EL-SUR

Sábado 19 de Junio de 2021

Guerrero, México

Opinión

Carne de cañón

Jorge Camacho Peñaloza

Marzo 01, 2019

Siempre he creído que si bien el hombre esperanzado en la condición humana es un loco, el que desespera de los acontecimientos es un cobarde.
Albert Camus

En las comunidades de la sierra de Leonardo Bravo, Eduardo Neri o Heliodoro Castillo o de la Montaña, a pesar de la abundancia de los recursos naturales, lo que más se observa es pobreza: viviendas con piso de tierra; fogones de leña; niños en la escuela con mucha precariedad que aún así sonríen con sus mejillas quemadas por el frío jugando en calles de tierra con carritos de madera; hombres y mujeres campesinos que van y vienen a la parcela a sembrar o cuidar en su mayoría sembradíos de amapola; tienditas en donde venden Coca-Cola, pan Bimbo y Sabritas, que han llegado a convertirse en productos de la canasta básica de la pobreza de la gente de los pueblos, y perros callejeros por donde quiera, así como escuelas y centros de salud cerrados.
En medio de todo esto los grupos armados de delincuentes con sus carrotes de lujo y sus ejércitos con fachada de policías comunitarias con sus camionetas y estaquitas llenas de civiles, muchos de ellos obligados a participar en sus guerras, y la población en general rehén de esta dinámica de pobreza y violencia delincuencial, son los desplazados de Campo de Aviación y Tlaltempanapa en Zitlala, carne de cañón.
El problema ya no es tanto la siembra de enervantes, los grupos del narcotráfico o la violencia, sino que la población de esas comunidades han perdido su libertad a ojos de todos ¿Hasta cuándo va a haber una atención a ese problema, el de la pérdida de la libertad de la población y su conversión en carne de cañón de los violentos ?
Ahí van, los llevan en caravana a la plaza de la Constitución en la Ciudad de México para que los reciba el Presidente que al parecer ni los ve ni los oye, manipulados por uno de los bandos de los violentos señalando “¡al ladrón, al ladrón!” y exigiendo que el gobierno desarme a su contraparte para dejarles la zona libre a su control. Son los expulsados de su propia tierra, por la pobreza, la violencia, los grupos de narcotraficantes, bandos delincuenciales, manipulados por comisarios y presidentes municipales, organizaciones de productores y de derechos humanos que borran la línea divisoria entre lo legal y lo ilegal demandando abiertamente que no se afecten los sembradíos de amapola porque dejan a la gente sin trabajo, tal vez una razón para acelerar la legalización del cultivo de esta flor.
El tema de los desplazados por la violencia de los grupos de delincuencia ya no es un tema de seguridad, de confrontación entre bandos delincuenciales o de derechos humanos, se trata ya de un tema de delitos de lesa humanidad los cuales incluyen crímenes de guerra y el crimen de agresión, el ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento como el traslado forzoso de población, la privación grave de la libertad física y actos inhumanos de carácter similar que causen intencionalmente grandes sufrimientos o atenten gravemente contra la integridad física o la salud mental o física de las personas.
El problema es profundo y las autoridades federales no la han asumido desde esta perspectiva, limitándose a verla como una confrontación delincuencial o social. No se trata de arbitrar entre buenos y malos, delincuentes y población no infractora, sino del sufrimiento de gente de carne y hueso, niños, mujeres, ancianos y hombres que no tienen la culpa y son obligados, y tampoco se va a resolver con sólo intervención clerical.

Vuela vuela palomita y ve y dile: A la Cuarta Transformación que no que muy muy, que ya se están tardando en poner el hombro junto con el gobierno del estado y no se haga el omiso como si fuera primerizo.