EL-SUR

Viernes 27 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Corredor turístico Costa Grande

Octavio Klimek Alcaraz

Julio 30, 2005

 

El martes 26 de julio pasado realizó una gira de trabajo del secretario de Turismo federal, Rodolfo Elizondo Torres. De acuerdo con las notas periodísticas, en el marco de dicha visita, el director general del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), John McCarthy presentó el Programa Regional de Desarrollo Turístico del Corredor Acapulco-Zihuatanejo de la Costa Grande del estado de Guerrero.

Seguramente se tendrá la oportunidad de conocer en detalle el mencionado programa. Pero creo que por la importancia del mismo, es necesario impulsar su análisis desde todos los puntos de vista.

Por el momento, encontré un boletín de Fonatur del 1 de julio de 2004 donde señala algunas consideraciones sobre el mencionado programa y que a continuación cito. Con este Programa se pretende: “Identificar zonas con potencial y factibilidad de desarrollo urbano-turístico; determinar los segmentos de mercado más rentables para el proyecto; incrementar la derrama económica a la región mediante la captación de nuevos segmentos de mercado; integrar una cartera de proyectos turísticos detonadores, con prefactibilidad técnica y financiera para promover la atracción de inversiones nacionales y extranjeras; integrar el programa multianual e intersecretarial de inversiones públicas necesarias para el desarrollo de las zonas con una visión de largo plazo al año 2025; y fomentar la generación de empleo a partir de las actividades económicas que se propongan para la región.”

Conforme a dicho Boletín, “el Programa Regional de Desarrollo Turístico del Corredor Acapulco-Zihuatanejo en la Costa Grande del Estado de Guerrero tiene un plan maestro para orientar el desarrollo ordenado e integral del corredor; identificar zonas con potencial para el desarrollo turístico; así como áreas de importancia ambiental y requerimientos de equipamiento e infraestructura urbano-turística, para captar nuevos segmentos de mercado turístico”.

En otras notas periodísticas, se menciona a través del Programa la creación de 22 mil cuartos de hotel y una afluencia de 1.3 millones de visitantes que dejarán ganancias superiores a los 7 mil millones de pesos al año. Para darse una idea de lo que se habla, existían en Ixtapa, en 2003, alrededor de tres mil 600 cuartos de hotel, con 288 mil visitantes. Es decir, sólo en el número de visitantes existiría un incremento de más de cuatro veces con relación a Ixtapa.

Conforme a las notas periodísticas, para el programa se estima una inversión pública de 5 mil 810 millones de pesos durante los próximos seis años (de 2005 a 2011), de los cuales 4 mil 316 millones serían aportados por el gobierno federal, mil 310 millones por el gobierno estatal y 184 millones de pesos por los municipios que conforman la región de la Costa Grande.

Se señala también que con el Programa se apoyará la construcción de la autopista Acapulco-Zihuatanejo, hacer corresponsables y coparticipes a la ciudadanía de la Costa Grande, además de que todavía se requiere convenir con los gobiernos municipales de la Costa Grande.

Espero verdaderamente que se hayan retomado en este programa de Fonatur las múltiples experiencias del desarrollo del turismo en Guerrero, ya que en muchos casos se ha pasado sobre los derechos de los propios habitantes de los sitios supuestamente a beneficiar, como es el caso de Punta Diamante, o se han realizado verdaderos ecocidios como es el caso de los humedales de Ixtapa.

Existe además un rico acervo de información que a lo largo de muchos años se ha trabajado en torno al Programa de Desarrollo Regional de la Costa Grande de la Semarnat. En este programa han participado diversas instituciones académicas como la UAG, UNAM, el Instituto Maya que dirige el reconocido investigador Armando Bartra y los propios habitantes de las comunidades de la Costa Grande.

Ojalá, que uno de los pilares de este programa de Fonatur sea el ordenamiento ecológico territorial de la región de la Costa Grande. Se requieren, con una gran visión de futuro, construir los distintos escenarios de la vocación ecológica y productiva de la región, definir las zonas de conservación, restauración y aprovechamiento.

En especial, el trazo de la autopista Acapulco-Zihuatanejo no se debe dejar a la simple merced de los intereses económicos, que normalmente pretenden justificar su matiz ecológico mediante un estudio de impacto ambiental.

En especial, en la entidad se han tratado de justificar grandes inversiones a través de estudios y evaluaciones de impacto ambiental, pero sus limitaciones técnicas, sociales y económicas, no han contribuido a dar certeza y seguridad ni a los promoventes de éstos, ni a la gente y ecosistemas sujetos a los posibles impactos de la inversión. Sería aterrador pensar en un trazo de autopista que sacrifique lo que queda intacto de los ecosistemas costeros de la Costa Grande como son sus lagunas y manglares.

Por eso se requiere de entrada el ordenamiento del territorio de la Costa Grande, solo así se tendrá, además, verdadera certidumbre en cualquier tipo de inversión a futuro, como sería el caso del Programa Regional de Desarrollo Turístico del Corredor Acapulco-Zihuatanejo.

Este Programa, debe trabajarse en todas sus fases de implementación en forma permanente con participación plena y democrática de la ciudadanía. El interés público debe prevalecer sobre el particular en el proceso de desarrollo de la región de la Costa Grande. Solo así se puede garantizar la armonía social, con la económica y ambiental. Muchas veces se olvida, que impulsar programas de inversión pública y privada es para generar a la gente una vida mejor en aquellos lugares donde se realiza esta inversión.

Se trata de abrir espacios de participación, información, consulta, y debate público entre todos los actores sociales y los diferentes órdenes de gobierno. A través de un proceso de planeación e integración de abajo hacia arriba se puede asegurar el respeto de los derechos de las comunidades y la sociedad en su conjunto.

No se pueden promover estrategas de planeación autoritarias de arriba hacia abajo, que no sólo no resuelven la problemas de los bajos índices de desarrollo humano, sino que lo empeoran a costa de la gente, el medio ambiente y los recursos naturales para beneficio de unos cuantos. Cuidemos, que esto no suceda con el Programa Regional de Desarrollo Turístico del Corredor Acapulco-Zihuatanejo.

Se trata finalmente de impulsar procesos de integración en la sociedad que fomenten y aseguren el cumplimiento los principios democráticos, de equidad, justicia y sustentabilidad, entre otros. Estos procesos deben de originarse de los requerimientos reales de los pueblos de la región de la Costa Grande, considerando su diversidad cultural, biológica, social y económica de cada uno de ellos.