EL-SUR

Sábado 22 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Ciudadanía para la paz

Jesús Mendoza Zaragoza

Noviembre 16, 2015

Promovida por una red ciudadana, Acapulco por la Paz, ha arrancado ya la tercera edición de la Semana por la Paz en Acapulco, que mediante eventos y acciones públicas busca sensibilizar a hombres y mujeres para que se sumen a la construcción de una ciudadanía para la paz. Conferencias, caminatas, conciertos, talleres, exposiciones pictóricas, foros y actos religiosos, tendrán lugar durante esta semana para visibilizar aspiraciones y acciones por la paz y para estimular a los ciudadanos a hacerse protagonistas de este gran desafío nacional y local.
Desde el año 1988, distintas expresiones sociales tuvieron la iniciativa de celebrar la Semana por la Paz en Colombia, y desde entonces han aprovechado este espacio para animar al país entero a construir los mil caminos necesarios para transformar a un país convulsionado por la violencia. Este país sudamericano ha logrado movilizar en este sentido a la sociedad en el tránsito difícil hacia la paz y tiene procesos económicos, políticos y sociales que van dando pasos hacia una futura reconciliación. En Acapulco se hacen esfuerzos ciudadanos para generar condiciones que nos hagan transitar hacia la paz, tan necesaria para el bienestar de todos.
Una característica de la Semana por la Paz es su origen y sentido ciudadano, y tiene como una de sus finalidades promover la ciudadanía para la paz, que consiste en ejercitar todos los derechos y obligaciones ciudadanas con un enfoque de construcción de paz. Y para comenzar bien, tenemos que reconocer un gran déficit ciudadano en todos los asuntos públicos, lo cual constituye una gran debilidad social que permite a los gobiernos, a todos los gobiernos, tomar decisiones arbitrarias al grado de convertirse en generadores de violencias en el país y, en muchos casos, hasta en aliados de las organizaciones criminales.
Por esta razón, los gobiernos no están en condiciones de ser factores de paz mientras no respondan a las demandas de los ciudadanos y mientras éstos no los obliguen o los empujen a hacerlo. Por ello, la ciudadanía para la paz es fundamental, tan fundamental que sin ella el país no saldrá del abismo violento en el que ha caído. Y la ciudadanía para la paz no es otra cosa que la ciudadanía llana que cumple con sus obligaciones y reclama sus derechos, pues se trata de una ciudadanía responsable que, desde los ámbitos individual o colectivo, hace su parte. Y una parte es, precisamente, tener el control de los gobiernos mediante acciones y mecanismos bien determinados y, sobre todo, una actitud de responsabilidad social.
Esta es una gran tarea, la que no es fácil ni se improvisa, porque tenemos deficiencias ciudadanas históricas y de mucho fondo. Tenemos, ciertamente, sectores ciudadanos que se comportan muy responsables de lo público, que inciden en acciones comunitarias y sociales, que desarrollan exigencias de derechos humanos y en su conjunto representan una importante contribución social. Esta ciudadanía ha madurado en cuanto a responsabilidad social y política y puede enfocar su actuación a modificar los factores generadores de violencias.
Pero por otra parte, tenemos una ciudadanía inmadura que se expresa sólo para lamentarse y repartir culpas pero se mantiene pasiva y no tiene disponibilidad ni para exigir sus derechos ni para cumplir sus obligaciones ciudadanas. Es una ciudadanía acomplejada, heredera de décadas o siglos de autoritarismo político que padece una baja autoestima cultural. Estos ciudadanos se repliegan en sus zonas de confort, por muy precarias que sean, pero no hacen la parte que les toca para contribuir a los cambios que se requieren en el país. Una ciudadanía así, por omisión abona a la violencia y sostiene situaciones que deterioran a la misma sociedad.
¿Cómo hacer que esta ciudadanía omisa se convierta en una ciudadanía responsable? Este es el gran desafío y la gran condición para que México salga de los círculos de violencia que padecemos. Por eso, hay que apostar a la ciudadanía para la paz, a la ciudadanía responsable, a la ciudadanía que exige derechos y cumple obligaciones, a la ciudadanía que vincula el bien propio con el bien común, a la ciudadanía que abandona la actitud cómoda del lamento y la victimización. Con una ciudadanía así, claro que se mueven los gobiernos por la fuerza de la exigencia y por el control ciudadano.
De los gobiernos no queremos ni caridades ni favores. Eso es lo que buscan los ciudadanos pasivos. De los gobiernos, queremos que simplemente cumplan con sus obligaciones, que garanticen los derechos humanos y se conviertan en aliados de los ciudadanos y de sus organizaciones. Entonces, los gobiernos estarán en condiciones de construir la paz. Pero esto sólo se logra mediante una fuerte ciudadanía para la paz.