EL-SUR

Sábado 18 de Mayo de 2024

Guerrero, México

Opinión

Brasil ante las revelaciones de Joesley Batista

Gaspard Estrada

Mayo 24, 2017

En Brasil, el tiempo pasa y la triple crisis política, económica y social que azota a ese país persiste y se agrava, sin que se avizore un desenlace positivo en el corto plazo. A raíz de la divulgación por el conglomerado de medios Globo, el pasado miércoles, de una grabación que involucra al presidente Michel Temer en un acto de soborno al ex presidente de la Cámara de Diputados (Eduardo Cunha), realizada por el magnate brasileño de la carne Joesley Batista, el país se encuentra de nueva cuenta al borde de un cambio de gobierno. Hace poco más de un año, la ex presidenta Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores, fue destituida de su cargo acusada de haber manipulado las cuentas públicas del gobierno, un año antes de su reelección, en 2014. Con el paso del tiempo, ha venido quedando claro que se trataba de un mero pretexto para evitar que el proyecto político del PT, y en específico, el de Luis Inácio Lula da Silva, perduraran en el tiempo.
En efecto, los líderes del Congreso, en particular los del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), y del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), continuaron ejerciendo las mismas prácticas corruptas que en el pasado. La grabación del empresario Batista, que tiene a Michel Temer al borde del precipicio, se llevó a cabo el pasado mes de marzo, es decir, casi un año después de la destitución de Dilma Rousseff. De hecho, desde 2013, cuando se llevaron a cabo por primera vez grandes manifestaciones en los grandes centros urbanos de aquél país, la gran mayoría de los medios de comunicación privados crearon un clima de polarización política, teniendo como bandera la lucha contra la corrupción, que estaría encarnada supuestamente por el PT de Lula y Dilma. En ese entonces, la economía brasileña comenzaba a dar señales de fragilidad, pero el crecimiento económico seguía existiendo. Con el deterioro de la situación económica, la opinión pública fue ampliando su rechazo a la gestión de Dilma Rousseff, a pesar de que esta consiguiera, en 2014, ser reelecta como Presidenta de Brasil. Con la persistencia de la crisis económica, que empezó a tener un impacto duradero en los grupos sociales más beneficiados por las gestiones de Lula en la Presidencia, el impacto político de las revelaciones mediáticas pensadas por los jueces a cargo de la investigación Lava Jato y por los grandes medios de comunicación (empezando por la TV Globo) fue ahondándose, llegando al punto en el que lo que parecía imposible hace apenas algunos años –el fin del ciclo político del PT en el poder– pasara a ser una realidad. Para los líderes del PSDB y del PMDB, esta destitución permitió por un lado culpar al PT, a Lula y Dilma de la corrupción reinante en el país, y por el otro volver a gobernar al país, sin tener que ganar una elección presidencial.
Sin embargo, la justicia continuó investigando, y progresivamente la lista de políticos y empresarios envueltos en corruptelas continuó creciendo, empezando a afectar a los actuales detentores del poder federal. Es decir, las investigaciones de la justicia fueron útiles al PSDB y al PMDB cuando el PT era el principal actor de los escándalos, pero se volvieron un peligro cuando estos dos partidos se instalaron en los ministerios y en la Presidencia de la República. A raíz de esta nueva situación política, la unidad existente entre el aparato de la justicia (en particular, del equipo del juez Sergio Moro), los medios, el gran empresariado (que ha sido el gran ganador de las reformas emprendidas por Temer), y el gobierno empezó a disolverse. Esta fractura se evidenció la semana pasada, cuando la TV Globo hizo la revelación de los audios y videos de Joesley Batista implicando a Temer directamente. ¿Cuál es el factor explicativo de la ruptura entre TV Globo y el gobierno? Todavía no lo sabemos. Lo que sí queda claro es que la bandera de la lucha contra la corrupción fue un mero slogan para destituir a una Presidenta legítimamente electa.

* Director Ejecutivo del Observatorio Político de América Latina y el Caribe (OPALC), con sede en París.