dictamen de Veracruz. Recorren el río en lancha cuando ésta de pronto zozobra en un vericueto del caudal. Asidos precariamente a gruesos ramajes arrastrados por la corriente, los aventureros cargados de alcohol pasan la noche sintiendo morir. Pobladores de Tlacotalpan, la localidad más cercana al sitio del percance, llegarán al día siguiente al rescate de los náufragos. Al contar el episodio, Lara declaraba a Tlacotalpan como el sitio de su segundo nacimiento.

No hay retorno

Hurgando entre las pertenencias de María, Agustín descubre una costosa joya que no le conocía. “Alguien se la dio en Nueva York”, le dice el Otelo que lleva adentro y monta en cólera. Vendrá el violento reclamo que la dama responde con otro del mismo tono. “¿Y tú que me dices de tu amante en turno, la bailarina esa de “nalgas polveadas” del teatro Arbeu? Fuera de sí, el músico toma su pistola y lanza un disparo seguramente al aire que la dama sentirá “que le pasó rozando”.
Ella aprovecha el suceso para hacer lo que había decidido hacer tiempo atrás, dejar a aquel hombre cuyos celos lo llevarían incluso a matarla. Toma algunas prendas del músico y en una maleta se las envía con su chofer al teatro Arbeu, donde se presenta. Botada de la risa, la mujer contaba más tarde que el chofer llevaba instrucciones de aventarlas al escenario. Y así lo hace. Lara suspende la interpretación de Mujer para recoger sus prendas y entre ellas sus calzones largos de dormir. Las burlas del respetable no se harán esperar, ruidosas y sin pizca de respeto.
Quienes hayan estado o estén enamorados no censurarán a Lara cuando, después de todo, envía a Maruca este Mensaje:

Soy como un pájaro herido
mis noches no tienen luna
desde que el último nido
la ingrata fortuna vino a deshacer

Comprendo que es mejor
lo que ha pasado por tu bien
Tenemos un derecho
sacrosanto cada quien

Tú debes de seguir por donde vas
la vida es una sola y nada más
lo mismo nos acerca
que nos vuelve a separar

Las añoranzas

A pesar de que en su último mensaje Agustín acepta que María “debe seguir por donde va”, íntimamente abriga la esperanza de que ella regresará y que juntos volverán a ser los reyes de la noche de México. Sobre su piano tiene un retrato de María y cae en cuenta que es lo único que posee de ella, “la única prenda que me quedó de ti”:

Lo tomo entre mis manos,
nublándose mis ojos.
Y le hablo y le pregunto
¿qué hice yo en la vida?
¿cuál ha sido el delito?
para pagarlo así

Y tu retrato calla,
por no decir mentiras
y lo estrujo, y lo beso
y te bendigo a ti
La boda en 1945

“Si me caso con Lara es porque lo quiero”, había confesado María Felix a la prensa tres años atrás, mostrando una aguamarina de compromiso. La ofrenda había incluido un pequeño piano y un ramo de claveles. La boda civil, según revelación de ella misma, se había celebrado durante una cena íntima de su propio hogar. Cita entre los asistentes: el periodista Renato Le-duc, el actor Ernesto Alonso, Rebeca Iturbide (su secretaria), el modisto Armando Valdez Pe-za y su hermano Fernando Félix.
Contaba la propia María que Agustín abrió aquella noche botellas de champaña como para emborrachar a una multitud. Y no sólo eso, le dio por romper copas invitando a los presentes a hacer lo mismo, sin que nadie le siguiera el juego. Sobró tanta champaña –continúa la dama–, que el novio tuvo la ocurrencia de regar el jardín con el vino espumoso, “para emborrachar a las rosas”
Otra versión sobre la boda civil de María y Agustín amplía el número de invitados. La actriz estadunidense Bette Davis, Dolores del Río, Jorge Negrete, Mario Moreno Cantinflas, Pedro Vargas y Carlos Denegri, un periodista tenido por maldito. Una tercera versión, díscola, malévola, negará la tal boda civil aduciendo que Lara nunca se había divorciado de su primera esposa, la corista colombiana Carmen Zozaya.

Que vuelva, ya

Volviendo a la terrible realidad de 1947, Agustín Lara está consciente de haber perdido a María, pero al mismo tiempo está convencido de que tiene un arma efectiva para hacerla volver: la palabra convertida en verso, hecha canción. Y entonces pedirá a la luna que sea su correveidile diciéndole a María que “la quiere y que se muere de tanto esperar”. Y un ruego: ¡que vuelva ya!.

Noche de ronda

Noche de ronda
que triste pasa
que triste cruza
por mi balcón

Noche de ronda
como me hiere
como lastima
mi corazón

Luna que se quiebra
sobre la tiniebla
de mi soledad,
a dónde vas

Dime si esta noche
tú te vas de ronda
como ella se fue,
¿con quién está?

Dile que la quiero
dile que me muero
de tanto esperar,
que vuelva, ya.

Que las rondas
no son buenas
que hacen daño
que dan penas
que se acaba
por llorar

¿No, ca…?

¡FELIZ NAVIDAD! Donají