EL-SUR

Lunes 20 de Mayo de 2024

Guerrero, México

Opinión

Concurrencia

Arturo Martínez Núñez

Octubre 18, 2005

Concurrencia es una de las palabras claves en la nueva forma de hacer gobierno. La semana anterior se firmó un convenio de concurrencia en materia de desarrollo rural entre diversas secretarías del gobierno.

La idea parece simple y se trata de cada una de las secretarías aporte una parte su presupuesto para crear bolsas comunes con las que se puedan apoyar proyectos realmente detonadores del desarrollo.

Anteriormente cada dependencia estatal utilizaba su presupuesto en esfuerzos aislados que lo único que conseguían era que el poco recurso para el desarrollo, se pulverizara aún más y que los dineros terminaran dilapidándose en la compra y reparto de chucherías que calmaban la necesidad de hoy, a cambio de postergar la solución del mañana.

Si tenemos que, por ejemplo, una parte importante de la población rural guerrerense es a la vez joven, mujer e indígena; y que tiene necesidades en las materias de desarrollo rural y social, sería por lo menos insensato –cuando no criminal– que cada secretaría por su lado, intentara atender unilateralmente la parte del problema que le corresponde. El resultado sería –como hasta ahora lo ha sido– la multiplicación de los palos de ciego y en muchos casos la duplicidad de competencias y el desperdigamiento presupuestal.

Una de las principales responsabilidades de los gobiernos –más aún cuando el presupuesto es escaso y se depende en gran medida de un actor externo, en este caso la federación– es lograr que el presupuesto se emplee de manera correcta. Y la manera correcta es la manera eficiente.

La rendición de cuentas, no significa meramente, la verificación contable del uso de los recursos. Es un concepto que va mucho más allá e implica la implementación de las políticas públicas adecuadas que consigan que los recursos públicos se utilicen con ingenio, creatividad e inteligencia.

No robarse el dinero, no significa gastar adecuadamente. Es tan solo una parte del problema. Pero no podemos darle carácter de excepción a lo que debe de ser norma. Un gobierno puede ser todo lo transparente, limpio y eficiente que se quiera, y aún así continuar mal gastando –y en consecuencia malversando – los dineros públicos.

Por eso es sumamente importante que las distintas entidades que manejan presupuestos públicos, encuentren vías de concurrencia para poder crear bolsas comunes para el combate de problemas comunes. Cada dependencia tiene que establecer una vía de comunicación con su contraparte federal –e incluso mundial–, para investigar qué programas hay en común y así evitar corretear desordenadamente a la misma presa.

Construir la concurrencia implica además, que los beneficiarios de los programas en cuestión, participen activamente por un lado supervisando y acompañando la ejecución, pero fundamentalmente aportando una parte en la construcción de las bolsas financieras. Nadie es tan pobre, que no pueda aportar siquiera su mano de obra.

Se acabaron los tiempos en que el gobierno omnímodo decidía qué, en qué lugar y cuándo se construía o se implementaba tal obra o programa. Hoy las comunidades y las regiones, asesoradas por los gobiernos, tienen que priorizar las obras que se necesitan, pensando de abajo hacia arriba y del 1 al 2. Esto significa más o menos que se tiene que atender primero a los que nada tienen y atacar primero los problemas fundamentales antes que construir obras de relumbrón. El gobierno no puede construir la iglesia de un pueblo al que le falta el camino. No se puede construir la secundaria sin poner primero el pre-escolar; y no puede atender la problemática laboral de una comunidad donde ni siquiera hay empleo.

Así, el punto de partida debe de ser la concurrencia de todos los actores para lograr un objetivo común. Lo importante no es quién anote el gol, sino que triunfe el equipo. O como dice Felipe González, “…que el gato sea blanco o sea negro, a la gente le importa muy poco. Lo que le importa a la gente es que cace ratones” .

Posdata

Patricia Toscana terminó su ciclo al frente de RTG. La evaluación de su gestión le tocará a las instancias correspondientes, pero principalmente al público guerrerense. Cualquier cargo de responsabilidad tiene claroscuros, sin embargo, el balance de Toscana al frente de RTG arroja un saldo positivo. No obstante, todos los ciclos llegan a su fin y son las instituciones y no los individuos, las que deben prevalecer por encima de las coyunturas políticas.

Las tribus perredistas no descansan ni un solo momento en su constante búsqueda de espacios políticos. Me parece al menos imprudente y anacrónico que los tiradores comiencen a pujar por objetos que aún no tienen precio. El electorado guerrerense acaba de demostrar en las urnas, que es mayor de edad y que ejerce su derecho al voto de manera concienzuda y reflexiva. El perfil de los candidatos, su historial y sus propuestas, serán fundamentales si se quiere conseguir una mayoría clara en el Congreso Federal. Aquellos que piensen que bajo la sombra de Andrés Manuel pueden alcanzar lo que de otra forma les resultaría imposible, se llevarán la decepción de su vida. Solo es necesario revisar los resultados del 2 de octubre para ilustrar lo que digo. El voto cruzado es el dato más revelador. Los que piensen que a través de las cuotas y los arreglos cupulares alcanzarán los escaños en automático tienen que pensar que lo que Natura no da, Peje no obsequia. La candidatura de Andrés Manuel necesita que sean los candidatos a diputados y senadores los que impulsen el Proyecto Alternativo de Nación y no que se conviertan en parásitos de la fiebre amarilla.

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