EL-SUR

Viernes 27 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Cambio global y la diversidad biológica 2017

Octavio Klimek Alcaraz

Enero 07, 2017

Escribo estas primeras líneas esperando, que quienes me leen en este 2017 tengan un buen año. No puedo ocultar que las incertidumbres y realidades de la vida me hacen pensar que este buen deseo es difícil de lograr. Sin embargo, trato de ser persistente en la idea, de que la humanidad y el mundo en que vivimos será en un futuro mucho mejor al que conocieron nuestros ancestros y ahora nosotros.
Hace menos de un mes, del 4 al 17 de diciembre de este año, se llevó a cabo la décima tercera sesión de la Conferencia de las Partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica (COP13), así como la octava sesión de las Conferencia de las Partes que son Partes del Protocolo de Cartagena (COP-MOP8), y la segunda sesión de la Conferencia de las Partes que son Partes del Protocolo de Nagoya (COP-MOP2) en Cancún, Quintana Roo (ver artículo El Sur de 26 de noviembre de 2016).
Supongo que los miles de personas participantes, entre delegados, académicos, representantes sociales y demás interesados en los temas de la biodiversidad, que asistieron a la conferencia salieron satisfechos de la hospitalidad del gobierno de México. El sitio sede fue el Moon Palace, ese hotel enorme y lujoso que se encuentra cercano al aeropuerto de Cancún. Ahí también se realizó la Conferencia de Cambio Climático en 2010. Sus precios de hospedaje y de espacios de convenciones son caros, así que la reunión debió costar bastante dinero. Pero, tomemos esto como inversión pública para el futuro de la biodiversidad de México.
En general, el balance de los compromisos de los países con la Convención de la Diversidad Biológica es malo. Se conoce que sólo 69 de los 196 países que forma parte del Convenio sobre la Diversidad Biológica cumplen con los protocolos de planes de acción y adopción de medidas para alinear sus estrategias nacionales de biodiversidad (Meta 17 de Aichi). Por ello, seguramente la reunión de Cancún tuvo un acento, por lo menos de retórica diplomática, de preocupación y compromiso ante las reiteradas evidencias de la rápida desaparición de la diversidad biológica en la tierra, la denominada sexta extinción, debido a la reiterada acción humana sobre la naturaleza. Un lado de la moneda del cambio global, el otro lado sería el cambio climático.
Para el año 2020 nos habíamos comprometido con la comunidad internacional a evitar los procesos de extinción de especies amenazadas identificadas (Meta 12 de Aichi). Se observa esta meta difícil de alcanzar. Al parecer, nuestra generación va a ser testigo de la desaparición de los grandes mamíferos en libertad. Los primates, los leones, los rinocerontes o los tigres desaparecerán en la naturaleza y los veremos en zoológicos o en documentales de la extinta vida salvaje. Las noticias de que las cuatro especies de jirafas, junto con otras grandes especies de mamíferos, están a punto de extinguirse en África nos consternan, ya que confirman todas estas predicciones. Su población se estima se ha reducido en 40 por ciento en los últimos 30 años.
Peor aún, México, como país, tiene la atención mundial porque también está a punto de extinguirse con una especie de mamífero marino único en la tierra, la vaquita marina, que tiene su espacio de vida en el Alto Golfo de California. Esto es producto de una absurda demanda consumista de pescar totoaba, en las mismas zonas marinas donde vive o vivía la vaquita marina. El buche la totoaba es considerado afrodisiaco en China, esto suena como una mala broma en tiempos de la amplia oferta de medicamentos contra la disfunción eréctil. Se dice,que el valor del buche de la totoaba llega a los 15 mil dólares el kilogramo. ¡Es más caro, que la mayoría de las drogas ilegales! Así, que verdaderas mafias colocan redes de manera ilegal para capturar totaba y se llevan de paso a la vaquita marina. Ya ni les digo la situación del conejo de Omiltemi, otro mamífero endémico de México, porque poco sabemos de él y la creciente lista de especies en riesgo del país.
Para cumplir las metas 1 a 10 de Aichi habría que cambiar la dirección de los hábitos de consumo y comercio, en la pesca, en la agricultura, en lo forestal en los próximos tres años. En tanto eso no suceda seguirá la erosión sin retorno de la diversidad biológica.
En el evento de la COP13 se realizó el decreto de nuevas áreas naturales protegidas por el gobiernofFederal de México. Destacan por su superficie las áreas marinas, las Reservas de la Biosfera en el Caribe mexicano, el Pacífico Mexicano Profundo y las Islas del Pacífico, así como la Reserva de la Biosfera de la Sierra de Tamaulipas. Obvio es bueno, ya que México logrará cumplir para el 2020, que al menos el 17 por ciento de las zonas terrestres y el 10 por ciento de las zonas marinas y costeras del territorio nacional, estarán en un sistema de conservación (Meta 11 de Aichi). Aunque, todavía las nuevas áreas decretadas son áreas naturales protegidas sobre el papel, ya que se requiere ir más allá del decreto. Se necesitan manejarlas con recursos humanos, infraestructura básica y tener en lo inmediato sus programas de manejo. Para ello se requieren recursos presupuestales, de los que el sector ambiental ha sido drásticamente disminuido. El gobierno federal a través de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales y su organismo desconcentrado, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, tiene que dar la debida atención a este tema.
No dejo de observar que los sistemas de conservación tradicional siguen olvidando a los estados más diversos biológicamente del país: Oaxaca y Guerrero, aparte de Chiapas. En esos dos estados primeramente mencionados, quienes siguen manteniendo la bandera de la conservación de la biodiversidad con escaso apoyo público, son las propias comunidades locales de manera voluntaria. El cobeneficio de invertir recursos públicos en conservación de la biodiversidad de Guerrero por ejemplo sería múltiple. Porque lo que necesitan muchas comunidades rurales de Guerrero para dejar la agricultura de enervantes son alternativas reales a ésta.
Pero para eso se necesita mayor compromiso político. Sin embargo, el tema de la sexta extinción de la diversidad biológica es un tema estructural que no está ahora de manera suficiente afianzado, ante las terribles coyunturas económicas, en las redes sociales y en las conciencias de las personas, y por tanto difícilmente se valora como prioridad por los políticos tomadores de decisiones. Ahora se nos distrae con rumores y videos del vandalismo del lumpen urbano saqueando comercios debido a más de una década de políticas económicas dogmáticas dirigidas a beneficiar a la minoría de los mismos de siempre. Finalmente, como le dice el zorro al Principito de Antoine de Saint-Exupéry: “sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos”. Los ojos pueden engañarnos, pero no el corazón.