EL-SUR

Viernes 20 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Ciudadanos, ¡a la política!

Héctor Manuel Popoca Boone

Diciembre 03, 2016

Hoy más que nunca se requiere la participación política de la ciudadanía, para sacar al país del hoyo negro en donde la han metido los políticos corruptos y apátridas que militan en el PRI, PAN y PRD principalmente. Las condiciones crecientes de inseguridad pública y descomposición social, empujan al ciudadano a buscar espacios más allá de los partidos, sea cual fueren estos, para manifestar su descontento. Particularmente los jóvenes. En su inmensa mayoría muestran gran repudio a la práctica de la política, porque es impunemente corrupta.
Hoy, muchas personas mayores, nos afanamos porque la juventud tome la estafeta del hacer un buen gobierno honesto, eficiente y con mucho compromiso social. En contrapeso a los gobiernos presentes de la mayoría de los partidos políticos que han privilegiado el pragmatismo y la conveniencia particular.
Lo único que los distingue es el grado de frivolidad, deshonestidad, hipocresía y cinismo que muestran en su desempeño. Tiraron por la borda los ideales, los principios, la ética y la congruencia, como cartas de navegación para llevar a buen puerto y por el mejor rumbo a ésta nave tremendamente abollada llamada México. Décadas de nefasto neoliberalismo han dado como resultado tamaña ruindad. Los menos escrupulosos y los más indecentes han sido los acaparadores de todo, a costa del patrimonio del pueblo.
Ya no es posible que la ciudadanía se mantenga pasiva y permita que tomen otros, las decisiones sobre su destino personal. En ese vacío de participación, los políticos pútridos y apátridas se solazan para hacer lo que quieren, sin rendirle cuentas a nadie. Tratan a la ciudadanía como autómatas susceptibles de comprarles su voto electoral, para que, conquistado el poder, gobiernen con frases mendaces, cantinflescas y totalmente desubicadas del infortunio popular; dedicándose a saquear las arcas públicas con una desfachatez que raya en lo grotesco, infame y criminal.
Ya no es dable que la ciudadanía siga despreocupándose de lo que pasa a su alrededor. En carne propia sufre ya las consecuencias de su desidia. No intentar explicarse y comprender el por qué estamos como estamos, provoca que seamos presa fácil de los malandrines que están afuera y adentro del gobierno, muchas veces en íntimo contubernio, si de rapacerías y criminalidades se trata.
Parafraseando al filósofo Fernando Savater: “En una democracia, políticos debemos ser todos”. La política no debe estar secuestrada y usufructuada por un pequeño grupo de políticos cortos de miras que son, al final de cuentas, los que deciden todo, con o sin el parecer ciudadano. Reconozcamos que la partidocracia, en nuestra onerosa democracia electoral, es producto de la apatía (dejar hacer y dejar pasar) de la ciudadanía. El repudiar la actual forma de hacer política no debe ser pretexto para alejarse de ella. A la larga sale más contraproducente y perjudicial que los políticos sin patria sigan adueñados de ella. Moldean como les place, a nuestra nación, estados o municipios.
Empoderemos a la ciudadanía en su deber de diseñar y construir el devenir de México. Construyamos una ciudadanía con principios y valores, participante y responsable, con capacidad para discernir y decidir por sí misma. Dejar en el abandono esa grave responsabilidad, es continuar caminando al desastre social y económico; llevándonos entre las patas, a las generaciones sucesoras, que han sido ajenas a nuestras estulticias políticas. Decidir que no queremos participar, es una posición socialmente suicida.
También hay que estar conscientes que no se puede enderezar la política a base de pregonar los buenos deseos. Eso no basta; porque la clase política corrompida no es una hermana de la caridad y no está dispuesta a dejar sus privilegios y canonjías. Cambiar el estado actual de las cosas, requiere de la transformación del ejercicio de la política misma. Recuperar lo que por origen democrático le pertenece a la ciudadanía. Rescatar aquello de lo que hemos ido abdicando paulatinamente. Y que otros han usurpado y prostituido para así determinar sobre la totalidad de nuestros derechos humanos.