EL-SUR

Martes 27 de Septiembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Café político

Héctor Manuel Popoca Boone

Julio 01, 2017

Con algunos compañeros analistas políticos que nos gusta construir, destruir y volver a construir el mundo, alrededor de una taza de café, me espetaron la última vez que tertuliamos: Andrés Manuel López Obrador es muy soberbio, autoritario, con inclinaciones caudillistas y de vocación mesiánica irrefrenable. Él ya no escucha. Eso le impide realizar acuerdos que permitan sumar fuerzas progresistas para un triunfo en las próximas elecciones presidenciales del 2018.
Ante eso, les respondí que la mula no era arisca de nacimiento, sino los palos recibidos –desde hace muchos años–, del gobierno y de los dirigentes sempiternos de las otras “izquierdas”, lo habían hecho reluctante a pactar con ellos; no así con las amplias bases de militantes. La réplica fue que las canicas que tiene no le alcanzarán para obtener el triunfo presidencial para sacar a nuestro país de la profunda barranca en que lo han hundido la principal triada traidora de la patria: PRI, PAN y PRD (firmantes de un pacto contra México).
Les respondí que, si bien puede haber parte de razón en sus argumentos, también deben aceptar que, hasta el momento, López Obrador es el único político de oposición que avanza y acumula fuerza electoral en el curso del tiempo, a lo largo y ancho del territorio nacional. En tan solo tres años de su nacimiento, Morena, sin estructura electoral, pudo levantar un millón y medio de votos, sin mercadearlos por la vía monetaria o de las dádivas en los pasados comicios en el Estado de México. No obstante que contendió con una candidata a la gubernatura de bajo perfil y teniendo en contra –en forma ilícita– la apabullante maquinaria gubernamental federal, estatal y parte de los gobiernos municipales, además de la fuerte persuasión realizada con dinero de las arcas públicas, el sometimiento de las instituciones electorales que exhibieron una descomunal ceguera arbitral, dotando de la suficiente impunidad para que el PRI hiciera sus clásicas y remasterizadas mapacherías distorsionantes de la genuina voluntad mayoritaria de los electores mexiquenses.
Les reiteré que no me explicaba cómo en esas circunstancias totalmente adversas, López Obrador y su partido Morena lograron prácticamente un empate técnico con el PRI que fue el partido que subrepticiamente ganó y lo tambaleó en uno de sus fuertes bastiones electorales y cuna de uno de sus principales grupos denominado “Atlacomulco”
A mi parecer, estamos ante la presencia de una ola sociopolítica que puede convertirse en un tsunami de aquí a julio del 2018, ya que en las pasadas elecciones el líder de Morena obtuvo un fuerte posicionamiento político electoral que, aun habiendo sido derrotado a la mala, ganó mucha presencia regional, lo que le ha provocado duras invectivas de aquellos líderes políticos que no han avanzado, están estancados o lo peor, han retrocedido.
Las descalificaciones a López Obrador me recuerdan los contenidos clásicos que sobre la psicología del mexicano plasmaron en sus libros, Samuel Ramos, en El perfil del hombre y la cultura en México, y Octavio Paz, en El laberinto de la soledad. A saber: En sus múltiples máscaras poliédricas, los mexicanos no pueden soportar que su compañero adjunto avance, progrese y triunfe; por lo que el rencor, la amargura y mezquindad simuladas, los embarga a tal punto que en el fondo esperan que el que va adelante fracase y vuelva al mismo nivel de todos. ¡Hay que jalarlo hacia abajo! dicen. ¡O todos o ninguno! Prefieren incluso aliarse pragmática e impúdicamente con el diablo, en un pacto anti natura, para detentar el poder por el poder mismo y no mostrar un mínimo de generosidad para un congénere que está en ascenso, con el que comulgan supuestamente en ideales y luchas políticas.
PD1. No desapareció el equipo de espionaje político adquirido en la administración estatal pasada. Está bajo control del aficionado al juego de la cuadrícula que afanosamente busca encontrar la redondez de la nada.
PD2. En México, por cada dólar que invierten las compañías mineras extranjeras, se llevan tres de ganancia neta, pagan una ridiculez de impuestos y dejan ecológicamente destruidos los territorios y contaminados ad perpetuam los ríos donde benefician los minerales extraídos.