EL-SUR

Martes 24 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Ciudadanos en acción

Héctor Manuel Popoca Boone

Abril 28, 2005

 

Sin lugar a dudas, la marcha ciudadana del domingo pasado, en la capital de la república, fue la más grande y numerosa que se haya visto jamás en nuestra historia contemporánea. La sociedad capitalina expresó su inconformidad pública sobre los atentados a la democracia y el acoso al buen gobierno en dicha macrópolis.

De nueva cuenta presenciamos una manifestación cívica en la que se movilizaron cientos de miles, en forma pacífica y civilizada, para dejar claro y evidente que hay pueblo consciente para rato. Fue silenciosa para hacerla más elocuente y no dar cabida a expresiones de rencor, amargura u odio. ¡Vaya forma de hacer política con madurez cívica! Creció la sensación de historia haciéndose en una mañana dominguera.

Una parte de los ciudadanos marchó para manifestar su apoyo a Andrés Manuel López Obrador; pero otra parte, también numerosa, lo hizo no tanto por estar con él, sino a favor de la democracia en México.

Lo hicieron en repudio de quienes están tratando de conculcarles el derecho ciudadano de escoger, optar y votar por aquel que consideren más idóneo para ocupar la Presidencia de la República. Patentaron su voluntad legítima e inembargable de ser partícipes activos de una democracia real y con vigencia plena.

Fue un rechazo masivo a la plutocracia y al presidente de la República en turno, que pretenden decidir quienes sí y quienes no pueden acceder a competir electoralmente por la más alta responsabilidad política del país. Exteriorizaron su negativa plena a que los poderosos de la política y el dinero decidan el futuro de las mayorías y el destino de nuestro país

Los movió la inconformidad por el abuso y torcedura de la autoridad, el poder y la legalidad, para fines políticos y económicos inconfesables de grupos particulares.

Salieron a la calle a expresar, con silencio aturdidor, el hartazgo de contemplar la arbitrariedad en el uso de las instituciones de procuración de justicia y de la instauración de procesos penales desmedidos, para excluir de la contienda electoral presidencial a un temido adversario político.

Socializaron en forma pública su inconformidad porque unos cuantos atentan contra la gobernabilidad democrática y la estabilidad institucional en que se desenvuelve la vida capitalina.

Exhibieron su hastío a los políticos que practican la simulación y la hipocresía política a expensas de una supuesta ignorancia y escasa comprensión del pueblo.

Es un hecho que la ciudadanía dejó de ser tolerante con las torpezas, tropiezos y atropellos que malévolamente ha exhibido el poder federal establecido. Con su andar por las principales avenidas de la ciudad, dejaron huella profunda de su frustración y decepción para con el grupo gobernante nacional: por su ineficacia y miopía política. Por su incumplimiento a los compromisos de campaña y por la ausencia de concreción de las expectativas generadas.

Pretendieron darle visibilidad colectiva al sentimiento de irritación popular, frente a la caterva de plutócratas y gobernantes federales que no quieren oír, ver ni reflexionar.

Extendieron calificación reprobatoria al gobierno de Fox porque hay cansancio de tanto espectáculo deprimente, pletórico de acciones perversas e injustas y propósitos vergonzosos, que han llevado al límite la condescendencia civil.

Porque la presidencia de la República ha desacatado el mandato popular conferido y desacreditado la investidura presidencial hasta la ignominia; al escamotear, impúdicamente, al pueblo el verdadero cambio democrático anhelado y el proyecto alternativo de nación esperado.

Simplemente para expresar, contundentemente, que la ciudadanía tiene dignidad y que está al tanto de un ultraje que si bien en este caso se personaliza en Andrés Manuel López Obrador, nos concierne y afecta a todos; ya que de permitir hoy esta villanía, mañana se posibilita que la sufra cualquiera.

En fin, la ocupación en forma pacífica y civilizada de las principales arterias de la capital mexicana fue más allá del respaldo a la precandidatura del jefe del Gobierno capitalino. Los que marcharon sintieron que habían perdido algo y habían sido despojados por alguien. Sencillamente la ciudadanía despertó y vio que el dinosaurio y el huevo de la serpiente seguían ahí.

 

PD: Hay que desafiar siempre nuestra imaginación para que nos permita permanentemente interrogar nuestra realidad. Octavio Paz.