EL-SUR

Jueves 06 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Chihuahua y Veracruz: menos principismo, más eficacia

Jorge G. Castañeda

Febrero 08, 2016

Falta poco para que concluya el proceso de selección de candidatos a las 12 gubernaturas de este año. En escasas semanas se cierra el plazo para recabar firmas pro independientes. Los más importantes: Barraza en Chihuahua, Arellano en Aguascalientes, Luken en Tijuana y Frías Castro en Sinaloa casi lo logran. Los pleitos perennes entre candidatos del PRI se aplacan, con heridas que podrán cicatrizar entre ellos, pero no necesariamente en el seno del electorado. Las alianzas anti PRI van y vienen, sobre todo en las columnas y opiniones de la comentocracia.
Para contribuir a la cacofonía, propongo una visión menos dogmática, y más casuística de las alianzas, de las virtudes y los riesgos de las candidaturas independientes y del nexo entre estos comicios y los de 2018. Me centraré en dos estados.
Junto con el Estado de México, Veracruz es la última gran retaguardia electoral del PRI. Comprende el tercer padrón del país, nunca ha habido alternancia, y lograrla este año le daría un carácter mucho más parejo a la votación presidencial de 2018. Conviene recordar que con el Edomex y Veracruz en la bolsa, el PRI sólo ha perdido frente a un gran candidato (Fox en 2000) o con uno pésimo (Madrazo en 2006).
En Veracruz se plantea un dilema para cualquier partidario de causas ciudadanas. Por un lado, arrebatarle su penúltimo bastión al PRI contribuiría a emparejar la cancha para 2018. Por otro, el único rival susceptible de ganarle al partidazo es Miguel Ángel Yunes, candidato de una alianza PAN-PRD y quizás de algunos más, un político cuya trayectoria les resulta reprobable –o peor: intolerable– a varios, por un sin número de sospechas y realidades. Para acabarla de fregar, contendían tres independientes; uno –Gerardo Buganza– ya se bajó; otro no pinta, pero Juan Bueno, el tercero, sí puede aglutinar algunos sufragios del PAN, su antiguo partido. ¿Qué hacer? Si fuera jarocho, me inclinaría, con una dosis de renuencia y de cinismo, por Yunes. Me importa más la alternancia en Veracruz que la pulcritud de su abanderado, sobre todo cuando el rival priista también se apellida Yunes, y el independiente no tiene posibilidades.
El otro estado es Chihuahua. Fue el segundo de la alternancia, y puede ser el segundo donde gane un independiente. Sólo que a Barraza se le atravesó Javier Corral, que ya ha sido candidato a gobernador. Ha sido un audaz y aguerrido legislador, que en ocasiones linda en lo atrabancado. En lugar de que el PAN apoye silenciosamente al Chacho para que gane y el repudio al gobernador saliente tenga consecuencias, Corral insistió en su candidatura aunque pueda dividir el voto del hartazgo y darle la victoria al PRI. Ha dicho que declinaría a favor de Barraza si 30 días antes de la elección las encuestas no lo favorecen, pero no parece haber reciprocidad. Para no errarle, y a sabiendas que Corral sería un soplo de aire fresco para Chihuahua, si votara me quedaría con Barraza, porque me importa más una victoria independiente que un gobernante iconoclasta y dinámico.
¿Cuál es la regla entonces? Ninguna, justamente. Caso por caso, conviene ver que es más compatible con las causas que uno abraza. Un actitud menos principista, y quizás más eficaz.