EL-SUR

Martes 23 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Claudia, mejor que Andrés

Silber Meza

Octubre 04, 2025

En su primer año de gobierno, a Claudia Sheinbaum Pardo le ha ido mejor que a Andrés Manuel López Obrador, su mentor. No tengo duda que lo ha hecho mejor que él. Y hay mucha gente que lo cree. En una encuesta de Enkoll para el periódico El País se hizo el comparativo. La pregunta fue “¿Usted aprueba o desaprueba el trabajo de Claudia Sheinbaum como presidenta de México?” Ella logró 78 por ciento de aprobación, mientras que él obtuvo 72 por ciento. Y vaya que AMLO fue popular.
Es verdad que López Obrador fue el que allanó el camino para que Claudia llegara a la silla presidencial, y también es el creador de este modelo exitoso de la llamada Cuarta Transformación apalancado en los programas sociales. Pero un gran mérito de la presidenta ha sido tomar las políticas exitosas del tabasqueño, aumentar algunos programas sociales e incluso corregir los errores del expresidente sin decir que corrige los errores del expresidente. Por convicción o conveniencia, a AMLO no lo puede tocar.
Cuando Enkoll hace la pregunta “¿Cuál considera que es el principal logro de Claudia Sheinbaum como presidenta de México?”, la respuesta con mayor repetición apunta a los programas sociales: el apoyo a adultos mayores, mujeres, indígenas y becas de estudios.
El combate a la inseguridad se ve, pero la gente aún no siente que se avance. Y es que sólo 7 por ciento lo considera un logro destacado, mientras que 52 por ciento piensa que la inseguridad y el narcotráfico son los principales retos de México. También contrasta el hecho de que Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, sea el elemento del gabinete con más aprobación: 77 por ciento lo reconoce, apenas 1 por ciento menos que a Sheinbaum.
Y este contraste de cifras aparentemente contradictorias nos muestra, por un lado, un secretario popular al que se le ve en el terreno enfrentando a la delincuencia, y por otro una realidad que muy poco ha cambiado a pesar de los esfuerzos. Como lo hemos dicho en esta columna, le echan ganitas, pero simplemente no cambian las cosas. Aún.
Y ese es uno de los diferenciadores con López Obrador: mientras en el sexenio anterior se anclaron a la fallida política de los “abrazos, no balazos”, que en realidad fue una estrategia de cero actuación, de brazos caídos, en este gobierno sí se ven acciones de inteligencia, coordinación mayor con las agencias de Estados Unidos –aunque no lo quieran reconocer en su magnitud–, operativos de detenciones y mayor presencia de seguridad. Sea con marinos, militares, guardias nacionales y preventivos federales. Y, eso, confío, hará una diferencia en el mediano plazo.
El combate a la corrupción es otro elemento que con López Obrador tampoco se tocó. El expresidente se basó en una política de la venda en los ojos, en creer que si él no era corrupto, los demás tampoco lo serían; en predicar con el ejemplo. Algo que no salió muy bien.
La oposición no cree que AMLO no sea corrupto, pero en la actualidad no tenemos elementos para acusarlo de ello, mientras que personajes muy cercanos a él ya se han vuelto indefendibles. Y esto es otra diferencia con la presidenta.
El primero y más destacado personaje ligado a la corrupción es Adán Augusto López Hernández. AMLO lo llamó “hermano” en muchas ocasiones; se conocen tan bien, que dicen personas cercanas que el padre de Adán también fue una especie de segundo padre de Andrés. López Obrador trató en serio de convertirlo en presidente, pero Adán no dio el ancho. Primero lo convirtió en gobernador de Tabasco, después en un poderoso secretario de Gobernación, más tarde lo hizo presidenciable, y una vez que no despegó, lo impuso como coordinador de senadores de Morena.
El escándalo de Hernán Bermúdez Requena, secretario de Seguridad con Adán Augusto y líder del grupo criminal La Barredora, lo dejó salpicado de corrupción. Esto, además del escándalo difundido por N+ de Televisa que reveló ingresos no declarados y no justificados del senador tabasqueño.
Otro gran escándalo que diferencia a la presidenta es el combate a la estructura de corrupción del “huachicol fiscal”, así sea en las protegidas fuerzas armadas. La realidad es que esto ha tocado a las más altas estructuras de la Secretaría de Marina: dos sobrinos del ex secretario, Rafael Ojeda Durán, como los grandes operadores de una mega estructura de corrupción y crimen organizado. ¿Ojeda lo sabía? Sí, claro. Hay todos los elementos para creerlo. ¿Ojeda los apoyó? No lo sabemos, pero es difícil de creer que hayan crecido tanto sin el aval del tío Rafa.
Claudia va mejor que Andrés.