EL-SUR

Sábado 27 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

CATEM, charrismo 4T

Humberto Musacchio

Febrero 20, 2020

Conforme avanza el actual sexenio, las promesas de campaña van quedando incumplidas, los problemas crecen y surgen nuevas dificultades mientras la crítica eleva el tono. El presidente Andrés Manuel López Obrador, es cierto, goza de la aprobación de 70 por ciento de los ciudadanos, pero otros factores de poder no muestran el mismo entusiasmo. Por lo mismo, hay que cavar más hondo la trinchera y prepararse para cualquier eventualidad.
Morena, la organización que lo llevó a la Presidencia de la República, no es un partido, sino un movimiento sin forma, sin estructura, sin definición política, sin dirigencia aceptada por todos y, por eso mismo, sin futuro. De ahí que ante los conflictos internos de la formación guinda, AMLO haya advertido que muy bien podría dejar a su criatura, y todo indica que las cosas apuntan en esa dirección.
No hace mucho que Yeidckol Polevnsky dijo que quienes la desconocieron como dirigente morenista “lo que quieren hacer es otro partido” y acusó a sus adversarios de usar “el nombre del Presidente para hacer sindicatos, partidos, de todo, y dicen que por instrucción del Presidente”. La polémica dama no sólo se refería a quienes se quedaron con el membrete y las prerrogativas de Morena, sino que la acusación iba también contra el Frente por la Cuarta Transformación, donde pululan personajes menores del lopezobradorismo y, sobre todo, Fuerza Social por México, protopartido que tiene como líder visible a Pedro Haces.
Poco edificante es el pasado de Haces, acusado de robo de vehículo y portación de arma prohibida en 1998 (Reforma, 19/II/20) y señalado como extorsionador al que otro líder charro, Carlos Aceves del Olmo, de la CTM, tildó de gángster y sugirió que era “ratero”, pues ya se sabe que entre gitanos no se leen la mano. Durante 35 años, Haces Barba fue militante del PRI, partido en el que presidió la comisión de financiamiento, pues ha cultivado poderosas amistades en el ámbito empresarial, tiene relación con líderes del sindicalismo más corrupto y, por si hiciera falta, cuenta con la bendición del obispo en retiro Onésimo Cepeda, Millonésimo para sus amigos, además de otros personajes que con cargo público o sin él gozan de influencia en el ámbito policiaco y en otros sectores.
Por todo lo anterior, no resultó sorpresivo que el señor Haces desplegara ostentosamente su fuerza en el que dicen es el décimo congreso de la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (¿Qué, los empleados no son también trabajadores?), la CATEM, organización que despide un insoportable tufo a priismo con dirigentes que actúan como émulos no tanto de Fidel Velázquez, sino de la Güera Rodríguez Alcaine (Haces Barba es sobrino de ese pistolero de Fidel Velázquez). Por si hubiera dudas acera de la naturaleza de la CATEM y su líder, ahí andaba para confirmarlo Víctor Flores, finísima persona que maneja los restos del otrora aguerrido sindicato ferrocarrilero.
El congreso de la CATEM fue un viaje al pasado, con cientos de autobuses y camionetas que transportaron a gente de 14 estados, pues se trataba de llenar las 22 mil localidades de la Arena Ciudad de México. Los acarreados, por supuesto, recibieron regalos como tamales y refresco, así como cachuchas y playeras con la sigla que será ampliamente conocida en lo que resta del sexenio.
El presídium del acto fue otro muestrario de relaciones peligrosas, pues ahí, además del jefe del Ejecutivo, figuraban personajes no de dudosa, sino de bien conocida reputación, como el senador Armando Guadiana, sí, el mismo bigotón que no se quita el sombrero ni ante la Virgen de Guadalupe. Entre el público, en un lugar preferente, estuvieron el Hijo del Santo y la impresentable Laura Bozzo, sentada junto a la señora Marisú, esposa de Haces Barba.
Los discursos fueron, como de costumbre, elogios al mandatario presente y, en reciprocidad, declaración de amistad y respeto de AMLO hacia el líder catemista (catemista, porque ya no es cetemista). Para hacer más ostensible el apoyo oficial, la banda de guerra de la Secretaría de Marina animó el acto y como homenaje a la nostalgia, desde luego no faltaron porristas, matraqueros y guaruras. Neocharrismo habemus.