EL-SUR

Martes 27 de Septiembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Calor México-humano en tiempos de Covid-19

Ana Cecilia Terrazas

Octubre 03, 2020

Hace cuatro años conocí a un generoso historiador de medios de comunicación irlandés-alemán avecindado en México. Nos citamos en un café para hablar de la investigación profesional que hacía yo para el trabajo final de maestría y me sorprendió –eso tan nórdico visto con extrañeza en América Latina; cero saludo corporal, ni mano ni beso ni nada– que hasta se echaba un poquito para atrás por si había la intención de esta alumna de acercarse durante el saludo.
Hoy reconozco la utilidad de esos hábitos culturales que procuran siempre la mucha distancia personal, si bien seguramente los he calificado en algunos momentos como fríos, lejanos o inhibidores de ese contacto cálido tan distintivo de los países meridionales e hispanoamericanos.
Los arrumacos, empujamientos y el echar montón, tan nuestros, son craso error en tiempos de SARS-CoV2 porque la Covid-19 pareciera hecha para expandirse más en nuestras culturas, en las que sin tocar creemos que no comunicamos, sin abrazar pensamos que no podemos amar, sin gritar no nos escuchamos y de lejitos nos parece que la vida es sólo una larga y fútil avanzada hacia el fin.
Hace un mes en las noticias de la plataforma científica STATnews.com, se resumían algunas –pocas porque las certezas son pocas– conclusiones respecto de lo que se sabe de la enfermedad:
Es más probable que te contagies si estás por tiempo prolongado muy cerca de alguien enfermo. No está netamente comprobado que el contagio sea a partir del virus recogido de las superficies y en cambio parece innegable que el flügge, las gotitas de saliva invisibles que se quedan suspendidas en el aire, los aerosoles, sí pueden ocasionar la enfermedad. No se sabe a ciencia cierta por qué a algunas personas no les da tan fuerte y a otras sí.
Se sabe que hay quien sigue siendo positivo muchos días después de aparentemente haberse curado. En el terreno de niños y adolescentes, todo sigue incierto. Las mascarillas sí reducen la posibilidad de contagio, aunque no son compuertas infalibles.
Hablar fuerte, hiperventilar por ejercicio o respirar ostensiblemente, cantar, gritar, por supuesto toser y estornudar, incrementan exponencialmente el riesgo de contagio para las personas que estén más cerca. Se enferma quien se exponga a una carga viral más fuerte. No hay nada seguro aún respecto de la inmunidad del paciente una vez recuperado y, lo de siempre: la espuma del jabón y el alcohol arriba de 70 por ciento impide se active el virus*.
Con esto en cuenta, van algunas estampitas sabor canela candela, guapachosas, para registrar en el álbum de hábitos culturales tan propios de nuestras sangres y tan ajenos a la higiene recomendada anticovid.
1.- Acabamos de pasar el tapete sanitizante en el vestíbulo de un edificio de consultorios. Nos aplicaron gel en manos y nos midieron temperatura. Decimos a dónde vamos y nos indican con distancia por dónde. Llamamos al elevador apretando un botón en la pared al cual previamente le arrojo alcohol con un dispensador tipo spray. Estamos subidas ya en este espacio cúbico y cerrado cuando, en una carrerita, otra persona está a punto de detenernos. Quiere aprovechar el viaje.
2.- Un mesero muy atento y servicial. Usa su careta y su cubrebocas. Nos indica con toda claridad que el menú es digital y que tiene código QR y que sólo basta… “pues mejor les muestro cómo”, y de inmediato coloca su dedo en la pantalla de mi celular.
3. Pasa el de los tamales a diario, dos veces. Un día me la juego. Le digo que no bajaré a la puerta sino que aviento una bolsa con cuerda para que ahí ponga los tamales y yo le dejo ahí el dinero. En la bolsa está un gel. Pregunta si el gel es para él, le comento que si gusta ponerse, sí. Lo saca, saca el dinero, toma los tamales y los recoloca en la bolsa. Mis tamales subieron con bien, sin que las manos del distribuidor fueran desinfectadas.
4.- En casi cualquier parque, a casi cualquier hora, como casi siempre –sin tomar en cuenta la Covid-19–, en banca o en pasto, pueden avistarse parejas de todas las edades ahogadas en un beso interminable; le hacen de cubrebocas humanos.
¿Pueden, estimadas y estimados lectores, agregar otras estampas a este álbum, el cual, con tanta mortandad por contagio, ya no resulta en nada colorido?

*https://www.statnews.com/2020/08/17/what-we-now-know-about-covid19-and-what-questions-remain-to-be-answered/?fbclid=IwAR0spRDr_5_2-rBYownpahlNgO-IzAuIJ3nc18op1qaN6lW5-wH-BI3kNo4

@anterrazas