EL-SUR

Lunes 24 de Junio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Claudia, Xóchitl y el Papa

Silber Meza

Febrero 17, 2024

Que Xóchitl pidió primero la cita con el Papa; que Claudia tuvo un mensaje de gobernante; que a una candidata la recibió mejor que a la otra; que una fue más amena que su contendiente. Los equipos de campaña de las candidatas del partido gobernante y del frente opositor han echado a andar una fuerte estrategia para canalizar las simpatías que tiene el papa Francisco.
Aún no se sabe qué tanto les va a beneficiar. Lo que sí estamos viendo es un endurecimiento de las posturas: Xóchitl ha decidido levantar los guantes al punto de dar por hecho el presunto vínculo de Andrés Manuel López Obrador con el narcotráfico, y Claudia ha optado por pelearle a su oponente todos los espacios de la arena pública, a pesar de tener una presunta amplia ventaja en las encuestas de opinión. La visita con el papa era uno de ellos.
Jorge Álvarez Máynez, de Movimiento Ciudadano, no alcanzó boleto en el Vaticano.
Un amigo me comentó, en forma de broma, que esperaba que el Papa mandara un poco de ayuda divina para los mexicanos. Y es que a como está el país en materia de inseguridad necesitamos agarrarnos de todos lados, dijo.
Es verdad que el país parece una olla a punto de explotar. Tal vez ya esté en explosión. Y no se trata de que el residente de Palacio Nacional lo acepte o no, o que nos salga con que los números de asesinatos van a la baja. La realidad del país se impone.
Antes, justo cuando iniciaba la “guerra contra el narco” de Felipe Calderón, recuerdo que contábamos los estados violentos: Sinaloa, Baja California, Chihuahua, Tamaulipas, principalmente. Pero poco a poco fueron despertando estados que tenían una calma chicha o se armaron lugares donde la violencia del narcotráfico era ajena a sus días. Ahora nos preguntamos qué estado de la República no tiene violencia del crimen organizado, qué estado tiene una paz medianamente aceptable. Hay veces que se complica sumar más sitios que los dedos de una mano.
Chiapas, por ejemplo, está viviendo (sufriendo) una verdadera arremetida del crimen organizado. Por un lado el Cártel Jalisco Nueva Generación y sus aliados presionando a las estructuras establecidas, buena parte de ellas identificadas con el Cártel de Sinaloa. Tomando rutas, cobrando piso y derecho de paso. Y los de Sinaloa obligando a muchas personas a manifestarse a favor de ellos. Autoridades estatales acusadas de tener fuertes vínculos con el crimen y sin capacidad para deslindarse de los señalamientos, el Ejército invadiendo zonas de pobladores que los rechazan porque les tienen miedo. Desconocen las intenciones de sus campañas.
En Michoacán y Jalisco van varios pasos adelante en materia criminal. Han decidido emplear fuertemente los drones con explosivos, colocar minas antipersonales y establecer con tecnología talleres de creación de armas. Mientras México avanza en su demanda contra las armerías en Estados Unidos, mientras nuestro país logra lentamente presionar a los políticos estadunidenses de que deben regular de mejor manera el tráfico de fusiles, los criminales en México aprenden a crear su propio armamento para cuando llegue el día en que se acabe la facilidad del tráfico.
En Sinaloa acaban de reconocer las autoridades que el crimen organizado se pone de acuerdo con trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) para que los recibos de energía lleguen alterados a grupos empresariales a los que extorsionan. La estrategia es que el recibo llega con una cantidad que representa 20 por ciento del consumo real, eso lo paga la empresa a la CFE, y el crimen cobra una cantidad adicional por el “favorcito” de alterar los medidores.
Y es verdad que todos los días, insisto, nos dicen que el país va bien, que como nunca la gente está recibiendo apoyos sociales, que la inversión extranjera directa está disparada y tiene una proyección de crecimiento, que las grandes obras del sureste están levantando la economía de los sectores olvidados y muchas historias más que podrían ser ciertas, sin embargo hay un elemento fundamental al que no se le toma importancia real en Palacio y ese es el de la seguridad. No basta con que veamos una y otra vez las estadísticas de violencia creadas por el gobierno federal, los gobiernos estatales, es necesario que el presidente salga a la calle a ver, no a que lo vean; es necesario que salga a oír, no a que lo oigan.