EL-SUR

Sábado 22 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Con el agua al cuello

Jesús Mendoza Zaragoza

Abril 18, 2016

Iniciativas diversas se están dando en Acapulco para convocar a la sociedad civil con el fin de dar respuestas al repunte de la violencia que se ha dado en los últimos meses. Por un lado, la presidenta de de la Asociación de Comerciantes Establecidos de la Costera, Laura Caballero Rodríguez, anuncia un encuentro de al menos 50 organizaciones con el fin de generar acuerdos colectivos ante el impacto económico y social de la violencia.
Por otro lado, el presidente municipal de Acapulco, Evodio Velázquez ha convocado a organizaciones de la sociedad civil, entre las que sobresalen colegios de profesionistas y cámaras empresariales, para proponer un movimiento “para limpiar a Acapulco, recuperar la armonía, la paz y el progreso”. Esta iniciativa es del gobierno municipal y busca involucrar a sectores importantes de la sociedad en programas oficiales.
Desde luego que el hecho de convocar a la sociedad para armar respuestas conjuntas ante la violencia que golpea a Acapulco es una buena señal y ojalá surjan nuevas iniciativas que dejen atrás la indiferencia y el individualismo. Hasta ahora, nuestra sociedad se ha comportado de manera muy tímida e inmadura ante los destrozos de la violencia y ya es tiempo de salir de ese marasmo que la ha frenado para asumir la responsabilidad social que le toca.
Ya es hora de que entendamos que, desde hace mucho tiempo, todos hemos sido responsables de esta situación que tanto nos aflige y que es necesario hacernos cargo de la solución. Se requiere una profunda responsabilización social. Sin la sociedad nada bueno podemos esperar. Al mismo tiempo, nadie debiera excluirse de esta responsabilidad. Nada ganamos con nuestros aislamientos o protagonismos. Todos nos necesitamos. Y necesitamos a todas las instituciones como las empresas, las escuelas, las universidades, los sindicatos, las iglesias y demás. Cada quien puede dar una magnífica contribución desde su propia perspectiva. De hecho, la violencia nos ha arrebatado la convivencia social porque, en parte, estas instituciones no han funcionado con un sentido social.
Ya es hora de que entendamos que, si bien, estamos en una situación de emergencia, pues al agua nos está llegando al cuello cuando la economía de las familias y de las empresas está amenazada por la delincuencia organizada, hay que generar respuestas para esta emergencia.
Tanto la iniciativa de Laura Caballero como la del presidente municipal están enfocadas a la emergencia cuando hay situaciones de alto riesgo para las personas, las familias y las mismas instituciones. Pero no hay que perder de vista que la violencia es un cáncer que se nos ha metido en las venas mismas de la sociedad desde hace décadas y tenemos que pensar en procesos para extirparlo o reducirlo, al menos. Y esto se hace a largo plazo. Por lo tanto, si hay organización para la paz, no es suficiente pensar en la emergencia, en los efectos dolorosos de la violencia, sino en medidas preventivas para tocar sus causas. No podemos pensar en una movilización social solo para superar este repunte de la violencia. Tenemos que mirar a lo lejos y aprovechar esta oportunidad para una verdadera transformación social, que es lo que necesitamos.
Y ya es hora de que entendamos que se requiere plantear una relación justa entre sociedad y gobierno, que tienen una naturaleza diversa y responsabilidades diferentes. No sería aceptable la subordinación de la sociedad civil a los programas del gobierno, la que expresa un esquema inoperante de nuestra precaria democracia. El gobierno está al servicio de la sociedad civil, la que no es un apéndice del sistema político y en este sentido, hay una primacía de la sociedad en relación con los gobiernos. Tiene que darse una relación de recíproca interdependencia y de colaboración pero no de subordinación social. Es positivo que el gobierno municipal convoque y haga planteamientos y presente iniciativas, pero la sociedad civil no está para dejarse uncir al aparato gubernamental. Ya es hora, pues, de hacer verdaderos ensayos democráticos en los que la sociedad mandate a sus gobiernos.
Por otra parte, nuestro sistema político ha mostrado un dramático colapso al grado de que es parte del problema porque no funciona en favor de la sociedad. Es aquí donde la sociedad civil tiene que meter la mano para redirigirlo. El camino hacia la paz pasa necesariamente por la transformación de los gobiernos y de todo el sistema político. Pasa, pues, por el avance democrático. Ese es el gran desafío de la sociedad civil: empujar a los gobiernos para que funcionen en favor de la sociedad. En la medida en que nuestra democracia sea más real y participativa, en esa medida tendremos mejores condiciones para resolver, de fondo, la situación de zozobra que ha generado y desarrollado la delincuencia organizada que ha cooptado a gobiernos y a otras instituciones.
Ahora que el agua nos está llegando al cuello nos toca reconocer que estamos ante una oportunidad para asumirnos como ciudadanos y para hacer la parte que nos toca en la construcción de nuevas condiciones de vida que favorezcan la convivencia social y la paz. El reto está en que no solo pensemos en bajar un poco el nivel del agua que nos anega sino en reducirla al máximo mediante una transformación social más justa e igualitaria.