EL-SUR

Jueves 26 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Coronavirus y vida silvestre

Octavio Klimek Alcaraz

Marzo 21, 2020

El Covid-19 es la nueva enfermedad infecciosa causada por el desconocido hasta ahora coronavirus SARS-CoV-2, que se originó en Wuhan, China, el año pasado. La pandemia está provocando una de las mayores crisis de salud de los últimos años y cuyas consecuencias son todavía impredecibles. Se ha extendido por más de 150 países y afecta a más de 250 mil personas, de las que 10 mil han perdido la vida.
Los coronavirus son una extensa familia de virus que pueden causar enfermedades tanto en animales como en humanos. En los humanos, se sabe que varios coronavirus causan infecciones respiratorias que pueden ir desde el resfriado común hasta enfermedades más graves como el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS, en inglés) y el síndrome respiratorio agudo severo (SARS, en inglés). El coronavirus que se ha descubierto más recientemente causa la enfermedad Covid-19.
Este un ejemplo de una enfermedad infecciosa transmitida de animales al ser humano, una zoonosis. Su comprensión detallada de cómo un virus animal saltó los límites de las especies para infectar a los humanos de manera productiva ayudará a prevenir futuros eventos zoonóticos. Todo indica, por recientes estudios científicos, que es producto de una evolución natural. Los análisis muestran claramente que el SARS-CoV-2 no es una construcción de laboratorio o un virus manipulado a propósito.
Hoy se sabe algo de los antepasados del SARS-CoV-2 a través del estudio de su genoma, que fue secuenciado rápidamente por investigadores chinos. Los análisis genómicos comparativos han demostrado que el SARS-CoV-2 pertenece al grupo de betacoronavirus y que está muy cerca del SARS-CoV, responsable de una epidemia de neumonía aguda que apareció en noviembre de 2002 en la provincia china de Guangdong, que causo cientos de muertes. Se sabe que los murciélagos del género Rhinolophus fueron el reservorio de este virus y que un pequeño carnívoro, la civeta de la palma (Paguma larvata), pudo haber servido como huésped intermedio entre los murciélagos y los primeros casos humanos. Tienen coronavirus casi similares.
Hace unas semanas, se ha descubierto un virus aún más cercano al SARS-CoV-2 en el pangolín de Malasia (Manis javanica), importados ilegalmente a Guangdong. También es posible que sea un reservorio más probable que los murciélagos. Pero al parecer tampoco el virus aislado en el pangolín es responsable directo de la epidemia de Covid-19 que se desata actualmente. La pregunta que tiene frenéticos a los científicos es cómo se dio el proceso de selección natural para que el SARS-CoV-2 sea ahora un exitoso invasor de los humanos. ¿Qué mutación o recombinación entre virus prexistentes sucedió para este nuevo virus?
Todo lleva como consecuencia a preguntarse sobre el vínculo del coronavirus Covid-19 y la vida silvestre. Una de las hipótesis más extendidas es que los hábitos de consumir como alimento fresco murciélagos, pangolines, civetas, entre otros animales de la vida silvestre en el mercado de Wuhan fueron la causa de la actual pandemia. Todo indica que esto es un claro ejemplo de que cuando la fauna silvestre es asesinada o enjaulada para ser comercializada sin las medidas de sanidad animal comunes a animales domésticos, los organismos patógenos como los virus pueden causar daños incalculables a los seres humanos, sus nuevos hospederos.
Por ello, si se quieren prevenir epidemias, se debe frenar el consumo de animales de vida silvestre, así de simple. Ante esa posibilidad el gobierno de China ha prohibido el comercio de vida silvestre. Es decir, demasiado contacto entre fauna silvestre y humanos, por ello tiene sentido disminuir el contacto entre estos. Es una forma simple y adecuada de reducir esta zoonosis.
Para la mayoría de las personas es conocido que un sinnúmero de especies de la fauna silvestre, muchas provenientes de la captura y caza furtiva, del comercio ilegal de especies, se comercializan en los mercados de vida silvestre, ya sea como mascotas, como alimento o hasta supuesta medicina. No sólo en China, sino también en muchas otras partes del mundo, como México.
Es obvio que la prohibición de los mercados de vida silvestre por sí sola no detendrá el comercio ilegal si la demanda continúa. Pero creo que en el caso de México es la oportunidad de que cambiemos la idea de que el aprovechamiento extractivo de especies de la vida silvestre es la mejor forma de conservación de la misma, con un sinnúmero de problemas de regulación, implementación y vigilancia. Hay que reflexionar si se continúa promoviendo esa política, muy adecuada para los negocios en torno a la mal denominada caza deportiva, en especial de mamíferos, reptiles, anfibios y aves, sobre todo de las especies en riesgo. Se entiende que se puede hacer aprovechamiento extractivo de la vida silvestre para subsistir por las comunidades campesinas, para el propio manejo de ecosistemas, pero no como una forma de hacer negocio, que además es entrada y coartada para el comercio ilegal de la vida silvestre. Hay que promover una política de aprovechamiento no extractivo, por ejemplo la caza fotográfica, estimular el reproducir especies en riesgo por las comunidades, no sólo se puede sembrar vida con árboles, también con animales.
No sólo se trata de proteger especies por razones éticas de derechos animales y de su bienestar, sino también por una razón egoísta, antropocentrista, la salud humana global. Es la oportunidad de atender el comercio ilegal de fauna silvestre desde el punto de vista de garantizar la vida y la salud de las personas. Es finalmente una decisión importante para todos nosotros.