EL-SUR

Miércoles 10 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Bioluminiscencia

Silvestre Pacheco León

Septiembre 29, 2025

Si la luz del sol es la energía propiciadora de la vida en la tierra siempre pensé que para energizarnos debería bastar con exponernos diariamente a los rayos de la estrella que nos alumbra y ahorrarnos la tarea principal que tiene la vida, de trabajar para comprar o producir los alimentos que nos permiten vivir pero, como ustedes saben, la naturaleza caprichosa deja en otros organismos vivos el trabajo de procesar nuestra alimentación. Artificiosamente deja a los árboles y plantas que nos den de comer porque son ellos y ellas las únicas capacitadas para producir la fotosíntesis que nos dota de frutos y oxígeno para vivir.
Por esa razón me sorprendió saber que existen algunos seres vivos de la tierra y el mar que poseen esa virtud que nos fue negada a los seres humanos.
Porque si la energía no se crea ni se destruye, considero que no es correcto decir que ellos la generan, sino que son capaces de guardarla para alumbrarse en la oscuridad como el antecedente de lo que aspiramos para la eternidad.
Esa idea me dio vueltas en la cabeza cuando los biólogos me hablaron del fenómeno de la bioluminiscencia, facultad que tienen microorganismos marinos como el plácton, las medusas, los calamares, algunos peces abisales y algunos terrestres como las luciérnagas, cocuyos, o churrupitentes, o arlomos, y hongos, según el nombre que le dan en las diferentes regiones del país al mismo insecto o familia de insectos.
Pero más allá de la historia de la bioluminiscencia, dicho fenómeno está dejando de ser en Zihuatanejo un término exótico y se empieza a popularizar porque hay entre los promotores turístico quienes lo están incorporando al catálogo de los atractivos turísticos que ofrecen a los visitantes, particularmente en el pueblo del Coacoyul donde existe una comunidad intelectual de pintores, artesanos y sembradores de productos orgánicos que están impulsando la actividad ecoturística.
La bióloga Jessy Avendaño fue la primera que comenzó en esta temporada de lluvias a promover en su huerto La Raizuda, caminatas nocturnas que denomina Noche de Luciérnagas para que los turistas vivan la experiencia de establecer contacto con esos insectos voladores que en las noches más oscuras propician el ambiente para que uno sea testigo de ese milagro de la naturaleza cuando por miles se prenden y apagan en un concierto de luces.
Por eso en el último sábado de septiembre, la bioluminiscencia fue el tema mensual que la comunidad del mercado Zanca de Zihuatanejo conoció como parte de los productos intelectuales de Relatos de la Biodiversidad, Ciencia, Literatura y Comunicación, que un esfuerzo de universitarios hemos creado para divulgar el conocimiento científico que la facultad de Ciencias, Campus Morelia ha acumulado sobre el litoral de Zihuatanejo.
El biólogo Carlos Candelaria, responsable del proyecto explicó ese fenómeno de la naturaleza que a muchos nos maravilla pero que la mayoría ignora porque no ha tenido oportunidad ni tiempo para detenerse a observar lo que sucede en derredor, o si lo ha visto no ha tenido curiosidad por conocer qué y cómo se origina.
El biólogo explicó que esa facultad que tienen los microorganismos, insectos y algunos peces de generar su propia luz para alumbrarse, camuflarse, aparearse y cazar, se debe a una reacción química en sus cuerpos donde intervienen una proteína llamada luciferina que al mezclarse con una enzima llamada luciferaza producen una oxidación que es la que hace aparecer la luz, y dio ejemplos de que en el mar algunas medusas, calamares y el plácton son portadores de dicho milagro junto con algunos peces abisales.
De acuerdo con la compañera Gabriela Trejo que tiene el privilegio de vivir frente a la bahía de Zihuatanejo, el fenómeno de la bioluminiscencia se observa con más frecuencia en el mes de abril, afirma que lo ha visto junto a la espuma blanca de las olas cuando se recuestan en la arena. Entonces aparece una línea de luz, entre verde y azul que constituye el mayor atractivo.
En la tierra y el mar la presencia de la bioluminiscencia es ejemplo, de la salud de los ecosistemas porque a mayor contaminación, menor reproducción del fenómeno.
En la tierra la bioluminiscencia se repite con los insectos más comúnmente conocidos como luciérnagas, cocuyos y churrupitentes o arlomos, como se le conoce a estos últimos en Zihuatanejo, según lo dicho por el Prieto Vargas quien sostiene que el nombre del burdel más antiguo del puerto conocido como el “Churro” proviene de esos insectos voladores que proliferaban en el lugar descampado donde operaba dicho tugurio y agregó que entre los arlomos hay algunos venenosos que suelen picar y tener un efecto enconoso que solo se cura con rapidez aplicando en la mancha negra que genera, alguna hojas machucadas de hierbas que actúan como antídoto.
Por mi parte, expuse que dicho fenómeno observado ya por el científico inglés Robert Boyle, descubrió que para que se efectuara esa reacción química entre la luciferina y luciferaza, hacía falta la presencia de oxígeno.
Por eso entendí, muchos años después de mi experiencia de niño con las luciérnagas en el patio de mi casa, que en el mar el fenómeno resulta una experiencia invaluable, recordando que a finales de los años ochenta viajé a Nayarit a una reunión de militantes de izquierda que buscábamos la unificación de esa tendencia ideológica en un solo partido, y que ya por la noche, después de haber compuesto el mundo, decidimos aprovechar la cercanía de la playa, justo en la bahía de Banderas que aún conserva el nombre de Guayabitos, donde nos metimos desnudos al mar porque nadie llevaba traje de baño a esa reunión política, pero ¡oh sorpresa! En esa noche oscura bajo el agua todo parecía de día porque, ahora lo sé, con nuestro movimiento al nadar metíamos oxígeno al agua que facilitaba la reacción química que nos encendía como focos con una luz azul que iluminaba nuestro cuerpo.
Un señor de Petatlán que oía atento la plática pidió la palabra y dijo emocionado que eso era cierto porque uno de sus hijos le platicó esa misma experiencia que le impresionó tanto que dijo que cuando fuera grande se iría a vivir a esa playa, y lo cumplió porque allá tiene su casa dijo el padre, pero este señor de apellido Viveros quien muy joven emigró a Estados Unidos dijo que él y sus hermanos han sido siembre cuidadosos de esos insectos y en general de los árboles y plantas porque nos dijo que su papá en una oportunidad que platicaban en el campo les explicó que las luciérnagas las hizo Dios para alumbrarle a los muertos el camino del cielo, que por eso no hay que matarlas.
Es me recordó que para superar la situación crítica que vivían las tortugas en una época en que se rompió el equilibrio por tanto consumo de su sus huevos y carne, se hizo una campaña para desacreditar la idea de que poseían una potencia sexual y que los huevos aumentaban el colesterol. En ese mismo tiempo la iglesia aportó su grano de arena aclarando que las tortugas no se podían considerar pescado, pues en la cuaresma la gente se justificaba matándolas porque decía que si vivían en el mar las tortugas también eran peces.