Gaspard Estrada
Mayo 27, 2026
La publicación de las últimas encuestas de intención de voto ha confirmado que la campaña presidencial colombiana de 2026 ha entrado en una fase de máxima tensión política y volatilidad electoral. A una semana de la primera vuelta del 31 de mayo, el escenario ya no gira únicamente en torno al liderazgo del candidato oficialista Iván Cepeda, sino alrededor del ascenso del abogado y candidato de derecha radical Abelardo de la Espriella, que ha transformado el equilibrio de fuerzas en la recta final de la campaña.
Las encuestas más recientes muestran un panorama extremadamente ajustado. Según AtlasIntel y el Centro Nacional de Consultoría, Cepeda sigue liderando la intención de voto con cifras que oscilan entre el 33 y el 39 por ciento, pero De la Espriella ya aparece prácticamente empatado técnicamente con él, consolidando un crecimiento sostenido en las últimas semanas. La senadora uribista Paloma Valencia, que durante meses parecía la principal figura de la derecha, ha quedado relegada al tercer lugar.
El principal cambio político de esta etapa es precisamente la recomposición del espacio conservador. Mientras Valencia representaba una continuidad relativamente clásica del uribismo institucional, De la Espriella logró construir una candidatura más agresiva, emocional y antisistema, capaz de captar simultáneamente el voto duro de derecha y parte del electorado antipetrista desencantado con los partidos tradicionales. Su ascenso refleja una transformación más profunda de la política colombiana: el desplazamiento del debate desde el centro hacia una lógica de polarización más radicalizada.
Para el oficialismo, las encuestas producen una doble lectura. Por un lado, Iván Cepeda conserva el liderazgo y mantiene una base electoral sólida gracias al aparato territorial del Pacto Histórico y al respaldo de sectores populares urbanos y movimientos sociales. Por otro, el hecho de que prácticamente todas las encuestas muestren dificultades para imponerse en una eventual segunda vuelta revela el principal problema estratégico del petrismo: un techo electoral elevado y altos niveles de rechazo entre sectores moderados y conservadores.
La campaña ha dejado de centrarse exclusivamente en propuestas programáticas para convertirse en una disputa sobre seguridad, orden público y estabilidad institucional. La persistencia de la violencia armada, el deterioro de la seguridad en varias regiones y las controversias alrededor de la política de “paz total” impulsada por el gobierno de Gustavo Petro han favorecido claramente a los candidatos de derecha.
En este contexto, la figura de Cepeda genera una paradoja política. Aunque lidera la primera vuelta, su candidatura enfrenta dificultades para ampliar apoyos más allá del electorado progresista. De hecho, algunas encuestas sugieren que tanto De la Espriella como Paloma Valencia podrían derrotarlo en segunda vuelta. Esto obliga al oficialismo a intensificar esfuerzos hacia el centro político, un espacio donde candidatos como Sergio Fajardo o Claudia López siguen teniendo influencia, aunque con niveles de intención de voto relativamente bajos.
El otro gran fenómeno político es el debilitamiento de los partidos tradicionales. Liberales, conserva-dores y sectores históricos del centro aparecen cada vez más subordinados a una dinámica presi-dencial altamente personalista. La elección ya no parece organizada alrededor de maquinarias parti-darias clásicas, sino de liderazgos capaces de movilizar emociones fuertes: miedo, rechazo, identidad ideológica o deseo de ruptura.
Desde una perspectiva geopolítica, la campaña colombiana también refleja tensiones regionales más amplias. Estados Unidos observa con atención la elección, especialmente por sus implicaciones en seguridad, narcotráfico y cooperación militar. La posibilidad de una continuidad del petrismo o de un giro duro hacia la derecha tendría efectos directos sobre la política regional andina y sobre la relación de Colombia con Washington.
En definitiva, las últimas encuestas muestran que Colombia entra en la fase final de la campaña presidencial en un clima de fuerte incertidumbre y polarización. Iván Cepeda sigue siendo el favorito para la primera vuelta, pero el ascenso de Abelardo de la Espriella ha transformado la elección en una competencia mucho más abierta de lo previsto hace apenas algunas semanas.
Más que una simple elección presidencial, lo que está en juego es la orientación política y estratégica de Colombia tras el ciclo abierto por Gustavo Petro: continuidad reformista, corrección moderada o giro conservador duro. Y las encuestas sugieren que ninguna de esas opciones puede darse todavía por asegurada.
* Miembro de la unidad del Sur Global de la London School of Economics (LSE)
X: @Gaspard_Estrada