EL-SUR

Lunes 24 de Agosto de 2026

Guerrero, México

Opinión

Claroscuros: Calderón en 45 días

Jorge Zepeda Patterson

Enero 14, 2007


A lo largo de mes y medio Felipe Calderón Hinojosa ha mostrar una amplia gama de
claroscuros en la Presidencia. Una mezcla de decisiones afortunadas y actitudes
cuestionables que dan cuenta de las fortalezas y debilidades que tendrá como mandatario.
Lo mejor hasta ahora ha sido su disposición para actuar. El mandatario “leyó” muy
rápidamente la irritación de la sociedad mexicana por la parálisis que caracterizó al
gobierno anterior. Vicente Fox prefirió abstenerse de buena parte de los temas polémicos,
con el propósito de no poner en riesgo sus índices de aprobación. Calderón, por el
contrario, ha mostrado que está decidido a arriesgarse y tomar posición con respecto a
asuntos delicados como Oaxaca, el narcotráfico o la crisis de la tortilla. Podemos coincidir
o diferir de la estrategia seguida en estos temas, pero es indudable que el panista no está
dispuesto a quedarse de brazos cruzados frente a la agenda nacional.
El “presidente electo” no ha escatimado esfuerzos para pasar el mensaje al país de que ya
hay piloto en la nave. Eso era importante porque Fox terminó convertido en un jugador más
en la disputa del poder. Con él, la Presidencia perdió su papel de árbitro general y dejó de
ser garante de los acuerdos pactados por las fuerzas nacionales. No tengo ninguna duda
de que el éxito o el fracaso del gobierno de Calderón dependerán en última instancia de su
capacidad para realizar un pacto decisivo con el empresariado del país. Necesita
arrancarles concesiones para lograr un crecimiento más acelerado pero sobre todo más
equilibrado. Sólo de esa forma conseguirá que México no termine incendiado por sus
rezagos y por la desigualdad. Para eso requiere que los empresarios cedan algunos
privilegios y se comprometan con objetivos de largo plazo en beneficio de la sociedad en
su conjunto. Pero la iniciativa privada no hará ninguna concesión mientras no perciba que
existe un líder capaz de garantizar acuerdos y compromisos.
En ese sentido, hay una estrategia escalonada en dos etapas por parte de Los Pinos:
primero, ganar legitimidad como árbitro general y como garante de la gobernabilidad. Una
vez obtenido un mínimo de credibilidad, la segunda etapa consistiría en convocar a las
fuerzas sociales para realizar los acuerdos de reforma que el país necesita. La estrategia
es correcta, pero la manera de instrumentarla, a mi juicio no ha sido la más afortunada.
Antes de pasar a los negros del arroz, un acierto adicional: Calderón parece haber
abandonado el papel que impulsó el gobierno de Fox y que lo llevó a convertirse en
alcahuete de los intereses estadounidenses ante América Latina. La disposición para
limar asperezas con Venezuela y Cuba, al margen de la declaracionitis de estos gobiernos,
permite abrigar esperanzas de que México pueda recuperar su liderazgo político en el
continente.
Por lo que toca a los desaciertos, el más visible es el espaldarazo que dio al “gober
precioso” Mario Marín al visitarlo esta semana, en vísperas de su segundo informe de
gobierno. En febrero pasado, durante la campaña, Calderón había encabezado a los
diputados panistas poblanos para exigir la destitución y el juicio político en contra de Marín.
En aquella ocasión no ahorró epítetos para denunciar al gobernante corrupto. Si bien es
cierto que como presidente debe recorrer todo el país, escoger a Puebla como una de las
primeras entidades para tomarse la foto con su gobernador, hace de Calderón un político
acomodaticio y poco confiable. Sólo puede significar dos cosas: que es un funcionario
dispuesto a sacrificar principios y ética a cambio de ventajas políticas; o que está
demasiado maniatado por los grupos de poder que le rodean.
Una segunda pifia es la intervención parcial en el caso de Oaxaca. Es importante que
Calderón sea percibido como presidente de todos los mexicanos y no sólo de sus aliados.
La detención de los líderes de la APPO con lujo de fuerza y con reiteradas violaciones de
derechos humanos, es una medida facciosa si no va a acompañada de la investigación de
los crímenes cometidos por el bando de Ulises Ruiz. La reinstalación del “orden público”
mediante la fuerza, sin la impartición de una verdadera justicia, ofrece ganancias
inmediatas pero siembra futuras tempestades.
Con respecto a los sectores sociales desprotegidos y el riesgo de inestabilidad que ellos
representan, Calderón parece estarse moviendo en una estrategia en tres direcciones. Con
relación al PRD y la izquierda política, ha preferido mantener una cautelosa distancia, en
espera de que las aguas postelectorales se tranquilicen. Por otra parte, ha anunciado
algunas acciones (seguro médico, primer empleo) que a largo plazo podrían tener algún
beneficio. Sin embargo, la parte sustancial (presupuesto y políticas públicas) dejan muy
mal sabor. La mano de la derecha panista se observa en la cancelación de todo lo que
esté relacionado con las ONGs y la participación de la sociedad. Hay un desmantelamiento
de las políticas públicas que fueron impulsadas en Sedesol y en la Secretaría de Salud por
Josefina Vázquez Mota y Julio Frenk. Calderón dejó en manos de la derecha radical la
atención del sector social, justamente el flanco donde habría necesitado mayor
sensibilidad y compromiso con los necesitados.
A mes y medio de gobierno, Calderón ofrece un balance de claroscuros. Su mayor acierto
es que está dispuesto convertirse en un presidente dinámico y activo. Su mayor desacierto
es que todavía no demuestra que su presidencia será para todos y no sólo para los que lo
colocaron allí. Frente a ese panorama, la suerte de Calderón parece estar declinando. La
caída del precio del petróleo, el precio internacional del maíz y la desaceleración de la
economía estadounidense son malas noticias para México y peores aún para su
presidente, pues verá restringidos sus márgenes de maniobra. Calderón tendrá que
depurar errores y acelerarla la estrategia para establecer su liderazgo: las tormentas
llegarán antes de lo que se había pronosticado.

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