Jesús Mendoza Zaragoza
Junio 30, 2025
A partir del asesinato de los jesuitas Javier Campos y Joaquín Mora, y el guía de turistas Pedro Palma, el 20 de junio de 2022 en la Sierra Tarahumara, así como del joven Paul Berrelleza Rábago, detonó un proceso desde lo local para ubicar las claves que permitan avanzar en la construcción de la paz, convocando desde la esperanza y la escucha a una amplia diversidad de actores.
Hace dos semanas se cumplieron tres años de ese triple asesinato, que tuvo lugar junto al altar de la parroquia de Cerocahui, cuando se originó una grande movilización de la Iglesia católica en México, a través de tres instituciones internas: la Conferencia del Episcopado Mexicano –que incluye a todos los obispos católicos de México–, la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús –los jesuitas que viven y trabajan en México– y la Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos y Religiosas de México –que incluye a las órdenes y congregaciones de religiosos y religiosas que trabajan en México.
Esta movilización generada desde la Iglesia católica cristalizó en el Diálogo Nacional por la Paz, que se ha institucionalizado para buscar la colaboración entre todos los actores económicos, políticos y sociales del país, y establecer las condiciones fundamentales para la paz en todo el país, gracias a la ubicuidad de la Iglesia católica hasta en el último rincón de México.
A lo largo de un año y medio, en la primera etapa, el Diálogo Nacional por la Paz ha compilado las voces y visiones de más de 20 mil personas y mil 600 instituciones en una serie de conversatorios y foros, en los que se analizaron los contextos locales sobre inseguridad y violencia, se abordaron temas como la reconstrucción del tejido social, la seguridad ciudadana y el sistema de justicia. Este esfuerzo colectivo le ha permitido a la Iglesia elaborar la Agenda Nacional de Paz, redactada y meticulosamente revisada por expertos en distintos campos estratégicos.
Posteriormente, los días 21 al 23 de septiembre de 2023, tuvo lugar en la Universidad Iberoamericana de Puebla el encuentro de quienes participaron en conversatorios y foros locales a lo largo y ancho del país, junto con autoridades municipales, académicos, universitarios, organizaciones civiles, expertos, empresarios y demás. De esa manera, el Diálogo Nacional por la Paz construyó una Agenda Nacional de Paz con 14 acciones locales para construir condiciones para reconstruir el tejido social, mejorar la seguridad y la justicia en nuestro país. Son acciones que pueden ser realizadas por grupos de pastoral, vecinos, maestros, empresarios, colectivos o jóvenes.
Hay temas relevantes en esta Agenda Nacional de Paz: impulsar el apoyo hacia las víctimas de la violencia, generar espacios de diálogo interinstitucional para la construcción de la paz, promover procesos de salud mental en las familias y comunidades para atender las secuelas de las violencias, promover en las escuelas una educación para la paz y ambientes que ayuden a una mejor convivencia social.
También, promover actividades para recuperar el espacio público como lugar de encuentro y la organización comunitaria para resolver las necesidades colectivas; impulsar programas de prevención y atención de las adicciones; realizar acciones de cuidado del medio ambiente; promover la participación de los ciudadanos en el diseño e implementación de las políticas de seguridad; promover la justicia restaurativa, mediación y resolución positiva de conflictos en las familias, las escuelas, las iglesias, las comunidades y el trabajo; reconocer, dignificar y recuperar el liderazgo de las policías municipales y comunitarias.
Dos cosas quiero resaltar sobre el Diálogo Nacional por la Paz.
Primera. Se construye la paz desde abajo. Desde abajo significa, desde las comunidades campesinas e indígenas, desde las colonias en las ciudades. Desde abajo significa desde las agrupaciones, asociaciones y organizaciones de la sociedad civil, desde las empresas, desde las universidades, desde las parroquias, desde los ciudadanos de a pie. Los gobiernos lo están haciendo –si es que lo hacen, porque muchas veces ni hacen nada, pues ni saben lo que es construir la paz– desde arriba. Tienen la creencia de que policías y militares son suficientes para construir la paz. Por eso, en las mesas estatales y la mesa federal de coordinación para la construcción de paz privilegian a militares y policías.
Segunda. Se construye la paz mediante el diálogo. Diálogos entre personas, entre comunidades, entre organizaciones y entre ciudadanos y gobernantes. Uno de nuestros grandes problemas en México es que no sabemos dialogar, pues no nos escuchamos. Los gobiernos no saben escuchar y los ciudadanos tampoco. La democracia es imposible si no hay diálogo ni escucha atenta. Por eso nuestra democracia está aún deficiente. Los partidos políticos no escuchan a los ciudadanos y nuestra democracia es más bien una partidocracia, que pone límites, grandes límites a las voces de los ciudadanos. El diálogo se da entre todos los actores sociales, económicos, culturales y políticos, y tiene que ser interdisciplinar.
En conclusión, necesitamos construir la paz desde arriba y desde abajo, mediante el diálogo acompañado de acciones sociales, políticas, culturales y económicas para acercarnos unos a otros, como una condición para que la paz llegue a nuestro país.