EL-SUR

Sábado 20 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

Cómo incentivar la producción de maíz

Silvestre Pacheco León

Agosto 29, 2022

Es un regocijo recorrer los caminos del estado en la presente temporada de lluvias mirando la proliferación de las milpas con verdes y uniformes plantas de maíz que crecen en tierra limpia por obra del dedicado trabajo campesino y el milagro del fertilizante, el agua y el sol que han sido generosos durante el presente temporal.
De por sí el espectáculo del campo en el tiempo de lluvias es regocijante por la aparición de las diferentes tonalidades del verde con sus cerros bañados y limpios, surcados algunos por las cascadas que escurren como milagro de la naturaleza, todo digno de admiración.
Hace poco, después de estrenar el veloz libramiento construido desde la Sabana hasta Bajos del Ejido para salvar a los costeños del caótico paso por Acapulco, pasando El Ocotito nos vimos forzados a dejar la autopista por el accidente de una pipa volcada e incendiada, sin más remedio que utilizar la carretera federal desde Tierra Colorada hasta la capital para no quedarnos atascados.
A vuelta de rueda y armados de paciencia los automovilistas que dejamos la vía veloz pudimos disfrutar del paisaje en esa parte del estado donde las milpas se han multiplicado y su abundancia casi invade los caminos y hasta la carretera.
Ese espectáculo es parte de lo que se pierde viajando por la autopista que pasa alejada de los poblados, olvidándonos de la vida tan diversa que en esos lugares camina en otro ritmo.
En el valle de Iguala, por otras circunstancias, también disfrutamos desde la carretera federal del mismo espectáculo de los cultivos que uno no se cansa de ver.
Las plantas de calabaza y los surcos sembrados de frijol se pueden distinguir claramente entre los maizales desde la carretera, si se miran con curiosidad, y frente a ese espectáculo uno piensa en la enorme fuerza transformadora que puede tener una consigna asumida como imperativo en una sociedad.
El tamaño de los maizales difiere por los distintos regímenes de lluvia de las regiones y por la clase de semillas y variedades que se siembran, pero en general, su desarrollo no podría ser mejor, lo cual indica que si se mantiene el buen tiempo habrá una cosecha abundante, respondiendo al imperativo de combatir la dependencia de ese grano básico en la alimentación popular que ha pesar de tener su origen en nuestro país se ha dejado de producir en la cantidad que necesitamos, lo cual nos ha hecho depender crecientemente del exterior como el mismo caso de la gasolina.
En el campo ahora se ve el entusiasmo de la gente trabajadora que responde a la consigna de incrementar la producción como único camino para combatir a la dependencia que hoy tenemos como reto, después de haber permitido que el régimen neoliberal, desde el gobierno de Carlos Salinas, casi acabara con la riqueza que a todos nos enorgullecía como país.
Las cifras de esa dependencia que tenemos del exterior son estratosféricas porque para completar el volumen de maíz que se consume en el país el año pasado se gastaron mil 700 millones de dólares, apenas mil millones de dólares menos de lo que costaron todas las vacunas que el gobierno compró contra el coronavirus, y como es previsible que el precio del maíz, en vez de bajar, seguirá en aumento, se hace necesario buscar una solución para dejar de gastar tanto y no seguir con la dependencia que ahora nos ubica como el mayor comprador de grano en el mundo.
El año pasado se importaron 27 millones de toneladas para completar los 45 millones que consumimos. De toda esa cantidad nuestra aportación como estado ha sido de poco más de un millón de toneladas anuales que nos ubica en sexto lugar nacional en producción.
Por eso resulta importante atender la consigna del presidente Andrés Manuel López Obrador que decidió encarar dicho problema lanzando un apoyo inusitado para los campesinos temporaleros.
Para Guerrero determinó que todo el fertilizante requerido así como la semilla mejorada se distribuyeran gratuitamente entre los campesinos para aprovechar que la mayor parte de la superficie cultivable en el estado tiene vocación para el cultivo del maíz.
Independientemente de que no estén claras las cifras del incremento en la producción, las evidencias que se tienen apuntan a que se está creciendo en la superficie cultivada y también en el volumen del grano cosechado que ya alcanza para atender la demanda local, pero es más lo que se necesita para el resto del país.
Si bien en la narrativa del tema no debe olvidarse la falta de eficiencia en el reparto oportuno del fertilizante que ha provocado tomas de bodegas y saqueo, así como el enojo de grupos campesinos insatisfechos del trato oficial, y del descuido en el almacenaje, generando pérdidas y críticas contra la dependencia Segalmex que lo compra, así como el contrasentido de vender el grano cosechado aquí a otros estados mientras localmente los molineros denuncian escasez y presionan por el alza de la tortilla en el precio de la tortilla.
Lo cierto es que el incremento en la producción ya alcanzó la cifra nada despreciable de un millón 300 mil toneladas en la última cosecha.
Sin embargo, los especialistas en este tema señalan que la situación en el país se ha tornado crítica respecto al maíz porque la inflación que vive la economía ha disparado los precios de los insumos del cultivo, principalmente de los agroquímicos y del combustible influyendo negativamente en su rentabilidad porque los sembradores buscan siempre la mayor ganancia.
Los tecnócratas del gobierno de Carlos Salinas estaban convencidos de que al permitir el comercio de la tierra ejidal, si bien desaparecían los pequeños productores incompetentes proliferarían en el campo los medianos y grandes productores que acapararían la superficie ejidal con vocación maicera para elevar la producción y la productividad aprovechando las ventajas comparativas de México, pero en vez de que llegaran al campo los capitales para ampliar la cobertura del cultivo, quienes se aparecieron fueron los narcotraficantes que pronto se hicieron del control territorial para la siembra de estupefacientes.
Desde entonces, en vez de la bonanza llegó la violencia que se hizo cotidiana en el campo con sus desplazamientos forzados por la falta de oportunidades y empleo. La pobreza y el abandono del campo crecieron tanto que se normalizó el fenómeno de la emigración junto con la escasez del grano básico.
Por eso para volver a la autosuficiencia alimentaria el problema es mucho más complicado que el de los energéticos, de la gasolina y la electricidad pues la inseguridad es más grave en el campo que en la ciudad por lo extenso del territorio y la dispersión de los poblados que dificultan la presencia de las instituciones de seguridad pública.
De ahí la propuesta de que el gobierno federal incorpore a los productores de maíz en su estrategia de seguridad a partir de su organización comunitaria, como lo hizo el cardenismo que salió en defensa de los campesinos frente a los guardias blancas y el asedio de las haciendas.
Organizados de manera comunitaria a fin de reconstruir el tejido social se podrá reforzar la cultura alimenticia que nos da identidad, impidiendo que las empresas trasnacionales nos dominen totalmente desde el estómago con su invasión de alimentos chatarra.