EL-SUR

Martes 07 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Castigo a los capitalinos

Humberto Musacchio

Agosto 03, 2006

Los enemigos de Andrés Manuel López Obrador no necesitan pretextos para atacarlo. Durante tres años han tratado de sacarlo del juego electoral. En ese empeño no han escatimado recursos (casi siempre públicos) e incluso llegaron hasta el desafuero, lo que puso al país al borde de la violencia, a la que no se llegó por la prudente actitud del propio López Obrador, quien dirigió con cabeza fría una protesta que amenazaba con desbordarse.
Hoy, después de una sucia campaña de la derecha, de la propaganda abierta del presidente de la República en contra de un candidato y de una actuación turbia y parcial del Consejo General del IFE, los resultados electorales suscitan dudas más que razonables, las que pueden despejarse mediante un recuento voto por voto y casilla por casilla, como dice el lema de la coalición Por el Bien de Todos.
Por supuesto, los beneficiarios del cochinero no pueden estar de acuerdo en que se revisen los votos. De ahí la intensa y feroz campaña mediática contra AMLO y sus seguidores, el desgarramiento de vestiduras de la Coparmex, los sindicatos hipercharros y organismos de ese talante. De ahí la hipócrita homilía del secretario de Gobernación que sin autoridad moral ni política emite consejos y lanza amenazas. No será a ellos a quienes tenga que complacer esa multitud que sale a la calle en defensa de la limpieza electoral. La batalla es precisamente contra sus privilegios y sus complicidades.
Lo que resulta incomprensible es que López Obrador les cobre a los capitalinos las faltas cometidas por otros. El bloqueo del Paseo de la Reforma muestra un profundo desprecio por las necesidades de la gente común, empezando por la más elemental, que es ganarse la vida. El cierre de la principal avenida y de las vías que la cruzan es una agresión contra millones de personas que cada día tienen que salir de sus casas y dirigirse al trabajo o a la escuela, que tienen urgencia por llegar a un hospital o que sencillamente ven coartada su libertad de tránsito.
No es cierto que sólo se perjudique a “los ricos” ni que todo poseedor de un automóvil sea un “burgués insaciable y cruel”, como creen algunos seguidores de AMLO. Ante las deficiencias del transporte público, muchos habitantes de la zona metropolitana han adquirido un vehículo en abonos y lo pagan con grandes esfuerzos. Además, el bloqueo de Reforma no sólo perjudica a los tenedores de autos, sino fundamentalmente a los que no tienen coche y ahora se ven obligados a caminar muchas cuadras en busca de un autobús u otro medio de traslado.
Cuando se adopta una medida de presión, no basta con que sea legal. Debe contar también con legitimidad social, con la simpatía por lo menos de las fuerzas que teóricamente apoyan la causa que se defiende. La toma del Paseo de la Reforma no cuenta con más apoyo que el de López Obrador y su estado mayor.
Si se trata de luchar por la democracia, hay otras formas más eficaces y menos lesivas para la población. Hubiera bastado con realizar un plantón a lo largo de Reforma, en banquetas y camellones, no sobre el arroyo. De cualquier manera, el número de ciudadanos en la protesta hubiera tendido a disminuir, como ha ocurrido ahora que ya son mayoría las carpas y tiendas de campaña vacías o con apenas dos o tres personas.
Lo que exhibe el bloqueo de Reforma es la ineficacia de una forma de protesta y, algo peor, la tendencia a la desmovilización que conllevan las expresiones políticas estacionarias. Si se quería hacer una demostración de fuerza, resultó exactamente lo contrario. De la muchedumbre que convoca y crece, se pasó a los núcleos ínfimos de los ya convencidos.
Hubiera sido mucho más eficaz constituir brigadas que recorrieran el país realizando mítines relámpago y repartiendo volantes para informar a la población de las propuestas de la coalición Por el Bien de Todos y de la importancia del recuento. Hoy, para el observador común, lo que hace la coalición es mostrar su falta de imaginación y su inmensa capacidad para el autosabotaje.
Le han arruinado la existencia a millones de personas y todavía esperan que éstas lo agradezcan. No será fácil creer que AMLO encabeza una fuerza justiciera si en el camino comete una injusticia de este tamaño y le hace a los capitalinos todavía más difícil la diaria y dura lucha por el sustento.
Contra lo que piensa un sector de lopezobradoristas, con el bloqueo no se resuelven problemas como la migración a Estados Unidos, los bajos salarios, los abusos contra los indios, el desempleo y las injusticias en que está sumida la sociedad mexicana. En cambio, toda medida que tienda a encender los ánimos, de por sí bastante crispados, atenta más contra la gobernabilidad futura que contra las injusticias de hoy.
Había muchísimas otras formas de lucha que hacían de la toma de Reforma un hecho innecesario y hasta contraproducente. A menos, claro, que se trate de realizar un boicot contra Alejandro Encinas y de darle nuevos y mayores pretextos a la derecha. Al parecer han tenido éxito.