EL-SUR

Sábado 22 de Junio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Bernhard Schlink y el terrible y hermoso peso del tiempo

Adán Ramírez Serret

Octubre 11, 2019

 

La historia es una especie de caparazón que se extiende sobre las vidas de los seres humanos. Un túnel profundo que abraza las historias. Incluso, a veces, pareciera ser el sendero definitivo, sin posibilidad de ningún cambio, por el cual discurren los caminos de nuestras vidas.
Por lo tanto, no importa qué decisiones se tomen, hay momentos en la vida de los seres humanos, en los cuales por más que se intente llevar una vida normal, será imposible tenerla por los tiempos turbulentos que se viven; pues, por atrevidas o aventureras que sean las decisiones siempre estarán definidas, sesgadas por el tiempo presente, condicionadas más que por nuestros sueños y deseos, por el momento histórico.
Es el caso de Olga, la más reciente novela de Bernhard Schlink (Bielefeld, Alemania, 1944), una historia de amor, un cuadro de época y la descripción de un país…, pero sobre todo, una historia de vida, sustancia potente y caudalosa, en donde la acción, la toma de decisiones que da los giros de la vida, no está en manos de los personajes sino de las vueltas que da el mundo. La esencia de la felicidad, parece radicar en los cambios económicos, políticos y geográficos que hacen tambalear la realidad.
Olga cuenta la historia precisamente de una joven que vive su primera juventud a finales del siglo XIX y para quien el XX se presenta como la oportunidad de cambiar el mundo, de tener una vida completamente diferente y vivir en otra realidad. Una en donde las clases sociales y el sexo no sean muros infranqueables.
Desea esto porque es una chica que ha crecido como huérfana y quien se ha forjado a partir de sí misma, de su talento y sobre todo, a partir de un trabajo y una disciplina extraordinaria.
Sin embargo, en ese mundo de pocas oportunidades, una joven sin nadie que la respalde, tiene unas posibilidades nulas de hacer algo más de su vida que no sea casarse y tener hijos con alguien de su propia condición económica.
Olga tiene la buena y la mala fortuna de enamorarse de Herbert, un joven de clase acomodada con inquietudes intelectuales y a quien las ideas filosóficas de su tiempo, la lectura de Nietzsche sobre todo, lo hacen desear ser profundamente libre y aspirar a conocer el mundo; al grado de lanzarse en medio de la guerra por los desiertos de África o en busca de aventuras por América del Sur.
Esta novela tiene una especie de belleza terrible, pues los dos personajes, cada uno dentro de su propia condición y con sus propios sueños, tiene un impulso de vida potente.
Ella, la chica que se esfuerza por sacar su vida adelante y ser cualquier cosa menos lo que le deparaba el destino; y él, luchando por huir de su condición noble que es un corsé de mediocridad, del cual parece imposible que huya.
Olga es una novela hermosa y triste que se adscribe a la tradición de las grandes novelas que no cuentan otra cosa que una vida: la juventud, el amor y la melancolía de haber intentado llevar una existencia en medio de un mundo terrible, lleno de bosques, montañas y juventud, que se empeña por marcar su propia pauta.
Una vida sin más, de la cual el único vestigio son unas cuantas páginas de ficción: el hermoso y terrible testigo del paso del tiempo.

(Bernhard Schlink, Olga, Ciudad de México, Anagrama, 2019, 254 páginas).