EL-SUR

Lunes 24 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Cárdenas por Cárdenas

Saúl Escobar Toledo

Diciembre 21, 2016

Hace unos días empezó a circular un nuevo libro: Cárdenas por Cárdenas (Grupo Editorial Penguin Random House Mondadori, Debate, 2016). Se trata de un texto excepcional por diversos motivos: el primero porque se trata de la biografía política de Lázaro Cárdenas (1895-1970) escrita por Cuauhtémoc Cárdenas. No es común que un hijo escriba sobre la vida de su padre, pero aún es más singular que lo haga, como señala su autor, con el objetivo de escribir una “biografía completa”, que abarque todos los años de su vida. Para ello, Cuauhtémoc utilizó no sólo sus recuerdos personales y los Apuntes del ex Presidente, los cuales pueden considerarse “una autobiografía”. También recurrió a textos y estudios de muy diversos autores y, algo notable, a fuentes originales, documentos pertenecientes a archivos como el de la Secretaría de la Defensa Nacional o del Archivo Plutarco Elías Calles y Fernando Torreblanca. El resultado, un texto de 735 páginas que, en efecto, busca ofrecer el recuento más amplio, conocido hasta ahora, de la vida de este personaje histórico mexicano. En palabras del autor, se trata de contarnos “qué había hecho, en qué había pensado, con quiénes se había reunido, en qué acontecimientos se había visto inmerso, qué le había dejado impresiones en un sentido o en otro, en el devenir de todos los días”. En resumen, relatarnos “en que anduvo metido” Lázaro Cárdenas (LC).
No se trata de un libro de recuerdos personales, aún y cuando en algunas ocasiones aparezcan testimonios de la vida familiar u opiniones de LC recogidos en la intimidad de la vida hogareña. Se trata de un libro que además de seguir la obra y el pensamiento de LC, busca contextualizarlos, analizando la situación nacional o mundial, en ocasiones de manera extensa. Ello le exige a Cuauhtémoc un equilibrio entre su afecto natural por el personaje y la visión objetiva de los acontecimientos. Un esfuerzo por tratar de explicar la historia de este país durante la mayor parte del siglo XX y la actuación de uno de sus personajes centrales.
Visto así, el libro, que consta de 25 capítulos, en realidad podría dividirse, según mi apreciación, en tres partes: la primera, los años de formación de LC, desde que se decidió a incorporarse a la revolución por su propia voluntad y tratando de ocultarlo a su madre, hasta su llegada a la Presidencia de la República; la segunda, por supuesto, narra y analiza la obra del Presidente Cárdenas y sus dificultades y logros. Y la tercera, que nos cuenta sus años fuera del poder.
En la primera parte, vemos un personaje que poco a poco va aprendiendo a hacer política al mismo tiempo que se convierte en un buen militar. Pero, sobre todo, observamos a un hombre que va adoptando, sin mayores estudios académicos, una identidad ideológica y un proyecto de país. Este proceso se realiza sobre todo durante su estancia en la Huasteca veracruzana donde fue testigo de los conflictos laborales entre las compañías petroleras y sus trabajadores, y luego como gobernador de Michoacán. En la forja de esta identidad política, un acontecimiento muy importante según Cuauhtémoc, fue la creación de la Confederación Revolucionaria Michoacana del Trabajo. Es su estado natal entonces, principalmente entre 1929 y 1932, el laboratorio de su futuro proyecto nacional, aunque en estos mismos años tuvo otros encargos como presidente del Partido Nacional Revolucionario (PNR) y secretario de Gobernación.
Después vendría la grilla por la candidatura, la campaña por la Presidencia y la elaboración del Plan Sexenal. Son momentos clave para que LC vaya definiendo un perfil y un proyecto político propio, ajeno y distinto al de Calles, el hombre que a final de cuentas lo había apoyado para llegar a la Presidencia de la República. LC define ese proyecto, durante la campaña, en 1934, con esta frase: “… la principal acción de la nueva fase de la Revolución es la marcha de México hacia el socialismo…”.
La segunda parte trata de la obra del Presidente Cárdenas y es la más extensa de las tres. Para el lector que por primera vez se asoma a esta parte de la historia, el recuento de los principales acontecimientos de este periodo resultará muy atractivo: la ruptura con Calles y el reacomodo político que provocó; la Reforma Agraria; la obra indigenista; la creación del Partido de la Revolución Mexicana (PRM); la política educativa; la política exterior y el apoyo a los refugiados de la guerra civil española; y desde luego, la expropiación petrolera. Para otros lectores que ya han leído sobe estos acontecimientos, el capítulo más atractivo probablemente sea el que se refiere a la sucesión presidencial en 1940 y cómo y por qué el candidato del partido oficial fue Manuel Ávila Camacho y no Francisco J. Mújica. En este capítulo también se trata un asunto muy delicado: el resultado de las elecciones constitucionales entre Ávila Camacho, y su principal opositor, Juan Andrew Almazán. Sobre el primer asunto, al que Cuauhtémoc le da más importancia, la razón principal en el ánimo del Presidente LC, pudo haber sido “cuidar la expropiación” de la industria petrolera y evitar una intervención “de mayor amplitud” de Estados Unidos. Otro factor importante, dice el autor del libro, fueron los alineamientos políticos, particularmente de Lombardo Toledano en favor de Ávila Camacho. Se trata de un episodio que sin duda seguirá provocando polémica.
La tercera parte arranca desde el momento en que LC abandona la presidencia. Fueron, dice Cuauhtémoc, “treinta años intensos de lucha permanente”. En este periodo, otro tema muy debatido se refiere a la sucesión presidencial en 1952 y la actitud que tomó LC en relación a la candidatura disidente de Miguel Henríquez Guzmán. Cuauhtémoc en este punto es tajante: “… no ha dejado de haber señalamientos de diversos autores y articulistas acerca de que… Cárdenas (se comprometió en privado) a apoyar y alentó y empujó la candidatura de Henríquez”. Ello, afirma el autor, “no corresponde a la verdad”.
En los años de la década de los cincuenta y sesenta, LC seguirá luchando y defendiendo sus convicciones políticas: la defensa moral e intelectual de la lucha antiimperialista y de las causas sociales de la Revolución Mexicana. En 1954 se forma el “Círculo de Estudios Mexicanos”, que “se dio por objeto el estudio y discusión de los problemas del país, (y) el planteamiento de sus soluciones”. Esta labor continúa con la creación del Movimiento de Liberación Nacional en 1961. Luego, afirma Cuauhtémoc, esas reflexiones fueron “recogidas y actualizadas muchos años después en la Propuesta de la Corriente Democrática, en el Programa del Partido de la Revolución Democrática en su fundación, y en el movimiento Por México Hoy” apenas creado hace un par de años.
En las páginas finales del libro Cuauhtémoc nos narra cómo Cárdenas tiene que enfrentar acontecimientos tan lamentables como el asesinato del líder campesino zapatista Rubén Jaramillo, la represión al movimiento ferrocarrilero y magisterial de 1958-59, y el movimiento estudiantil de 1968.
Según Cuauhtémoc, “no haber logrado la excarcelación de los presos políticos… de las huelgas ferrocarrileras… y… del movimiento estudiantil de 1968… así como la cerrazón de los presidentes López Mateos y Díaz Ordaz quienes se sumaron servilmente a las políticas impuestas por el gobierno norteamericano, fue uno de los grandes pesares que acompañaron a LC hasta el último momento de su existencia”.
Pocos días antes de su fallecimiento, el 20 de septiembre de 1970, en una entrevista con una reportera, LC sintetizaba así su pensamiento: “Creo que los principios del socialismo son compatibles con las ideas de la Revolución Mexicana en su ulterior e inevitable desarrollo”.
La biografía de Cuauhtémoc tiene, creo, como eje conductor, más que la vida de un hombre, la gestación, desarrollo y aplicación desde el gobierno y luego, la defensa, fuera del poder, de esta convicción política fundamental. Convicción que, sin duda, el autor de este libro también ha compartido siempre.

Twitter: #saulescobar