EL-SUR

Martes 27 de Septiembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Corrección política

Ana Cecilia Terrazas

Noviembre 14, 2020

AMERIZAJE

En esta ocasión esta columna no citará a teóricos, académicos ni a fuentes confiables del pensamiento contemporáneo para abordar la corrección política. Lo políticamente correcto que interesa aquí –si bien puede rastrearse en libros, ensayos y discursos– es aquello actual, coloquial y de definiciones próximas armadas por cualquiera no especialista ni en habla ni en ciencia política.
El lenguaje, como la agenda política (intereses personales) de cada quien, como los asuntos personales que atañen en lo individual, tiene que colocarse en espacios comunes para dar servicio a una cierta cohesión social.
Esos escenarios colectivos que comunican no a una sola persona sino a una comunidad, son lo que usualmente se llama campo semántico; ese espacio concatenado en apariencia en donde las interpretaciones de varios y las conexiones temáticas generalmente hallan coincidencias en una mayoría que así las entiende.
La corrección política, al fin y al cabo, se centra en el uso del lenguaje. Con frecuencia los académicos de la lengua –en su mayoría más conservadores de lo que yo hubiese querido a estas alturas del siglo, de la historia– preponderan otras cosas por encima de la corrección política a la hora de valorar su materia de estudio.
Sin embargo, por detrás y por adelante del discurso, la lengua, las palabras, los conceptos, los motes, la propiedad, la pertenencia y los vocablos se encuentra la intención, el campo semántico, los espacios en donde voluntaria y socialmente nos encontramos o nos queremos encontrar.
Por eso es muy relevante el pensar en dónde nos queremos hallar y en dónde señalamos un desencuentro durante el proceso del habla, del por qué se dicen las cosas de una manera y no de otra. Nos comunicamos gracias a muchos elementos pero sobre todo mediante esas intenciones y deseos sociales, y no sólo a bordo de una lengua atiborrada de reglas sueltas armadas desde el templo de la lengua y el saber de sus jerarcas.
Las ganas de transformación y remodelación social se expresan primerísimamente a través del habla y el lenguaje, de la corrección política que es la suma de nuevas voluntades para destronar viejos decires; es el ánimo para desmantelar o disminuir las desigualdades entre unos y otros seres humanos.
Quien pelea porque se usen unas y no otras palabras para ciertas acciones está pensando y reflexionando sobre el ser y el actuar social. Eso es más valioso, casi siempre, que la inmediatez de hacer reír a un grupito o tenerle respeto irrestricto al diccionario o a las reglas académicas de la lengua (aunque atención: quien solamente se instala en señalar la incorrección política, fácilmente puede incurrir en lo que justo quiere criticar).
Dicho esto, lanzo la provocación para comenzar a depurar nuestros refranes y dichos o por lo menos a repensarlos, desterrar algunos y modificar muchas de las frases hechas que soltamos sin cesar.
Genio y figura, hasta la sepultura. Condena a un determinismo y derrota la posibilidad o esperanza de cambio, de modificación conductual, hasta de creer en la utilidad de la psicoterapia.
Matar dos pájaros de un tiro. Es un decir ultraviolento, tanto con las aves como por lucir a una parte vergonzante de la humanidad que ha hecho una industria del hacer armas para acabar con seres vivos.
Cuando el gato se va, los ratones hacen fiesta. Resulta en extremo clasista.
Aunque la mona se vista de seda mona se queda. Respalda de la manera más burda el patriarcado opresor que desacredita, objetualiza y violenta a la mujer.
Donde manda capitán no gobierna marinero. Contraviene la aspiración sempiterna de democracia e igualdad.
A otro perro con ese hueso. Es también parte del especismo, del creer que los humanos tenemos licencia para hacer sufrir a los demás seres sintientes.
Llevar tortas al banquete. Es frase clasista, divide, polariza, desanima.
Cena de negros. Habla de un racismo rampante, caduco, penoso.
Acaso pueda considerarse exagerada la relectura que se ha hecho de cada expresión o dicho, pero difícilmente es rebatible que, por lo menos, el poner estos dichos sobre la mesa nos ha puesto a pensar.
Entendernos, desentendernos, pensarnos, contactarnos, de eso trata el lenguaje, de eso también, la corrección política. Y si vamos a comunicarnos hablando, ¿no es mejor avalar con conciencia aquello en lo que creemos y descartar la discriminación automática contenida en alguna palabra que no va con la sociedad que deseamos construir?

@anterrazas