EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Cosas insólitas

Héctor Manuel Popoca Boone

Junio 24, 2017

Días atrás, se expresó un connato de rebelión en la granja priista, con la declaración pública que emitieron un grupo de militantes y ex directivos nacionales del PRI, denominados Alianza Generacional, encabezados por José Ramón Martell e Ivonne Ortega, ex integrantes de la directiva nacional del PRI (El Sur 18/6/2017).
En ese pronunciamiento, con miras a su próxima Asamblea Nacional, expresaron su descontento ante la renovación de prácticas antidemocráticas que ya habían sido superadas. A saber: 1) Rechazo al uso del dedazo. Exigen elección del candidato a la presidencia del país por consulta abierta a militantes y simpatizantes. 2) Que no tenga antecedentes de corrupción. Exigen que todos los candidatos a los puestos públicos tengan una probada honestidad. 3) Castigar con sanción inmediata, a priistas deshonestos y vinculados con el crimen organizado. 4) Poner fin a la práctica de los compadrazgos y amiguismos para lograr una carrera política ascendente. 5) Rechazo a decisiones gubernamentales que afecten la economía familiar y 6) Revisar políticas públicas, económicas y sociales, que hayan fracasado socialmente.
Lo anterior me recordó la histórica convocatoria que a mediados de los ochenta del siglo pasado, hicieron los integrantes de la Corriente Democrática al interior del PRI. Encabezados por Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez, entre otros, cuya intención era que se democratizara su partido en la selección del candidato presidencial. El ex presidente de la República, Miguel de la Madrid, los ignoró, por lo que emprendieron la salida de ese partido para encabezar un movimiento político nacional de gran calado, en torno al cual se unieron todos los grupos políticos progresistas alrededor de la figura de Cuauhtémoc Cárdenas para postularlo como candidato en las siguientes elecciones presidenciales, en las cuales lograron un contundente triunfo en las urnas, mismo que fue desconocido por los detentadores del poder gubernamental, mediante un sonoro -por descomunal y descarado- fraude electoral.
Por otra parte, otro suceso insólito fue que, de repente y después de dejar pasar un año y meses, a partir de la primera solicitud que le hiciera la red de mujeres denominada Alianza Feminista, el gobernador Héctor Astudillo emite la alerta contra la violencia de género (por el cúmulo de asesinatos dolosos y con saña de féminas).
Recordemos que ante la negativa oficial para declararla, en junio del 2016, la Alianza Feminista se vio precisada a trasladarse a la Ciudad de México para que la emitiera la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en México (Conavim).
Previa una investigación de campo la Conavim derivó diversas recomendaciones al gobierno estatal (que no cumplió en tiempo y forma), por lo que era inminente que la instancia federal haría dicha declaratoria. El gobierno de Astudillo, astutamente, se adelantó a declarar la alerta, para no quedar en estado de ignominia -más de las que ya cargamos- a nivel nacional.
¿Cuántos feminicidios tuvieron que cometerse a lo largo del tiempo que lleva su mandato para que decidiera el gobernador salirse de la férula de su “maestro incómodo” que era el principal opositor contumaz de la declaratoria (El Sur 24/05/2016)?
La alerta contra la violencia de género ya hecha, no los exime de la responsabilidad que por omisión culposa tienen de los feminicidios realizados en lo que va de la presente administración estatal. Una vez más, la realidad se ha impuesto sobre la soberbia. Y la verdad, sobre la farsa. Felicito a la Alianza Feminista por este triunfo alcanzado en su tenaz lucha.
PD1. Jóvenes deportistas de Acapulco son timados por el Ayuntamiento, al otorgarles uniformes de competencia desproporcionados, de mala calidad y de diferente giro deportivo al que practican. Quienes engañan los genuinos anhelos de los jóvenes, merecen nuestro repudio total.
PD2. El paralelismo que tiene una “casa de citas” con la mayoría de los partidos políticos en México es que en la primera se venden y compran cuerpos. En los segundos, conciencias. Vale.