EL-SUR

Sábado 02 de Diciembre de 2023

Guerrero, México

Opinión

Comenzar por el final

Adán Ramírez Serret

Julio 27, 2018

 

Uno de los grandes alicientes para amar los libros, que por cierto debería ser mucho más usado para incitar a leer, es el placer. Y es que en la literatura se pueden encontrar diferentes tipos de búsquedas pero siempre, lo que prevalece, antes que nada, es el goce. Algo sin duda bastante singular, porque no solamente nos deleita la belleza o el aprendizaje de culturas y materias; también nos satisface leer sobre cosas oscuras, sobre crímenes, sobre catástrofes que sería espantoso vivir. Ya lo escribió hace más de 2 mil años Aristóteles en su Poética: que el gusto por ver una representación se encuentra en la imitación de lo real, en la mímesis. En fin, pues, que en el placer por la lectura nos descubrimos en algunos libros eróticos leyéndolos con una mano y en ciertas novelas policiacas deseando descubrir el mal dentro de los personajes con los cuales nos identificamos y desvelándonos hasta altas horas de la noche por satisfacer cierto morbo, cierto misterio en terribles asesinatos.
Esto último es lo que sucede con la exitosa novela debut del autor Riley Sager (seudónimo de un periodista y editor norteamericano del cual es imposible encontrar el nombre). Se trata de una obra misteriosa, como se puede ver, desde la misma naturaleza huidiza del autor. Una novela policiaca cargada de suspenso desde la primera a la última página.
Me fascina desde el inicio, pues comienza en donde usualmente terminan las novelas y películas de horror: el momento en que la última superviviente corre en medio del bosque, huyendo de un terrible sicópata que asesinó a su grupo de amigos en una cabaña a la mitad del sotobosque junto a una laguna. La chica, guapa por supuesto, blanca y joven, está a tal grado bañada en sangre, que su sexi vestido que antes fue blanco, ahora se encuentra completamente teñido de rojo.
Este no es ni siquiera el inicio de la novela, es tan sólo el prólogo, las primeras páginas que son el punto de arranque de la historia. En los primeros capítulos del libro conocemos a aquella chica que vimos bañada en sangre corriendo por el bosque. Descubrimos la cotidiana y terrible vida de quien ha vivido un suceso como el que Quincy Carpenter sufrió. Tiene dinero, un hermoso departamento en Nueva York y un esposo ideal; sin embargo, no puede hacer otra cosa más que estar encerrada todo el día cocinando pasteles para un blog personal.
Una de las cosas más difíciles de afrontar para Quincy, además de la obvia, del trauma que sufrió; es ser famosísima gracias a la prensa sensacionalista que puso su rostro en todos los periódicos del país; y por si esto fuera poco, la relacionó con otras dos mujeres que habían sobrevivido (una dos décadas y la otra una), a crímenes similares. Y, por si faltaba algo más, les puso un nombre: Las Supervivientes. Fue tan acertado este apodo, que las televisoras les hicieron ofertas millonarias para reunir a las tres en un panel de televisión.
Insisto, este es tan sólo el inicio, estamos en el primer capítulo y al parecer ya estamos al final de cualquier novela. ¿Qué más puede suceder?
Quincy Carpenter se identifica con las otras Supervivientes, se compadece de ellas, sin embargo, no tiene para nada ganas de conocerlas porque, de alguna forma, esto significa ir al pasado: revivir el sufrimiento. Y, a diferencia de las otras chicas que pueden hablar sobre el pasado, al grado que incluso una de ellas escribió un libro para exorcizar lo acaecido, para Quincy es imposible, porque simple y sencillamente no recuerda nada. Sí, desde el momento en que sucedió el primer asesinato hasta que huye por el bosque, la memoria de Quincy es un hoyo negro en el que por nada del mundo quiere sumergirse.
Me parece que una de las virtudes indispensables para una buena novela policiaca es que sea impredecible, que en cada vuelta de página nos espere una sorpresa. Lo cual, por cierto, no es tan fácil de encontrar. Sin embargo, Riley Sager nos lleva caminando en la oscuridad fascinados por los destellos, las sorpresas y los constantes cambios de dirección de la novela. Comenzamos por el final con todas las ganas de ir al principio. Caminando con placer hasta la última página.
(Riley Sager, Las Supervivientes, México, Alfaguara, 2018. 405 páginas).