EL-SUR

Jueves 26 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Consulta, naturaleza y aeropuertos

Octavio Klimek Alcaraz

Octubre 27, 2018

Van algunas reflexiones sobre el tema de la consulta para atender el problema de saturación del aeropuerto internacional Benito Juárez de la Ciudad de México.
Leo, escucho y observo a los principales dueños del dinero del país, sus empleados en medios de comunicación, en el gobierno actual, em grupos de interés ligados a ellos, señalando que debe construirse el aeropuerto en los terrenos del lago de Texcoco, y apostando a reventar la consulta con todos los medios posibles, hasta ahora por fortuna no han apostado a la violencia. Entre sus principales argumentos con los que en mucho discrepo son:
Económicos: ya se invirtió dinero en el sitio del lago de Texcoco, los mercados nos van a penalizar si se suspende tan magna obra.
Técnicos: no hay opción posible, es el único sitio posible, ya los técnicos que sí saben dijeron que es ahí y sólo ahí.
Ambientales, no hay lago y todo impacto se puede mitigar o compensar;
sociales, hay fuentes de trabajo en la construcción y en su futura operación.
Por tanto, para quienes se oponen a la consulta, las consultas ciudadanas son ejercicios inútiles, ya que quienes deben decidir son los que sí saben de aeropuertos, y no los ciudadanos alejados de esas complejidades.
En mi opinión, todo este embrollo de dimes y diretes no debía haber sucedido si se hubiera desde un principio realizado un proceso de decisión serio, incluyente y confiable, que verdaderamente considerada la real integración de los aspectos ambientales para dar respuesta a preguntas básicas: ¿qué se requiere para atender el problema de saturación del aeropuerto internacional Benito Juárez de la Ciudad de México? Ligado a ¿cómo planificamos en el mediano y largo plazo la infraestructura de transporte de pasajeros y mercancía de manera integral en México? Por ejemplo, ¿en tiempos de mitigar emisiones por el cambio climático nuestra opción de futura movilidad serán los aviones o los trenes rápidos? Una respuesta técnica es que existen instrumentos poderosos a implementar en México, como es la evaluación ambiental estratégica de programas, que llevó varios años promoviendo su desarrollo en México.
De ahí que el pecado original se da cuando el actual gobierno por salir, en su más alto nivel decide ubicar una mega estructura, como es su proyecto de aeropuerto en el lago de Texcoco, en respuesta a la saturación del actual aeropuerto de la Ciudad de México. Ya con la decisión del sitio tomada deciden atender el trámite administrativo de realizar una evaluación del impacto ambiental del proyecto como de competencia federal. El camino es conocido, los responsables de implementar el proyecto presentan el documento de la denominada manifestación del impacto ambiental en su modalidad regional, se evalúa dicha manifestación por las autoridades de la Semarnat y se resuelve autorizar el proyecto en materia de impacto ambiental con diversas medidas de mitigación y compensación para justificar su megaproyecto, caro y con serios defectos en sus supuestos de planeación, empezando por los problemas de movilidad y creación de nuevos asentamientos humanos en un Valle de México ya saturado.
La manifestación del impacto ambiental en su modalidad regional es un caso clásico de justificar cualquier aspecto que pueda impedir una obra, en este caso la construcción del mega aeropuerto en el lago de Texcoco, evita y da la vuelta a todo aquello que ponga en duda la viabilidad ambiental del proyecto y la resolución de la Semarnat le auxilia, haciendo como que evalúa. Se han escrito multitud de artículos y textos académicos cuestionando sus insuficiencias, pero en nombre de la inversión y la ganancia económica todo es posible. En mi opinión, ante tales insuficiencias, conforme al procedimiento de evaluación del impacto ambiental era negar la autorización solicitada. Pero en el México real donde la ganancia económica inmediata domina esto fue lo contrario.
No se puede entender, que el Plan del Lago de Texcoco, que desde 1971 existe y buscaba el restablecimiento del balance hidrológico y ecológico del Valle de México, con años de trabajo e inversión pública ahora se pretenda destruir, con todas las consecuencias adversas para la población del propio Valle de México.
De hecho, el proyecto del aeropuerto en el Lago de Texcoco se presentó fragmentado, evita señalar y caracterizar claramente los impactos ambientales adversos fuera del propio sitio de la construcción, así no evaluó obras y actividades con impactos ambientales, que son parte integral del proyecto, como pueden ser nuevos asentamientos humanos, nuevas vías de comunicación, flujos de materia (agua, residuos) y energía, hasta las consecuencias del tiro de volúmenes enormes de suelos hipersálinos extraídos de la obra, o la enorme demanda de los bancos de materiales de tezontle y basalto para intentar atender los hundimientos previstos en pistas y la terminal aérea, todo esto con cambios de uso de suelo de terrenos forestales y graves afectaciones al paisaje y la biodiversidad.
Pero, hasta ahora, hablar de temas ligados a la elección del sitio del Lago de Texcoco, como pérdida de biodiversidad, seguridad hídrica en tiempos de cambio climático, características geológicas inadecuadas, destrucción de paisaje, problemas no resueltos de contaminación son no dignos de inclinar la balanza por el no, al sitio mal elegido. He escuchado comentarios cínicos de que no existe el Lago de Texcoco, cuando existen obras de inversión pública contra la naturaleza, que lo tratan de desecar y limitar. La lógica, es sigamos acabando con todo, cual modernos Atilas criollos. En esa lógica acabemos con nuestros lagos y humedales cómo Chapala, Cuitzeo, Pátzcuaro, Zirahuen, entre otros ecosistemas lacustres. Obvio, todo esto apenas se menciona o se minimiza en los medios controlados por quienes se benefician del proyecto.
Quisiera señalar, que tenemos serios problemas en la educación, ya que muchas veces pensamos por educación en forma lineal, ahí está el ejemplo de la regla de tres. Por ejemplo, pensamos que si destruimos ya el 40 por ciento del territorio de un valle vamos a afectar el 20 por ciento de las especies, y por tanto nos inclinamos a pensar que si acabamos con obras hasta llegar al 50 por ciento del territorio del mismo valle vamos a afectar sólo el 25 por ciento de las especies. Pero los ecosistemas son complejos, no tienen una respuesta lineal. Esto significa que no existe una relación proporcional entre la magnitud de una perturbación y sus consecuencias. Por ello, no sabemos si con simples acciones de mitigación y compensación va a ser posible responder a impactos ambientales mal evaluados o ignorados en un estudio. En un ejercicio de pensamiento complejo debería de suspenderse la obra en el Lago de Texcoco por el propio interés público, ya que los riesgos ambientales de continuar afectando lo que queda de la zona lacustre del Valle de México nos puede llevar a escenarios futuros no deseados.
Al respecto, estoy cierto que la conservación del entorno natural, la protección de los medios de vida humanos y la mejora del estado de la naturaleza y el paisaje sólo pueden tener éxito si los actores responsables actúan de la forma más coordinada posible en todos los niveles políticos y administrativos, persiguiendo objetivos comunes y desarrollando medidas adecuadas en sus correspondientes ámbitos de competencia. En el caso del aeropuerto del lago de Texcoco, no sucedió así, fallaron las instituciones federales, estatales y municipales.
Por todo ello, el nuevo gobierno debería conformar un grupo técnico con el más alto perfil intelectual, y sin conflicto de interés, que revisara formalmente este caso no sólo de la autorización ambiental del nuevo aeropuerto en el Lago de Texcoco, sino del propio proceso de decisión que nos ha llevado a este conflicto, no con un interés punitivo meramente, sino de tener lecciones aprendidas y no cometer los mismos costosos errores en otros megaproyectos. Hasta ahora, se ha estado haciendo muy mal la toma de decisiones para el futuro de México.
Finalizo señalando respecto a la consulta ciudadana, hoy cuando escribo no sé del resultado final. Me gustaría, que la gente saliera de ese esquema de que hay que seguir tirando dinero bueno al malo y votara en contra del aeropuerto en Texcoco. Ya que en la campaña de medios de los interesados en continuar el aeropuerto en el Lago de Texcoco cínica y sin pudor, la principal justificación para votar por la continuidad del aeropuerto en el Lago de Texcoco es que existe inversión, minimizando los sobrecostos a futuro económicos y ambientales. Simplemente no están internalizando no sólo los costos ambientales, sino los costos de mantenimiento para que el aeropuerto pueda operar ahí algunas décadas. Creo que los temas técnicos han pasado a un segundo lugar, que había sido la coartada en todo el centro del país no hay mejor lugar para aterrizar y ascender aviones que los terrenos del Lago de Texcoco, con frases soberbias de “los aeropuertos se deciden de arriba hacia abajo”, solamente, olvidando que los aeropuertos son primero que nada para servir a las poblaciones y no al revés. Pero si la mayoría de la gente decide seguir por la construcción del nuevo aeropuerto en el Lago de Texcoco, entiendo que habrán triunfado quienes están interesados en las grandes ganancias de la construcción del aeropuerto, y los terrenos en su entorno, pero sé que sólo será un tropiezo en una larga guerra por un mejor país. Si por el contrario la ciudadanía comprende lo que está en juego es su futuro y vota por un nuevo sistema de aeropuertos habremos avanzado en la lucha por un mejor país, aunque habrá muchas otras batallas.