EL-SUR

Sábado 18 de Mayo de 2024

Guerrero, México

Opinión

Claudio Magris: la guerra y el arte

Adán Ramírez Serret

Agosto 03, 2018

 

Publio Ovidio Nasón, mejor conocido para la historia de la literatura simplemente como Ovidio, a secas; escribe en sus Metamorfosis que deseaba un desarrollo “perpetuo” de sus poemas. Entrecomillo la perpetuidad no porque la ponga en duda, sino porque luego de algunos milenios, los filólogos se dieron cuenta –y se pusieron de acuerdo luego de extenuantes y sesudas discusiones– que cuando Ovidio escribe perpetuo, no se refiere, como su compatriota Horacio, a que perduren en el tiempo; sino a que estén conectados sus poemas entre sí. Es decir: que las transformaciones tengan una concordancia temática. Unir lo que usualmente esta disociado.
Esta es una idea tan moderna, que la retomaron los filósofos de la Ilustración, como Diderot o Voltaire al hacer la Enciclopedia, en la cual el conocimiento, la Paideia, estuviera encadenado en ciclos, círculos que unieran todo conocimiento entre sí. Una cadena gigante, en donde por medio de eslabones, el conocimiento completo de su tiempo, estuviera unido. Pienso que es una idea moderna no sólo porque muchos principios de la Ilustración aún rigen nuestra vida actual; sino porque, sin intentar ser iconoclasta, es algo similar a lo que hicieron Los Beatles en 1968 cuando lanzaron uno de los más grandes discos de rock de la historia, Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, vinil en el cual cada canción está conectada con la otra, no sólo (que ya es mucho) de manera temática, sino también de manera musical: en el tono que termina una canción, comienza la inmediata.
Pienso esto a partir de Claudio Magris (Trieste, 1939), uno de los autores más eruditos de la literatura contemporánea quien sorprendió al mundo en 1985 con su libro El Danubio. Me refiero a esta obra en término abierto pues es una mezcla de muchos géneros, entre los cuales conviven la historia, los libros de viajes, la filología, la filosofía, la novela, la ficción y el ensayo. Digo que sorprendió al mundo, porque Claudio Magris ya era un filólogo reconocido en el mundo académico por ser un germanista formidable y traductor, nada más y nada menos, que de Ibsen, Kleist y Schnitzler, por tan sólo mencionar algunos. Y creo que el asombro vino (lo digo sin dejar del lado jamás la erudición que a título personal siempre me impresiona), porque no se trata de tan sólo un conocimiento esquemático y profundo; sino que El Danubio es una asimilación de un rango de la cultura occidental que va desde la literatura romana a la contemporánea. Es un viaje deslumbrante por un río, por la literatura y la historia, en las cuales ha proliferado el arte y la cultura.
Su más reciente entrega, No ha lugar a proceder, es una auténtica obra maestra. Sobre esta, la crítica ha dicho: “Es un poema épico, político, religioso, poético, que se nutre del tormento, del dolor, del deseo de aventura y de la muerte”. En efecto, es una novela que pone en escena la violencia, las guerras que asediaron el siglo XX a Europa, África y América.
Es una especie de exposición, de novela construida por muchas historias y muchas voces, en donde se intenta hacer un museo de la guerra. Claudio Magris de quien el pensador estadunidense George Steiner ha dicho que “en estos tiempos bárbaros de la historia, la obra y la presencia de Claudio Magris son indispensables”, logra en No ha lugar a preceder el sueño de Borges en la cual una historia contenga todas las historias; escribir sobre una guerra para habla de La Guerra. Se lee en la cuarta de forros No ha lugar a proceder de Magris: “Una novela sobre la capacidad del ser humano para generar horror, pero también sobre la necesidad de la memoria y del amor y del combate contra la barbarie”.
Claudio Magris logra en este libro que la violencia y el arte habiten un mismo espacio, un mismo mundo, con el único fin de crear una obra de arte. En esta novela redescubrimos algo terrible y maravilloso: los actos humanos, como la guerra y el arte, no son dos vías alternas, sino dos caras de una misma moneda.
(Claudio Magris, No ha lugar a proceder, Barcelona, Anagrama, 2016, 384 páginas).