EL-SUR

Viernes 27 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Brecha de emisiones 2020

Octavio Klimek Alcaraz

Enero 02, 2021

 

El pasado 9 de diciembre de 2020 fue presentada la undécima edición del Informe sobre la Brecha en las Emisiones del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Voy a presentar una apretada síntesis con la información proporcionada en el Resumen, citando algunos de los principales datos y mensajes de dicho informe (ver página electrónica https://wedocs.unep.org/bitstream/handle/20.500.11822/34438/EGR20ESS.pdf?sequence=35).
Cada año, el Informe sobre la Brecha de Emisiones evalúa la discrepancia entre los niveles de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) previstos y los que serían consistentes con los objetivos del Acuerdo de París de limitar el calentamiento global en este siglo muy por debajo de 2°C, haciendo todo lo posible por frenarlo en 1.5°C. Se trata de evaluar si los países llevan a la práctica sus compromisos en cuanto a la mitigación del cambio climático y los niveles de emisiones mundiales de las trayectorias de menor costo que se ajustan al logro de los objetivos del Acuerdo de París relativos a la temperatura. Esa diferencia entre “dónde es probable que nos encontremos” y “adónde necesitamos llegar” se conoce como “brecha en las emisiones”.
Las emisiones de GEI volvieron a aumentar en el 2019. En el 2019, y por tercer año consecutivo, las emisiones mundiales de GEI volvieron a aumentar y se situaron en un máximo histórico: 52.4 giga toneladas de dióxido de carbono equivalente, GtCO2e, (rango de ±5.2) sin computar las emisiones derivadas del cambio de uso de la tierra, y 59.1 GtCO2e (rango de ±5.9) si éstas se incluyen.
Desde el 2010, las emisiones de GEI excluyendo el cambio de uso de la tierra han registrado un crecimiento promedio anual del 1.3 por ciento, y los datos preliminares indican que esta subida fue del 1.1 por ciento en el 2019. Si se tienen en cuenta las emisiones producto del cambio de uso de la tierra —que son más inciertas y variables—, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero han subido un 1,4 por ciento anual como promedio desde el 2010. En el 2019, el aumento fue más pronunciado (2.6 por ciento) dado el gran aumento de incendios forestales. Las emisiones producto del cambio de uso de la tierra representan aproximadamente el 11 por ciento del total en el mundo, y el grueso de esta cifra se genera en unos pocos países.
Las emisiones de CO2 podrían descender en alrededor de un 7 por ciento en el 2020 (rango de 2 por ciento – 12 por ciento) en comparación con los índices del 2019 a causa de la Covid-19; se espera que el descenso de las emisiones de GEI no sea tan marcado debido a la menor probabilidad de que los gases que no son CO2 se vean afectados. No obstante, las concentraciones atmosféricas de GEI siguen aumentando. Sin embargo, si los gobiernos invierten en la acción climática como parte de la recuperación de la pandemia y concretan sus nuevos planes de neutralidad de emisiones en sus compromisos del Acuerdo de París en la próxima cumbre climática (Glasgow, noviembre de 2021), pueden llevar las emisiones a niveles consistentes con el objetivo de 2°C.
En comparación con 2019, la brecha en las emisiones no se ha reducido y, hasta el momento, no ha variado a causa de la Covid -19. Es necesario que, para el 2030, las emisiones anuales se sitúen en 15 GtCO2e (rango de 12 a 19 GtCO2e) menos de a lo que las Contribuciones Determinadas Nacionales, CDN incondicionales vigentes apuntan para el objetivo de 2?º C, y en 32 GtCO2e (rango de 29 a 36 GtCO2e) menos para el objetivo de 1.5?º C. En conjunto, las políticas vigentes están 3 GtCO2e por debajo de alcanzar el nivel que se asocia con el cumplimiento de las CDN incondicionales en su totalidad.
Una recuperación verde puede reducir hasta 25 por ciento las emisiones que esperaríamos ver en 2030 según las políticas vigentes antes de la Covid-19. Estas medidas situarían las emisiones en 2030 en 44 GtCO2e, en lugar de las 59 GtCO2e previstas, un escenario mucho mejor que el de las reducciones de emisiones contempladas en las actuales NDC no condicionadas de los países, que dejan al mundo encaminado hacia un aumento de temperatura de 3.2 C.
Las CDN actuales todavía están muy lejos de bastar para lograr los objetivos climáticos del Acuerdo de París y traerían aparejado un incremento de la temperatura del planeta de al menos 3?º C a finales de siglo. Las metas que se han anunciado recientemente con respecto a las cero emisiones netas podrían moderar este aumento en alrededor de 0.5?º C a condición de que las CDN a corto plazo y las correspondientes políticas se armonicen con los propósitos de alcanzar el cero neto.
La equidad es un pilar fundamental para abordar los modos de vida. Las emisiones del 1 por ciento más rico de la población mundial equivalen a más del doble de la suma de las emisiones del 50 por ciento más pobre. Para cumplir el objetivo de 1.5?º C del Acuerdo de París, será esencial que las emisiones debidas al consumo se restrinjan hasta que la huella de carbono relacionada con los hábitos se sitúe en unas 2-2.5 tCO2e per cápita para el 2030. Eso quiere decir que el 1 por ciento más rico de la población tendría que generar unas emisiones al menos 30 veces inferiores a las de hoy, mientras que el nivel actual de emisiones per cápita del 50 por ciento más pobre podría multiplicarse por casi tres en promedio.
Las medidas para priorizar en la recuperación fiscal verde incluyen el apoyo directo a las tecnologías e infraestructuras de cero emisiones, la reducción de los subsidios a los combustibles fósiles, la eliminación de nuevas plantas de carbón y el impulso de las soluciones basadas en la naturaleza, incluyendo la restauración de paisajes a gran escala y la reforestación.
De acuerdo con el informe, hasta ahora las medidas fiscales de recuperación sostenibles han sido limitadas. Alrededor de una cuarta parte de los miembros del G20 han dedicado partes de su gasto —hasta 3 por ciento del PIB —, a medidas bajas en emisiones de carbono.
Las posibles acciones para apoyar y permitir un menor consumo de carbono incluyen sustituir los vuelos domésticos de corta distancia por viajes en tren, crear incentivos e infraestructuras para permitir el uso de bicicletas y automóviles compartidos, mejorar la eficiencia energética de las viviendas y diseñar políticas para reducir el desperdicio de alimentos.
No obstante, sigue existiendo una gran oportunidad para que los países apliquen políticas y programas sostenibles. Los gobiernos deben aprovechar esta oportunidad en la próxima etapa de intervenciones fiscales de la Covid-19, según el reporte.
En el 2020, el avance más notable y alentador en materia de políticas climáticas es que cada vez más países tienen la firme determinación de alcanzar las cero emisiones netas en torno a mediados de siglo. Para que estos compromisos sigan siendo viables y creíbles, es esencial que se conviertan inmediatamente en políticas y medidas sólidas a corto plazo y que se reflejen en las CDN.
La esperanza que reitera el informe es que al combinar los esfuerzos post Covid-19 con un aumento en la ambición de las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC), y su aplicación rápida y enérgica, los gobiernos aún podrían alcanzar el objetivo de limitar el calentamiento global a 1.5°C.