EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Cien años de Uberto Zanolli

Humberto Musacchio

Mayo 08, 2017

En memoria de Carlota Villagrán.

Hace cien años nació en Italia Uberto Zanolli, quien se enamoró de México y de Betty Fabila para quedarse entre nosotros definitivamente (murió en 1994). Estudió en los conservatorios de Verona, Bolzano y Milán, donde fue discípulo de Pietro Mascagni. Se doctoró en historia del arte y paradójicamente en ingeniería. Como otros artistas italianos de la posguerra –Giuseppe di Stefano y María Callas, por ejemplo–, vino a México en los años 50, contratado por la ópera de Bellas Artes. Fue profesor del Conservatorio Nacional y de la UNAM, donde enseñó italiano y formó, a fines de 1966, el Coro de la Viga (de la Prepa 7), que luego sería el Coro de toda la Escuela Nacional Preparatoria, donde también fundó y dirigió la Orquesta de Cámara de la misma institución (1972-94). Compuso cerca de 700 obras de música sinfónica, de cámara, vocal y cinematográfica, entre otras, Tres danzas antiguas, Retablo romántico, Elegía a un hombre, Cabalgata y Siete miniaturas del Mayab. Divulgó música de compositores mexicanos e investigó con verdadera pasión la vida y la obra de Giacomo Facco, músico veneciano del siglo XVIII, sobre el cual escribió el libro Giacomo Facco, maestro de reyes. En 1990 aparecieron los dos tomos de su Organología musical. Grabó, entre otros, los discos Cantata Clori, de Facco; Sonata de Navidad, Concierto de Epifanía 1990, El arte de la fuga, La France éternelle y México romántico. Fue condecorado por Italia y aquí se le impuso el Águila de Tlatelolco de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Vergüenza para México

En 1975, el gobierno británico obsequió a México la escultura de Winston Churchill que se halla en Paseo de la Reforma y Arquímedes, obra del artista croata Oscar Nemon (1906-1985). El estadista inglés está representado con toda su corpulencia, es una mole que al avanzar proyecta su poderío. La pieza parece emerger de la base con paso retador, determinado. Es una de las varias esculturas que ejecutó Nemon del líder británico y a su develación por el ex presidente Luis Echeverría vino Mary Soames, hija de Churchill. Lamentablemente, la placa de la base fue robada hace tiempo y la base misma, de concreto, presenta un notable deterioro. La restauración cuesta 200 mil pesos, pero las autoridades federales y locales han decidido no gastar esa cantidad y es la Sociedad Británica, AC, la que tiene programadas algunas actividades para reunir ese dinero. El caso evidencia el desprecio de quienes gobiernan hacia un regalo por varios conceptos valioso. Habría que preguntar qué diríamos aquí si una de las estatuas que México ha obsequiado a otros países fuera objeto de una indolencia tal. Se trata de un hecho grosero y ofensivo para quien nos entregó una obra de notorio valor artístico.

Jill Magid, la maoísta

Decía Mao Zedong (antes Mao Tse tung), que “el poder nace del fusil”. Jill Magid debió leer al estratega y estadista chino, porque en la exposición de su obra (es un decir) muestra sus habilidades para fusilarse todo lo que pasa frente a sus ojos, como los cuadros elaborados por Luis Barragán con una tela que compró en Nueva York, diseñada por Josef Albers, de quien por supuesto también se fusila la silla-butaca sobre la cual ya habían trabajado creativamente el propio Barragán y Clara Porset. En medio de la inclemente fusilata –“intervención” le llaman los curadores, aun si empobrece la obra original– figuran unos caballitos decorados con letreros que expresan las alturas filosóficas de la “artista”, pues el criterio curatorial es que todo lo que entra a un museo de arte, por ese solo hecho es arte. Por supuesto, lo dicen los curadores que de esa manera pretenden legitimar el resultado de su trabajo. Pero se trata de una tautología. Cualquiera es artista porque si meten a un museo sus producciones –o las ajenas, como en este caso–, eso es arte. De la misma manera, toda persona, así sea abstemia, si penetra en una cantina es borracha.
El pancracio es cultura

Del 22 al 27 de mayo, la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco celebra por cuarta ocasión (no edición, por favor) Librofest, feria del libro que además de una amplia oferta bibliográfica tendrá conferencias, proyecciones de cine, “talleres”, un “museo móvil interactivo” y otros atractivos. Un boletín enviado por los organizadores informa que Librofest trata de “la cultura de la lucha libre” y hasta se propone “rescatar este aspecto característico de la cultura mexicana” mediante la realización de un taller. Hay que recordar a las autoridades de la UAM que en este país se prohibió trasmitir por televisión la lucha libre porque, entre otras cosas, promovía la violencia. Nunca se ha informado si la citada prohibición se levantó, el hecho es que desde hace varios años se ha vuelto a trasmitir ese espectáculo y la Secretaría de Gobernación guarda respetuoso silencio ante los poderes fácticos. Ahora, la UAM, una institución que suponemos de alta cultura, incorpora el pancracio a sus actividades académicas. ¿Qué sigue? ¿Acaso un taller de tiro con metralleta a cargo de algún discípulo de El Chapo Guzmán?