EL-SUR

Martes 28 de Junio de 2022

Guerrero, México

Opinión

Calderón y los peligros de rebasar en curva

Jorge Zepeda Patterson

Octubre 22, 2006

El sábado el periódico español El País publicó una nota brutal por claridosa. México sigue
siendo el maná para los bancos españoles, afirma el diario. “De hecho, los analistas
consideran que es el país más rentable del mundo para hacer banca”, apunta textual, y
añade que aquí los bancos operan con márgenes cuatro veces superiores a los de
España, gracias a que en México tenemos comisiones mayores. Al final, el directivo de uno
de estos bancos señala: “Lo que aporta México sirve, entre otras cosas, para financiar parte
del fuerte ritmo de crecimiento de España sin que el grupo tenga que ampliar capital”. No
se trata de satanizar a la banca, sino a un modelo que ha permitido márgenes
desproporcionados en actividades como la telefonía, la televisión o la construcción de
carreteras, por decir algunas.
Quien apuntó el riesgo que corre Felipe Calderón de ser rebasado por la izquierda y por la
derecha, hizo una buena analogía por partida doble. Ser rebasado por la izquierda se
refiere al peligro de explosiones sociales y rupturas graves por la inconformidad de grupos
empobrecidos, ante la incapacidad del gobierno de atender sus demandas. Significa que,
en efecto, Calderón “no pueda gobernar”, como llegó a decir López Obrador en alguno de
sus discursos del Zócalo.
Sin embargo, con todo el potencial de inestabilidad que representa ese riesgo para
Calderón, a mí me parece que el reto que representa la derecha es más inmediato y
apremiante. Entre otras muchas razones, porque si no resuelve su relación con los
poderes económicos, el gobierno de Calderón no tendrá nada que ofrecer a los pobres
más allá de obras de caridad con una mano y mano dura con la otra.
Para que Calderón consiga disminuir la pobreza no basta con un alto crecimiento
económico, requiere, además, de una mejor distribución. Los poderes de facto están de
acuerdo con Felipe en lo primero (crecer más), pero nadie les ha metido en la cabeza lo
segundo (distribuir mejor). ¿Cómo va a convencer a los banqueros de que reduzcan sus
márgenes de comisión para promover un financiamiento más barato de la actividad
económica? ¿Cuándo va a negociar con Slim para que su poderoso grupo reduzca tarifas o
desmonte el monopolio que avasalla la economía mexicana? ¿De veras cree que la
Coparmex accederá a modificar los privilegios del gran capital, para que se enriquezcan un
poco menos y distribuyan un poco más?
Convencer al rico de que modere su apetito no sólo es complicado por aquello del camello
y de la aguja, sino también porque buena parte de la dinámica económica está sujeta a
mercados globales en los que no cabe invocar la buena voluntad. Quizá un pacto con los
cien empresarios más poderosos de México, ayudaría a generar consensos para un ajuste
al modelo, pero es un hecho que sin medidas legales y restricciones las fuerzas del
mercado operan con su propia inercia.
Lo cual reduce las opciones al terreno de lo político. ¿Puede Felipe Calderón con una
visión de Estado obligar a las élites económicas a introducir medidas para paliar la
desproporción social? No lo creo. Nunca como ahora los poderes económicos han sido
tan activos en materia política. Participaron en el triunfo del propio Calderón financiando
hasta el último momento la campaña, incluso con el riego de ser llamados al orden por el
IFE. Pero sobre todo, porque han tomado posiciones claves dentro del propio aparato de
Estado.
Los principales grupos de poder económico tienen cuadros en el poder legislativo, están
presentes en comisiones decisivas para la economía y ocupan posiciones claves de la
administración pública. Luego de los excesos de Echeverría y la nacionalización de la
banca con López Portillo, el sector privado decidió que la clase política no era confiable
para decidir los asuntos que les afectan y actuó en consecuencia. Personajes como Diego
Fernández de Cevallos o Emilio Gamboa, incluso, operan mucho más como agentes de
intereses de grupos económicos que como funcionarios de Estado.
El tema no es cómo rebasar a estos grupos, sino simplemente cómo impedir que sigan
avanzando. La manera en que se resolvió la llamada Ley Televisa, sin ninguna concesión
al interés público y con todos los privilegios para los monopolios, confirma que el gran
capital no se limita a influir en los funcionarios para sacar adelante sus intereses; ahora
los opera directamente en los espacios del poder político.
La transición política generó en México vacíos de poder que han sido aprovechados
activamente por los poderes reales (incluyendo al narcotráfico). Para reestablecer un
mínimo de eficacia por parte del Estado mexicano, Calderón necesita sacrificios de parte
de los grupos de poder, pero todo indica que éstos no están dispuestos a cederlo.
Ha llegado el momento en que Calderón vuelva la vista hacia los sectores sociales que
buscan el cambio. Una alianza con ese enorme impulso desde abajo podría darle mejores
argumentos de negociación frente a los sectores poderosos. Antes de deshacerse de
Josefina Vázquez, Florencio Salazar y operadores que tiendan puentes con los sectores
populares, o de llenarse de diplomados procedentes de la iniciativa privada, Felipe tendría
que evaluar la posibilidad de pactar seriamente con los que buscan rebasarlo por la
izquierda.
De no ser así, sólo le quedará confiar en lo “que sea su voluntad” de los grupos de poder y
en rezar para que los dioses le concedan, como a Fox, un escenario económico benigno en
Estados Unidos y la ayuda azarosa que representan las remesas de migrantes, precios de
petróleo favorables, turismo y narcotráfico.
Calderón requiere espacio de maniobra. Antes de pensar en rebasar tendrá que
asegurarse de que tiene el mando del volante. No es precisamente El Peje su mayor
obstáculo, sino los que ayudaron a subirlo al auto para que se quedase en el asiento del
pasajero.

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