EL-SUR

Sábado 06 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

LA POLÍTICA ES ASÍ

Carreteras en Guerrero

Ángel Aguirre Rivero

Enero 16, 2026

Desde una mirada que combina la experiencia legislativa y la responsabilidad de haber gobernado Guerrero, es inevitable reconocer que el debate sobre carreteras ha sido recurrente porque nuestro rezago también lo ha sido.
Hablar de carreteras no es hablar de cemento y asfalto, sino de oportunidades reales para la gente. Guerrero ha cargado por décadas con una deuda histórica en infraestructura, y esa carencia ha profundizado la desigualdad regional. En un estado con geografía compleja, dispersión poblacional y altos índices de marginación, la conectividad carretera es una condición mínima para el desarrollo económico y la cohesión social.
Cuando fungí como presidente de la Comisión de Comunicaciones en la 59 Legislatura Federal de la Cámara de Diputados, logramos la inversión más alta en materia de carreteras y, por primera vez, incorporamos la pavimentación de caminos rurales.
Aún recuerdo la discusión agria con el entonces secretario de Hacienda y Crédito Público, Francisco Gil Díaz, cuando me cuestionó: –“Es que los caminos rurales no tienen rentabilidad económica, diputado Aguirre”, a lo que contesté: –“Ciertamente, señor secretario, tal vez no tengan rentabilidad económica, pero sí social. ¿Usted sabe el esfuerzo que significa para estas comunidades sacar sus productos al mercado o trasladar a un familiar enfermo?”.
El secretario Gil Díaz se sensibilizó y aceptó la propuesta; después de esa acalorada discusión nos hicimos buenos amigos.
Me tocó iniciar también la ampliación a la Costa Chica y la ampliación del tramo Mozimba-Pie de la Cuesta, que, aunque había quienes creían que no lo lograríamos, hoy es una realidad.
En 2012, como gobernador, tuve que insistir ante la Secretaría de Comunicaciones y Transportes en una realidad evidente: sin inversión extraordinaria, varias regiones del estado seguirían atrapadas en el rezago. Por ello se solicitó una inversión por mil 650 millones de pesos para la conclusión de obras carreteras estratégicas que llevaban años acumulando retrasos.
No se trataba de ocurrencias ni de proyectos marginales. Las obras planteadas eran la carretera Zihuatanejo-Feliciano, funda-mental para la conectividad de la Costa Grande; el tramo de Pie de la Cuesta en Acapulco, clave para la movilidad urbana y turística del puerto; y la carretera Tlacoa-chistlahuaca-Metlatónoc, en la región de la Montaña, quizá una de las zonas con mayor deuda histórica en infraestructura. Todas ellas formaban parte de compromisos presidenciales y respondían a una lógica de integración regional y justicia territorial.
La gestión se realizó en el entendimiento de que no bastaba concluir las obras visibles, sino garantizar recursos también para la conservación de caminos alimentadores que convergen con ejes federales como Tlapa-Metlatónoc y Tlapa-Marquelia. En regiones como la Montaña, una carretera federal en buen estado pierde impacto si los caminos que conectan a las comunidades permanecen deteriorados o intransitables.
La respuesta institucional fue clara: la propuesta debía ser valorada por subsecretarios y gestionada ante la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Ese proceso refleja una constante en la historia de Guerrero: la necesidad permanente de tocar puertas para que la infraestructura básica llegue a donde más se necesita. Pero también confirma que cuando el estado presenta proyectos claros, con sentido social y económico, la inversión pública encuentra justificación.
Ese episodio de 2012 dialoga con los datos y reflexiones de años anteriores y posteriores. La experiencia demuestra que la inversión carretera tiene efectos inmediatos en el desarrollo económico y social. Cuando se concluye una obra, se reducen tiempos de traslado, se abaratan costos logísticos, se facilita el acceso a servicios y se devuelve dignidad a comunidades que durante décadas han vivido aisladas. Cuando no se invierte o se pospone el mantenimiento, el deterioro se acelera y el costo social se multiplica.
En los últimos años, la inversión federal en carreteras para Guerrero ha mostrado avances, aunque todavía insuficientes frente al rezago acumulado.
Hace unos días, desayunando con mis amigos de la Unión de Calentanos Radicados en Acapulco (UCRA), me compartían que la carretera que conduce a Ciudad Altamirano se encuentra más deshecha que nunca.
Por lo que me hago una reflexión: ¿no será mejor destinar parte de los recursos presupuestados para el tramo Toluca-Ciudad Altamirano-Zihuatanejo, que auguro tendrá muy bajo aforo por cuestiones de seguridad, a modernizar el tramo Iguala-Ciudad Altamirano y otra parte a la ampliación de los tramos Acapulco–Zihuatanejo?
Ojalá la SCT haga los estudios pertinentes al respecto.

Del anecdotario

Era una de las mujeres más ricas en la época del Porfiriato. Los médicos la habían declarado por muerta cuando la funeraria se encontraba sola. El velador había observado que la supuesta difunta llevaba un anillo muy costoso y un collar, por lo que presto se dispuso a abrir el ataúd.
Al pretender sacarle el anillo a la señora no lo conseguía, por lo que utilizó un cuchillo para cortarle el dedo. Al intentarlo, la presunta muertita emitió un grito que hizo que el velador pegara el grito en el cielo.
–¿Qué sucede?, ¿dónde estoy? –decía ella.
El velador se percató de que estaba viva y entonces le dijo: “Te voy a matar porque sé que me vas a denunciar”.
Ella le contestó: “No lo hagas, no te voy a denunciar, te lo prometo. Te voy a recompensar con una bolsa de monedas de oro porque tú me salvaste la vida”.
–¿Cómo? –dijo el velador.
–Si tú no hubieras cortado mi dedo, yo hubiese sido enterrada viva.
Tomaron un carruaje hasta la Hacienda de la Castañeda, donde la dama entregó la recompensa, y nunca más volvió a saber de él.

Fuente: La otra historia de México / Armando Fuentes Agui-rre Catón