Adán Ramírez Serret
Diciembre 27, 2024
Los poemas, ensayos y obras de ficción, aquello que usualmente llamamos literatura, tienen una relación particular con la realidad, pues son el resultado de la imaginación, el deseo y la reflexión; habitan por principio el lugar opuesto al mundo tangible, pero son, en gran medida, un reflejo de la realidad. Ya decía Octavio Paz que “la poesía es el arte de ver a través de las palabras la otra cara de la realidad”. Así, algunos libros de este 2025 dicen tanto como las noticias.
El visionario, de Abel Quentin (Lyon, 1984) se trata de una obra que pone los pies en un terreno que en México y Estados Unidos es extremadamente peligroso, y más si se es un hombre blanco, educado y habla una lengua europea. El tema es la cancelación: el caso de una persona que es descartada de la opinión pública por sus actos y opiniones sin darle la oportunidad de debatir. La novela no es un panfleto ni un manifiesto y esta es precisamente su riqueza. Quentin se mete en los recovecos de la moralidad del presente a través de su personaje, Jean Roscoff, quien fue un joven académico en los años ochenta, inmerso en las revoluciones ideológicas de su época, fue un revolucionario como todo joven que se jactara de serlo durante buena parte del siglo XX. El visionario es un paseo con ojo crítico por las calles de París, por los turistas, las plazas y los parisinos que, a veces, descubren este mundo, y que su tragedia, tiene humor y explica matices complejos a través de la ironía. Los que sufren deben ser escuchados y seguir sufriendo para ser genuinos y los privilegiados deben comer bien, tomar buen vino… y callar.
Han Kang (Gwangju, 1980) es la Premio Nobel de literatura 2024. La clase de griego trata de una mujer que comienza por relatar su aprendizaje de la escritura del coreano, es una belleza el talento para explicar la escritura de este idioma, sus formas y sonidos y el misterio de cómo va siendo revelado el sentido a la vez que la propia imaginación de la niña le va dando originalidad al lenguaje. El mismo personaje cuenta que en algún momento de su vida se le olvidó el lenguaje por completo, desaparecieron todas las palabras de su mente dejando un vacío, una nada que tiene algo de angustiante, sí, pero en mi lectura también algo de libertad. La niña vive en este vacío hasta que un buen día ve escrita la palabra “biblioteca” en francés y se le destraba todo el lenguaje y la invade de nuevo. La niña crece, y ya que es adulta y tiene un hijo, esto se repite: el lenguaje se retira de su mente. Entonces, decide que debe comenzar a estudiar griego antiguo, por la lejanía con el coreano. La novela comienza a internarse en los tiempos y estructuras de esa lengua, el análisis de la personaje, de su vida a través del lenguaje.
La invención de todas las cosas: una historia de la ficción de Jorge Volpi (México, 1968), quien explora la dimensión, la expresión más contundente del lenguaje: las ficciones. Sea que responda a su propia lógica gramatical o sea que es la oscuridad hecha carne del ser humano, el lenguaje se expresa siempre con historias, al grado que muchos lingüistas piensan que el verbo ser, primigenio en las lenguas indoeuropeas, tiene una esencia narrativa. Cuando el hablante dice, “yo soy” –Kafka decía en una carta “yo soy la novela”–, está contando una historia. Por lo tanto, es por medio de las historias, de los mitos, como el ser humano se ha explicado su existencia en este mundo. Volpi hace un recuento del big bang al feminismo pasando por Cervantes y Shakespeare y muchas de las ficciones más representativas de nuestro mundo.
En este 2024 ha aparecido Triste tigre de Neige Sinno (Altos Alpes, 1977) un libro en donde la autora cuenta en primera persona su historia en la cual fue violada durante su infancia y adolescencia por su padrastro. Desde su publicación en el 2023 la novela ha sido una bomba. Recomendada en todos lados y este año en versión de la propia autora al español no ha sido la excepción la expectativa y polémica que ha despertado. Por mi parte yo tenía cierto resquemor a acercarme al libro. Lo recibí hace unos meses y no terminaba por reunir las fuerzas para leerlo, pero una vez que lo hice, la obra no ha hecho más que deslumbrarme e internarme en todos aquellos pensamientos que provoca y de los que muchas personas huimos.
Juan Villoro escribe No soy un robot, un libro lúcido, pues da luz en temas que en general son subjetivos por el exceso de información; da el paso que siempre se le agradece a un intelectual: que se pronuncie en un tema del cual no es experto, pero del que puede investigar. Así, desde su curiosidad indaga el tema de nuestro presente en donde vivimos muchísimo más a través de fotografías de nuestras redes que de la experiencia y en el cual la inteligencia artificial hace un cerebro más perezoso. Pero Juan Villoro no sólo es un brillante intelectual, sino un escritor que ama la literatura y sabe que allí se ha encontrado, se encuentra y estará la presencia de lo humano: nuestra utopía más bella.