EL-SUR

Miércoles 01 de Julio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Biometría, vigilancia y la paradoja del Estado protector

Tryno Maldonado

Julio 08, 2025

1. La biometría como dispositivo de control.
La reciente aprobación de la Ley General en Materia de Desaparición Forzada en México institucionaliza un sistema de identificación biométrica centralizado (Plataforma Única de Identidad, PUI), donde datos como huellas dactilares, iris y rostro quedan vinculados a la CURP. Muy lejos de escuchar a las miles de familias de víctimas de desaparición en México, este mecanismo –promovido por el partido de Estado de la autonombrada Cuarta Transformación como herramienta para combatir la inseguridad– evoca irremediablemente la noción foucaultiana de “biopoder”. Es decir, una tecnología de gestión poblacional que transforma los cuerpos no en sujetos de justicia, sino en meros datos útiles para el control estatal. El pensador Michel Foucault advirtió en su tiempo que el poder moderno opera no sólo mediante coerción sino, además, a través de la normalización de prácticas que internalizan la vigilancia. La PUI, al permitir acceso sin orden judicial a fuerzas de seguridad militares, diluye la frontera entre protección y vigilancia masiva, replicando lo que los teóricos anarquistas como Bakunin caracterizaron como el Estado garante de su propia perpetuación.
2. Telecomunicaciones y la muerte del espacio privado.
La reforma a la Ley de Telecomunicaciones –que sustituye al Instituto Federal de telecomunicaciones (IFT) por la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones (ATDT)– obligará en adelante a registrar líneas móviles con identificación oficial y facilita el acceso estatal a metadatos. Foucault analizó cómo las sociedades disciplinarias evolucionan hacia sociedades de control, donde dispositivos técnicos regulan flujos de información. Esta ley refleja esa transición en todo su esplendor: convierte la comunicación en un acto transparente para el poder, anulando la posibilidad de anonimato. Para el anarquismo, tal mecanismo es síntoma de lo que Proudhon denunció como el hecho de que la propiedad es un robo, pero aplicado a la privacidad de las personas: el Estado expropia lo personal para convertirlo en recurso administrativo y de poder para perpetuarse en el futuro.
3. Militarización y la genealogía del poder punitivo.
La Ley de la Guardia Nacional consolida su carácter militar, otorgándole a esta institución creada por la Cuarta Transformación facultades de inteligencia y operaciones encubiertas. Foucault rastreó en Vigilar y castigar el vínculo entre militarización y disciplinamiento social, mostrando cómo las instituciones castrenses modelan dispositivos civiles. Los anarquistas clásicos, como Kropotkin, identificaron este fenómeno como “la fusión de la policía y el Ejército”, una estructura que neutraliza disidencias, defensores de los pueblos y territorios y luchas sociales bajo el pretexto de la seguridad. La reciente ley promovida en el paquete de la autollamada Cuarta Transformación actualiza esta lógica, donde la “protección” justifica la suspensión de garantías.
4. La paradoja de la servidumbre voluntaria.
Las leyes analizadas presuponen una ciudadanía que acepta intercambiar libertad por seguridad, lo que Étienne de la Boétie (precursor anarquista) llamó “servidumbre voluntaria”. Foucault amplió esta idea al examinar cómo los sujetos internalizan mecanismos de dominación a través de discursos de “orden” o “progreso”. La obligatoriedad de la CURP biométrica para trámites cotidianos en la era de Claudia Sheinbaum ejemplifica esto: la dependencia de servicios públicos ata la supervivencia de las personas a la sumisión a sistemas de verificación.
5. ¿Resistencia fragmentada o insurrección molecular?
Frente a este escenario, Foucault propuso luchas específicas contra dispositivos locales de poder, mientras el anarquismo contemporáneo –como el postanarquismo de Saul Newman y, desde luego, el zapatismo– aboga por prácticas de auto organización que eviten la captura estatal. La mira de la crítica fundamental de nuestros días debería estar, por tanto, no en un cambio más de partidos políticos, sino en desmontar de una vez por todas la ilusión de que el Estado es el único garante posible de seguridad. Como escribió Nemik en Andor, obra ficción citada en medios libertarios: “La autoridad es frágil. La opresión es la máscara del miedo”.
El México de 2025 no es el de 1968, pero se le parece cada vez más. Este nuevo paquete de leyes de talante totalitario promovidas vía fast track por la Cuarta Transformación no son sólo un giro tecnocrático; son la respuesta de un Estado que, incapaz de derrotar al crimen con inteligencia por estar coludido con él, opta por apabullar primero las libertades de la gente a través del control. La retórica oficial habla de “protección”, pero el subtexto es otro: “El que nada debe, nada teme…” siempre y cuando ‘nada’, desde luego, incluya no ser opositor, disidente, periodista o activista. Estemos preparados.