EL-SUR

Lunes 08 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Buenas noticias para la selva tropical

Octavio Klimek Alcaraz

Mayo 09, 2026

Gracias a Brasil, se está reduciendo la deforestación de los bosques tropicales. No obstante, este avance se ve limitado por los incendios y el cambio climático.
Los nuevos datos del laboratorio GLAD (Global Land Analysis & Discovery) de la Universidad de Maryland, accesibles en las plataformas Global Forest Watch y Global Nature Watch del Instituto de Recursos Mundiales (WRI, acrónimo en inglés), indican que el descenso de selva tropical se redujo un 36 por ciento en 2025 en comparación con su nivel más alto registrado en 2024. A nivel mundial, se perdieron 4.3 millones de hectáreas de bosque primario tropical, una superficie similar a la de Dinamarca. Elizabeth Goldman, codirectora de Global Forest Watch del WRI, declaró: “Una disminución de esta magnitud en un solo año es alentadora: demuestra lo que puede lograr una acción gubernamental decisiva” (https://www.wri.org/news/release-tropical-rainforest-loss-drops-36-2025-fires-threaten-global-progress).
Los hallazgos indican que la aplicación estricta de la ley y las políticas públicas pueden detener la deforestación. Pero parte de la disminución refleja una tregua tras un año de incendios extremos. Los incendios y el cambio climático se retroalimentan, y con El Niño en el horizonte para 2026, las inversiones en prevención y respuesta serán cruciales a medida que las condiciones extremas de incendios se conviertan en la norma. No obstante, los fuegos causados por el cambio climático constituyen una nueva normalidad riesgosa que pone en peligro los avances logrados recientemente.
Aunque la expansión de la agricultura continúa siendo el motor principal de la pérdida de cobertura forestal en general, los incendios fueron un elemento significativo en 2025, al abarcar el 42 por ciento de los 25.5 millones de hectáreas que se perdieron en todo el planeta; esta superficie fue levemente más grande que la del Reino Unido.
El cambio climático está elevando el riesgo de incendios al crear condiciones más cálidas y secas, lo que favorece su expansión. Además, estos incendios expulsan grandes volúmenes de carbono almacenado, lo que acelera el cambio climático y fortalece un círculo vicioso peligroso.
Sin embargo, es complicado diferenciar las pérdidas que producen los incendios de las que son provocadas por otras causas. Según Peter Potapov, investigador del WRI, el análisis de datos únicamente documenta los incendios que se extienden a bosques prístinos, no a aquellos que ocurren después de una deforestación anterior. La mayoría de los incendios en áreas tropicales son causados por humanos, aunque las condiciones climáticas tienden a intensificarlos.
La desaparición de los bosques primarios sigue siendo alarmante, pues se está produciendo a una velocidad de 11 campos de futbol cada minuto; no obstante, la pérdida es un 46 por ciento superior a la que había hace diez años.
Brasil es responsable de una gran parte de esta reducción. Allí, el área de bosque primario que se perdió, sin contar los incendios, disminuyó un 41 por ciento, tocando un mínimo histórico. La mayor parte de esta área se ubica en la selva amazónica, que es vista como uno de los más relevantes sumideros de carbono del mundo y esencial para preservar el clima global.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, al asumir el cargo en 2023, declaró que tenía la intención de reforzar la protección del medio ambiente y del clima y eliminar completamente la deforestación para el año 2030.
Otros países también mostraron avances. Indonesia y Malasia mantuvieron tasas relativamente bajas de pérdida de bosques primarios, mientras que Colombia revirtió el repunte observado en 2024. Los avances en estos países reflejan una mejor gobernanza, el reconocimiento de los derechos territoriales indígenas y el compromiso de las empresas con una producción libre de deforestación.
Sin embargo, la deforestación continuó en niveles altos en numerosas naciones, entre ellas Madagascar, Bolivia, la República Democrática del Congo, Perú y Laos. El informe menciona que la dependencia de las comunidades locales hacia los bosques para conseguir energía y alimentos, así como la minería, el fuego y la expansión agrícola, son elementos que agravan este problema. Bolivia, después de los incendios devastadores de 2024, ha experimentado el segundo mayor descenso histórico en la superficie de su bosque primario y ahora ocupa la segunda posición en cuanto a pérdida de bosque primario tropical. A pesar de que Bolivia tiene un 60 por ciento menos de bosque primario que el Congo, ha logrado sobrepasarlo.
Aún no se ha logrado el objetivo global de poner fin a la deforestación para 2030. Este compromiso fue adoptado por más de 140 naciones en la Declaración de los Líderes de Glasgow. El informe sostiene que las pérdidas actuales son alrededor del 70 por ciento más altas de lo que deberían ser. La biodiversidad, la estabilidad del clima y los millones de individuos que se proveen de ellos para alimentarse, obtener ingresos y protegerse frente a eventos climáticos extremos dependen en gran medida de los bosques primarios tropicales. Además, su desaparición genera una alta emisión de dióxido de carbono (CO2), principal gas de efecto invernadero.
La publicación de datos acerca de la pérdida de cobertura forestal se incorporará por completo a Global Nature Watch (https://www.globalnaturewatch.org/) la plataforma impulsada por IA del WRI que se basa en investigaciones revisadas por pares de Land & Carbon Lab y Global Forest Watch. La exploración de datos terrestres complejos se hace más fácil con una interfaz sencilla, parecida a un chat.
Global Nature Watch se expandirá durante el año siguiente para brindar a los usuarios de Global Forest Watch (https://www.globalforestwatch.org/), el nivel de análisis riguroso y la información pormenorizada a nivel nacional que ya emplean, facilitando así más que nunca grandes volúmenes de datos.
No se debe de olvidar que los bosques tropicales primarios son esenciales para la biodiversidad, la estabilidad del clima y las decenas de millones de individuos que los utilizan como fuente de sustento, alimentación y protección frente a eventos climáticos extremos. Su desaparición provoca la liberación de grandes cantidades de carbono y debilita una de las defensas naturales más relevantes del mundo contra el cambio climático.