Octavio Klimek Alcaraz
Mayo 16, 2026
El Marco Mundial de Biodiversidad Kunming-Montreal establece una ambiciosa hoja de ruta para lograr la visión de un mundo que viva en armonía con la naturaleza para 2050. El objetivo 3 del Marco pretende aumentar la cobertura global de áreas protegidas y conservadas al menos hasta el 30 por ciento de la superficie terrestre y marina del planeta para 2030. 196 países, incluido México, asumieron compromisos formales para alcanzar esta meta durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Biodiversidad (COP15) en 2022. En consecuencia, para bien o para mal, un gran número de personas se verán afectadas por los esfuerzos para alcanzar el objetivo “30×30”.
La expansión global de las áreas protegidas para la naturaleza y la biodiversidad podría tener enormes consecuencias sociales. El impacto en las personas ya sea positivo o negativo, dependerá del contexto social de otras áreas y de cómo se gobiernen y gestionan. El número de personas afectadas y su identidad dependerán de los aspectos de la naturaleza que se prioricen para su protección; pero en todos los casos, este contexto humano debe ser una consideración clave para que los planes de conservación tengan éxito tanto para las personas como para la naturaleza.
En consecuencia, dependiendo de la estrategia, más de dos mil millones de personas vivirían en áreas sujetas a regulaciones más estrictas, muchas de ellas en regiones menos desarrolladas. Esta es la conclusión de un estudio publicado el pasado 12 de mayo en la revista Nature Communications (https://www.nature.com/articles/s41467-026-71860-8).
El estudio es liderado por investigadores del Instituto de Investigación para la Conservación de la Universidad de Cambridge y en el que participa un equipo internacional diverso de investigadores. Ellos investigaron quiénes se verían afectados por el objetivo internacional “30×30”.
A tan solo cuatro años de que finalice el objetivo y con menos del 20 por ciento de la superficie terrestre y marina mundial protegida, el equipo de investigadores prevé que los esfuerzos para alcanzar la meta 30×30 se intensificarán considerablemente. Se están llevando a cabo debates sobre qué áreas terrestres y marinas deben conservarse y cómo garantizar una implementación exitosa en todo el mundo.
Los investigadores examinaron tres escenarios para escoger áreas de conservación que posibilitarían que el mundo logre la meta 30×30, para revertir la disminución de la naturaleza y mejorar nuestra capacidad de adaptación al cambio climático: áreas con una biodiversidad especialmente elevada, áreas de relevancia significativa para conservar el agua o el clima, y territorios de poblaciones indígenas.
Para lograrlo, los investigadores combinaron mapas de áreas protegidas con conjuntos de datos sobre densidad de población, niveles de vida y medios de subsistencia. Entre otros datos, registraron el Índice de Desarrollo Humano (IDH), la extensión de la agricultura a pequeña escala, la ganadería y el uso de recursos naturales como la pesca extractiva o la recolección de plantas silvestres.
En un escenario diseñado para proteger la mayor cantidad posible de especies y ecosistemas diferentes, centrado en la biodiversidad, tendría consecuencias sociales de gran alcance. El 46 por ciento de la población mundial viviría dentro o a menos de 10 kilómetros de un área protegida. Alrededor de 2 mil 200 millones de personas vivirían dentro de las áreas protegidas de nueva creación, 29.9 por ciento de la población mundial, más de cinco veces el número actual a pesar de que el área es menos de una duplicación, y otros 2 mil 700 millones en sus inmediaciones. Además, muchas de las regiones afectadas se ubican en paisajes agrícolas densamente poblados.
Otros enfoques afectarían a menos personas en general, pero una mayor proporción sería socialmente vulnerable, lo que demuestra que las decisiones de implementación influyen profundamente tanto en el número como en el perfil social de las personas afectadas.
El segundo escenario basado en las Contribuciones de la Naturaleza a las Personas (NCP) se centra en la protección de grandes áreas de hábitat –principalmente en la Amazonía y el Congo– que brindan servicios naturales a personas de todo el mundo, como el ciclo de nutrientes y la captura de carbono. Se aumentaría la población residente dentro de áreas protegidas y conservadas a mil millones (13.5 por ciento de la población mundial) con 2 mil 300 millones dentro de 10 kilómetros de las áreas. La menor población en este escenario NCP en comparación con el escenario de alta biodiversidad refleja su configuración espacial con algunas áreas más grandes y contiguas en regiones con baja densidad de población.
El tercer escenario prioriza áreas con un importante valor de conservación que son gobernadas y gestionadas por pueblos indígenas y comunidades locales. Si bien este escenario afectaría a un número significativamente menor de personas que uno centrado en proteger al mayor número de especies, sin embargo, estas áreas presentan condiciones socioeconómicas desproporcionadamente precarias. En este escenario se aumentaría la población residente a 517 millones (6.8 por ciento de la población mundial), con mil 300 millones dentro de 10 kilómetros. En muchas áreas se presentan bajas puntuaciones en el Índice de Desarrollo Humano (74 por ciento) y alta participación en la explotación silvestre, el 91 por ciento de la población en las regiones tropicales utiliza plantas silvestres u otros productos naturales para su subsistencia.
“Si analizamos dónde podrían ubicarse los nuevos espacios naturales protegidos, vemos que no se trata de paisajes deshabitados; a menudo, allí vive mucha gente, sobre todo en países como el Reino Unido. La planificación de cambios en el uso del suelo para alcanzar los objetivos de conservación nacionales y mundiales debe tener en cuenta el impacto en la población local”, afirmó el profesor Chris Sandbrook, director del Instituto de Investigación para la Conservación de la Universidad de Cambridge y autor principal del informe (https://www.cam.ac.uk/research/news/support-local-people-to-protect-worlds-nature-new-report-urges-as-deadline-for-global-conservation).
“Además de los beneficios locales, las áreas naturales protegidas pueden absorber carbono de la atmósfera y ayudar a mitigar el cambio climático, lo cual, a gran escala, es de suma importancia para todos. Sin embargo, en muchos casos, son las personas que viven más cerca de las áreas de conservación quienes suelen sufrir las consecuencias negativas”, afirmó el doctor Javier Fajardo, investigador del Instituto de Investigación para la Conservación de la Universidad de Cambridge y primer autor del informe.
Añadió: “Si se alcanza el objetivo global de conservación de la manera correcta, podría ser realmente beneficioso tanto para las personas como para la naturaleza. Es un objetivo ambicioso, y para lograrlo necesitamos un compromiso igualmente ambicioso de apoyar a las comunidades locales, que son fundamentales para conseguirlo”.
Las áreas naturales protegidas, cuando se gestionan adecuadamente, pueden beneficiar a las comunidades locales. Por ejemplo, los bosques pueden prevenir inundaciones, dar acceso a un suministro sostenible de agua potable o a sitios culturales, las flores silvestres pueden sustentar a los insectos polinizadores de los cultivos, la recolección silvestre puede mantener los medios de subsistencia locales y el acceso a los espacios naturales es importante para el bienestar humano. Mientras que los costos pueden abarcar la imposibilidad de que las personas vivan en el área o la utilicen para extraer recursos.
Es decir, si bien las áreas protegidas podrían aportar beneficios a la población local, como ecosistemas más estables, también conllevan el riesgo de generar conflictos por el uso de la tierra y restricciones a las formas de vida tradicionales.
Por ello, el impacto final de las nuevas áreas de conservación dependerá de su diseño y gestión. Por ejemplo, existe una gran diferencia entre un parque nacional de conservación estricta y un área protegida en tierras indígenas. Independientemente del enfoque adoptado, garantizar que las comunidades locales no se vean perjudicadas requerirá una inversión sustancial y procesos que les permitan participar en la toma de decisiones, según indica el equipo del estudio.
El equipo de investigadores afirma que no existe un enfoque “socialmente óptimo” para la conservación de la naturaleza: el impacto en las personas variará enormemente dependiendo de las prioridades con las que se elijan las tierras para su protección y de cómo se gobiernen y gestionen los sitios seleccionados.
Por lo tanto, los investigadores de este estudio abogan por una mayor integración de estos factores en la planificación global de la conservación de la naturaleza. La expansión de las áreas protegidas debe ir acompañada de programas de desarrollo, ayuda financiera y una mayor participación de las comunidades locales. Se esperaría, que en México se implemente lo anterior.