Gaspard Estrada
Mayo 28, 2025
El pasado 13 de mayo el presidente boliviano Luis Arce anunció que no se presentaría a la reelección en los comicios presidenciales de agosto. El mandatario –enfrascado en una disputa interna dentro del partido gobernante Movimiento Al Socialismo (MAS) junto al ex presidente (2006-2019) Evo Morales– pidió al ex presidente que siguiera el mismo camino y retirara su candidatura. Morales fue inhabilitado para postularse por un fallo judicial en noviembre de 2024.
Arce hizo un llamado urgente a la unidad de la izquierda en torno al candidato con más posibilidades de hacer frente a los partidos de la oposición. Al mismo tiempo, pidió a Morales que también renuncie a sus aspiraciones presidenciales y llamó al líder del MAS en el Senado, Andrónico Rodríguez, que ya anunció su candidatura, a sumarse al esfuerzo de unificar a la coalición de izquierda gobernante. ¿Qué hará Morales?
Este último, que dirigió el partido gobernante durante casi tres décadas, fue apartado de la dirección del MAS en noviembre de 2024, después de que un fallo judicial y la autoridad electoral reconocieran a Grover García, aliado de Arce, como nuevo presidente del partido.
Posteriormente, Morales renunció al MAS, fundó el bloque Evo Pueblo, empezó a hacer mítines por todo el país y declaró que se presentaría como candidato presidencial con un partido político “prestado”, cuya identidad aún no ha revelado. No está claro si se le permitiría ser presidente en caso de ganar.
Las divisiones en el partido gobernante se agravaron hace dos semanas cuando Andrónico Rodríguez, considerado en su día como el sucesor de Morales, decidió distanciarse del ex jefe de Estado y aceptar una candidatura presidencial. La clave para el MAS será unir al fracturado bloque de izquierdas entre Evistas y Arcistas proponiendo una visión orientada al progreso para sacar al país de sus actuales crisis, al tiempo que ataca los desbarajustes y soluciones de la derecha.
Mientras tanto, la oposición también sigue dividida entre unos pocos candidatos con visiones muy diferentes, y no ha logrado presentar un unificador que desafíe al MAS. Sin embargo, la retirada de Arce presenta una oportunidad única para que la derecha gane la presidencia, si consigue reunirse, ya que el MAS ha dominado la política nacional boliviana durante las dos últimas décadas.
Hasta ahora, la campaña de 2025 ha estado dominada por la peor crisis económica de Bolivia desde la década de 1990, marcada por una inflación galopante, el desplome del peso, la disminución de las reservas de divisas, el aumento de la inseguridad y la inestabilidad, y una crisis de dolarización cada vez más profunda. La actual crisis energética ha obligado al país a buscar nuevas importaciones de combustible de Rusia, mientras que la inversión extranjera –especialmente en la extracción de litio– ha disminuido drásticamente debido a la inestabilidad política y la incertidumbre normativa.
El presidente Arce había centrado su campaña en la estabilización de la economía y la defensa del desarrollo dirigido por el Estado, que ayudó a ampliar los programas sociales universales y a sacar a la gente de la pobreza. El predecesor de Arce en el MAS, Evo Morales, se ha apoyado en una retórica nacionalista y antiimperialista, haciendo hincapié en la soberanía sobre el litio y la identidad indígena, al tiempo que presumía de sus anteriores programas económicos, que contribuyeron en gran medida a reducir las desigualdades económicas y sociales, y apoyaba el estrechamiento de lazos con China y la adhesión a los BRICS. Por su lado, el Presidente del Senado y precandidato presidencial, Andrónico Rodríguez, ha hecho campaña a favor de la renovación generacional y la unidad, aunque sin pronunciarse sobre los aspectos concretos de la política, y ha advertido contra la política más divisiva y agresiva de Evo, que puede restar inversión extranjera y causar más inestabilidad política.
En la oposición, el favorito y posible candidato de unidad Manfred Reyes Villa, alcalde de Cochabamba, ha dado prioridad al restablecimiento de la confianza de los inversores, la lucha contra la delincuencia y la reorientación de la política exterior boliviana, alejándola de Rusia y acercándola a Estados Unidos y a los aliados regionales.
Por su parte, Jorge Tuto Quiroga, ex presidente de 2001 a 2002, ha hecho hincapié en la liberalización económica, abogando por la privatización de las empresas estatales, la austeridad fiscal y el compromiso con instituciones financieras internacionales como el FMI y el Banco Mundial.
El camino a la elección de agosto promete ser accidentado.
* Miembro de la unidad del Sur Global de la London School of Economics (LSE).