Florencio Salazar
Marzo 02, 2026
No vale nada la vida, la vida no vale nada.
José Alfredo Jiménez
El ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, es más que una guerra. Es la confrontación de dos dogmas: el dominio imperial y la teocracia. Ambas desconocen el respeto a las diferencias. Es decir, al profundo sentido de la vida.
El dogma no admite opiniones ni razonamiento crítico. Significa la imposición de una forma de ser y pensar. A partir de las creencias propias se procura transpolar lo individual a lo colectivo; imponer los prejuicios como código y diseñar a la sociedad según el aparato del poder.
La paradoja del imperio democrático choca contra la hechura del cielo en la tierra. Ambos disponen de ejércitos en los mapas digitales de los estados mayores. En ellos, no existen vidas, sueños, aspiraciones, nada. Solo objetivos.
Más que la muerte de los líderes y el éxito de la estrategia de los atacantes; más que la respuesta de los ayatolas en contra de la población civil del vecindario; más que el llamado a los iraníes para liberarse del yugo. Más que todo eso, conviene reflexionar: los poderosos disponen de una inimaginable capacidad destructiva. La vida es más frágil que nunca.
Pasamos a ser cifra, estadística, informe, que rompen en la humanidad su contenido y su continente.
Ante el poder belicoso, las organizaciones y los actos de buena voluntad son insuficientes para garantizar la paz. Sin conciencia moral el ejercicio del poder no tiene ataduras. Nos cosifica, somos remplazables.
La comprensión del tiempo radica en la creencia de un Ser Superior superior al ser. El hombre cree porque es. La existencia de cada uno es la prueba indubitable de que habitamos en Dios y Dios nos habita. Él no está en la liturgia, está en el sentimiento y la emoción de cada uno. Puesto que tenemos conciencia de la creación –acto divino y evolución milenaria–, el ser humano debe reunir su energía cívica para que la espiritualidad lo salve de la catástrofe.
La evolución humana es también la de la violencia, dualidad del bien y el mal. No obstante siempre han existido los seres esforzados para limitar el abuso. Los llamamos héroes, santos, genios, estadistas…
En todas partes y en todo momento, hay que limitar al poder. Más que un asunto político, es asegurar la coexistencia civilizada.
La visión unidimensional, al falsificar la vida democrática, conduce a las mayores atrocidades.
Las puertas de la vida las abre la libertad.
Sin ella, todo poder devora.