EL-SUR

Lunes 17 de Junio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Caídas todas las fachadas

Federico Vite

Enero 26, 2016

Ahora lo veréis (Traducción de Isabel Margelí. Tusquets, España, 2010, 280 páginas), novela de Eli Gottlieb, propone un juego narrativo que funciona esencialmente por los giros de la trama. El suspenso, como en toda buena historia, sirve de ariete para que el lector insista en seguir las pistas dispuestas sobre las páginas de este libro que ha pasado sin pena ni gloria en el mercado editorial mexicano. Aventuro que al lector mexicano le interesan, entre otras tantas cosas, los extremos: tragedia (crítica social, periodismo, narrativa mexicana actual) y melodrama (autosuperación, biografía, adaptaciones noveladas de series televisivas y películas).
Gottlieb propone, desde una íntima y timorata voz en primera persona, la reconstrucción de un duelo. Rob Castor, el héroe del protagonista, es un escritor de culto que asesina a su novia y antes de que lo capture la policía se suicida. Bajo esos términos de aparente tragedia subyace un patetismo similar al que Philip Roth diseñó en La mancha humana, El pecho y Animal moribundo. Al ritmo impuesto por la batuta de la mala leche, narrada a caballo entre el melodrama y el autodescubrimiento, Now you see him (título original) es una sui generis bildungsroman: novela que muestra la formación y la madurez de un personaje, hechos que en el transcurso de los años forjan el carácter y la visión del mundo del protagonista de esa historia. Así que Nick, un pusilánime a quien todo parece salirle mal, tiene que salir de la grisácea estancia vital en la que se encuentra y confrontar el efecto bola de nieve, la secuencia de revelaciones que terminarán por redefinirlo; en cierta manera, liberarlo de sí mismo.
Cuando encaramos este relato, nos damos cuenta que el autor tiene algo que contar; la construcción de los personajes se fundamenta en los discursos opuestos (adversarios naturales) de los actantes principales, empeñados en desarrollar épicas éticas sólo por el placer de ser incomprendidos. Ellos definen los ejes de la dialéctica que desmenuza con solvencia literaria Gottlieb;si acuciamos la mirada para fijarnos en la trama, un asunto de inteligencia y talento al que se deben someter todos los aspirantes a novelistas, notamos que hay cierta recurrencia a estereotipos gastados (personajes de apoyo que sólo ofrecen sexo, siquiatras castrantes, padres displicentes) que gracias al patetismo del personaje principal rejuvenecen la historia; la resolución de ella.
No esperamos una obra de arte al leer las primeras páginas de Ahora lo veréis, así que desde la óptica del lector, presenciamos con mucha curiosidad el devenir de los hechos y a eso nos aferramos: a mirar el mundo como lo hace Nick. El pobre Nick Framingham.
Insisto: el autor propicia un juego narrativo fundamentado en la apariencia de un orden doméstico que se sostiene por alfileres. Basta pasar las hojas de la novela para notar que la fachada de ese mundo se cae, porque ninguno de los habitantes de Monarch, un tranquilo pueblo cercano a Nueva York, imaginaba que uno de sus hijos más prominentes terminara suicidándose después de acabar con la vida de su amada.
En la vida de Rob Castor, prometedor escritor de culto, hay muchos huecos, detalles que sirven a Gottlieb para amarrar los hechos e ir bordeando el enigma final de la historia. Porque de pronto el lector tendrá la impresión de ver pasar ante sus ojos un despeñadero, como si las aspiraciones vitales de Nick fueran un símil de las fichas de dominó que caen en cascada. Pasada la conmoción inicial, superado el interés de los medios de comunicación por un suceso amarillista (sexo, literatura y muerte), el pueblo vuelve a su rutina. Lo curioso del incidente es que Nick, lejos de sanar como el resto de la comunidad, empieza a convertirse en un melancólico profesional que sugiere el amarre de un cabo suelto en la historia. Nos faltan datos. Y son precisamente esas omisiones, disparos informativos oblicuos, las que capitaliza perfectamente el autor.
Las novelas están trazadas para que su alcance, cuando es efectivo en el lector, no se consume mediante una sucesión de sorpresas, sino gracias a la aprehensión de una historia, a esa forma (el cómo) de encapsular y redimensionar el tiempo en el cuerpo de un relato. Una vez reveladas todas las pistas y caídas todas las fachadas, Ahora lo veréis es un documento sobre la exploración de la culpa. Técnica-mente es un gran ejercicio para aprender a graduar las revelaciones y generar con ello la resignación de un personaje.
Eli Gottlieb ha sido editor de Elle Magazine. Ha impartido varias cátedras sobre la literatura norteamericana contemporánea en la universidad italiana de Padua. Su primera novela, The boy who went away, recibió en 1998 el prestigioso Rome Prize y el Premio McKitte-rick, concedido por la British So-ciety of Authors. Gracias a ese trabajo, el estadunidense tuvo el tiempo suficiente para madurar en su cabeza Ahora lo veréis. Gottlieb es editor de la revista 5280. El año pasado publicó Best boy, una especie de saga de The boy who went away. Que tengan buen martes.