EL-SUR

Lunes 24 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Conversión ecológica para salvar al planeta

Jesús Mendoza Zaragoza

Noviembre 08, 2021

Del 31 de octubre al 12 de noviembre se está llevando a cabo en Glasgow, Escocia, la con el objetivo de acelerar las acciones para lograr los objetivos del y la . Ante la situación de alto riesgo del planeta y de todos los ecosistemas, urgen acciones globales decisivas que involucren a todas las naciones, particularmente a las que más contribuyen al calentamiento global, que suelen ser las más reacias. En esta Conferencia de las Partes (COP), que integra a 197 países se está dando un complejo juego político para la toma de decisiones relacionadas con el futuro del planeta.
Este tema implica inmensos intereses monetarios ligados al modelo económico depredador que prevalece, que no ha sabido escuchar ni el grito de los pobres ni el grito de la Tierra. Hay quienes dicen que no se puede esperar mucho de esta Conferencia auspiciada por la ONU, pues de ordinario la agenda ambiental se subordina a las poderosas agendas económicas y políticas nacionales y globales. Se hace necesaria la presión de la sociedad y de los pueblos para que puedan darse pasos ciertos hacia un futuro que detenga el calentamiento global y que respete y cuide el medio ambiente.
Lo que sí está en nuestras manos es un cambio de paradigma en nuestra manera de ser y de intervenir, que esté acorde con el cuidado del planeta y que sostenga una íntima sintonía con los seres humanos y con los recursos naturales. Se trata de un cambio “desde abajo”, desde las personas, desde las familias y las comunidades. Sa trata de volvernos a conectar con todo y con todos, con relaciones solidarias y de cuidado comprendiendo que el ser humano es parte de la naturaleza. Por eso, cuando dañamos la naturaleza nos dañamos a nosotros mismos.
Últimamente se ha hablado de la necesidad de una conversión ecológica, indispensable para la construcción de ese nuevo paradigma, que implica una transformación profunda de la persona y del “ethos” de los pueblos, como la gran contribución para revertir la historia de agravios contra la naturaleza y para prevenir que estos no se vuelvan a repetir en adelante. Esta tarea está al alcance de todos, en la medida en que las asumamos en la mente y en el corazón, en las familias y en las comunidades. Podemos revertir, de este modo, el calentamiento global “desde abajo”, desde el hecho de convertirnos en “ciudadanos globales”, cuidando la casa común.
Antes que nada, es necesario que nos comprendamos vinculados con la Tierra y con todas las cosas, adoptando un modo de ser diferente y renunciando a cualquier forma de dominación de los demás y de los recursos naturales. En lugar de comprendernos como dominadores–depredadores, nos miramos como cuidadores. Eso somos, cuidadores del Planeta, de los ríos, de los territorios, del aire, de las aguas, de los árboles, de los animales. Aquí está el cambio de paradigma: no vivimos sobre la tierra, sino que convivimos con ella.
Convivir con la Tierra requiere una profunda transformación interior de cada persona, convivir con las plantas, con los animales significa que no los vemos como objetos, sino como sujetos en cuanto que podemos conectarnos con ellos de una manera horizontal. Cada cosa transmite un mensaje propio en el conjunto de toda la naturaleza y lo podemos captar con una actitud de respeto y de cuidado. Enfocamos otra mirada tan diferente hacia el entorno natural y social, en la que cada cosa tiene un sentido propio. La conversión ecológica es, precisamente, ese proceso de transformación personal que nos hace capaces de una mirada empática y humanizadora hacia la realidad, y de relaciones fraternas y solidarias con todos y con todo. Podemos destacar algunas claves de esta conversión ecológica.
Esta nos va haciendo capaces del asombro y de la admiración cotidiana, recuperando esa actitud de la infancia cuando el mundo se revela maravilloso y provoca curiosidad y un esfuerzo de indagación por el ser de cada cosa. El mundo se va descubriendo a sí mismo y va revelando sus secretos a la vez que plantea preguntas en la medida en que se va explorando. Las maravillas se suceden ante el gradual descubrimiento del mundo y de las preguntas que suscita cada cosa que vamos explorando. Miramos en profundidad y no solo la superficie de las cosas y de los acontecimientos. Los interrogantes se suscitan y nos llevan a reconocer los misterios ocultos en cada experiencia y en cada encuentro. La admiración es fuente de poesía, de pensamiento y de indagación. Se da algo así como un diálogo con cada cosa que encontramos. La luz, una flor, un insecto, el clima, todo encierra un misterio que reconocer y admirar. Una consecuencia es el cultivo del respeto y de la reverencia por la naturaleza y cada uno de sus elementos.
Fruto de esa admiración, se vive la experiencia de una comunión universal con todas las cosas, una comunión de carácter espiritual que supera la mirada pragmática y lucrativa a la que el modelo económico nos induce. La Tierra no es una colección de recursos naturales, sino una casa común, de la cual somos parte. Llegamos a captar la profunda conexión de todo y de todas las cosas. Todo está conectado desde su origen. Las rupturas son consecuencias de ambiciones egocéntricas que rompen los ecosistemas y dañan las relaciones. La fraternidad universal, que no solo incluye a los seres humanos, sino también al resto de la naturaleza y se convierte en una actitud vital que genera y fortalece relaciones.
La conversión ecológica tiene que ir forjando la cultura del cuidado en todas sus dimensiones. Esa cultura ha sido desechada por la modernidad y por el lucro económico. El cuidado surge del aprecio por todas las cosas, empezando por el aprecio a uno mismo, el aprecio de las personas, de quienes viven en situaciones de vulnerabilidad, el aprecio a la naturaleza y a todo lo demás. El cuidado hace posible el manejo de los sentimientos y de las emociones en las relaciones y se convierte en un estilo de vida.
La conversión ecológica despierta y desarrolla la creatividad tan debilitada en las rutinas cotidianas, tan desechable en las relaciones económicas y en la misma educación que nos programa para dar resultados. La creatividad nos convierte en buscadores de formas para resolver las situaciones dramáticas que vive el mundo. Se despierta en nosotros la imaginación y la audacia para afrontar la vida, haciendo salir al “artista” que todos llevamos dentro. La rutina nos aburre y nos apaga mientras que la creatividad nos hace vibrar con cada experiencia y con cada acción que desarrollamos. Así, podemos ser creativos para manejar nuestras relaciones humanas y las relaciones con los recursos naturales.
Dignificando el medio ambiente es como nos dignificamos a nosotros como personas. Si cuidamos nuestra casa común, significa que nos cuidamos a nosotros como personas. La dignidad humana se manifiesta en el tipo de relaciones que forjamos entre nosotros y con las cosas. Siempre proyectamos en los demás lo que somos y aquello que nosotros creemos que somos. Un medio ambiente sano refleja personas sanas que lo cuidan, mientras que un medio ambiente destruido revela personas, pueblos y sociedades maltratadas; y por eso, un planeta saludable habla bien de quienes lo habitamos.
Al COP26, que se desarrolla en Glasgow le toca decidir y desarrollas acciones globales de gran impacto nacional e internacional para revertir los daños al planeta. Se trata de acciones “macro”, a las que hay que añadir acciones “micro” desde las personas, las familias y las comunidades, en los ámbitos locales y regionales. La conversión ecológica induce el paso a las acciones, aunque sean modestas en las familias y en las comunidades, a través de las cuales se contribuye a sanar la relación con el medio ambiente y a asumir una relación responsable y humana. Modestos proyectos familiares y comunitarios son una contribución “desde abajo” que, poco a poco, puede ir calando para encontrar caminos de mayor calado a esta complicada situación que al poner en riesgo el planeta, pone en riesgo a la humanidad.
¿Cómo ir construyendo esta conversión ecológica? Mediante procesos educativos comunitarios, ya sean formales o informales, que, al mismo tiempo responden al “grito de los pobres” y al “grito de la Tierra”.