EL-SUR

Viernes 01 de Julio de 2022

Guerrero, México

Opinión

Creel y el sospechocinismo

Jorge Zepeda Patterson

Junio 20, 2005

 

Los comerciales de Santiago Creel que súbitamente han inundado los tiempos triple AAA de la televisión, abonan en la opinión pública la noción de que hubo un arreglo entre el ex secretario de Gobernación y Televisa. Como se sabe, hace unos días se dio a conocer que Creel había entregado permisos para abrir 130 casas de apuestas a una empresa filial de Televisa, apenas una semana antes de dejar su puesto. Según el subsecretario Felipe González, tales permisos serán utilizados para transmitir por la red de televisión abierta bingo y otros juegos relacionados con los casinos, para que de esa forma el público en general, vía telefónica, pueda apostar (citado por el diputado Arturo Nahle García).

Según los especialistas esta concesión del juego va mucho más allá de los books (centros de apuestas remotas) actualmente en poder de Jorge Hank Rohn, porque al ligarse a la televisión permitirán hacer de cada hogar un pequeño casino. Las fortunas potenciales que esto puede significar para Televisa pueden imaginarse si consideramos los ingresos millonarios que el consorcio recibe por los sorteos de autos, preguntas deportivas o votaciones en programas reality show en los que el público participa por teléfono. Cada una de las cientos de miles de llamadas le reporta a Televisa 25 pesos, por lo cual los ingresos a considerar son inmensos (dicho sea de paso, por cada uno de estos sorteos el organizador paga a la Secretaría de Gobernación apenas 600 pesos).

No se necesita ser un psíquico para adivinar la simpatía de la que goza Creel en los estudios de Televisa. La prodigalidad con la que aparecen sus anuncios lo atestigua. Pero hay muchos otros lugares donde su generosidad ha provocado “sospechosismo” y enojo. Uno de ellos es el Congreso. La ley que rige los juegos y sorteros en México data de 1947 y está llena de hoyos; esto ha permitido que coexistan todo tipo de irregularidades en ferias y en actividades filantrópicas, aunque los casinos propiamente siguen estando prohibidos. Desde hace años la Cámara discute una nueva ley para reglamentar este terreno minado, pero el proceso de definición ha sido lento por las posiciones a favor y en contra del tema de los casinos.

Al margen de estas consideraciones del poder legislativo, Creel decidió autorizar mediante reglamento explícito a las casas de juego, que hasta entonces venían operando con amparos para protegerse de la vetusta ley. Además de legalizar la operación de las que ya existían, Gobernación otorgó 176 nuevos books y 206 bingos en abril y mayo de este año, entre ellas las 130 licencias a favor de Televisa. En este momento hay una controversia en la Suprema Corte para ventilar la impugnación que hizo el poder legislativo en contra de este reglamento de Creel, pero mientras tanto estos negocios pueden operar legalmente gracias al ahora precandidato a la presidencia.

En las propias filas del PAN el tema ha causado escozor. El presidente del blanquiazul, Manuel Espino, ha solicitado una investigación por parte de gobierno federal para verificar si existe alguna irregularidad en el otorgamiento de estos permisos por parte de Creel. No hay que olvidar que muchos panistas se oponen a la instalación de casinos y salas de juego por razones éticas o por los perjuicios sociales que derivan del juego.

Por consiguiente el “madruguete” de Creel ha profundizado una sensación de malestar en su propio partido. Algunos incluso se preguntan si es su partido. Para muchos panistas Creel sigue siendo un recién llegado. El riesgo para Santiago Creel es que termine siendo percibido como el candidato no del PAN sino del gran capital. En términos programáticos no parece enchufar con la plataforma ideológica del partido azul. Su frustrada marcha nacional hace unos meses a favor del fortalecimiento de los símbolos patrios (el himno, la bandera), fue un fracaso porque no conectó con grupo social alguno.

Los mensajes que difunde la televisión en este momento no parecen ayudar a definir una propuesta ideológica. Su planteamiento se reduce a presentarse como una persona decente. Me parece una estrategia equivocada. Supongo que muchos mexicanos consideramos que Fox es una persona medianamente decente, pero eso no lo ha convertido en un buen presidente. La elección de Estados Unidos se caracterizó por constituir un debate sobre valores morales. Los asesores de Creel consideran que en México será lo mismo y buscan “posicionar” a su candidato como el más decente y legal de los contendientes. Lo que olvidan es que en México, a diferencia de Estados Unidos, la mitad de la población vive en condiciones de pobreza y carece de alternativas reales para mejorar. El país se está convirtiendo en una caldera social y muchos temas son llagas abiertas. El mensaje de Creel (“hay mexicanos malos pero habemos más mexicanos buenos”), se centra en el discurso egoísta de clase alta que suele regocijarse con el hecho de pertenecer al canasto de las manzanas buenas y no de las malas, como si el hecho de que las manzanas podridas no fuese un problema de todos que la sociedad debe resolver en su conjunto.

Hasta hace unos días consideraba a Santiago Creel como un operador político ineficiente, pero como una persona decente. Ya no. El se defendió de las acusaciones de vender el alma a Televisa asegurando que no fue su decisión sino la de un consejo imparcial. El viernes me enteré, gracias a Granados Chapa, que el famoso consejo estaba formado por subordinados de Creel y por tres ciudadanos sin derecho a voto. Así pues, el candidato “decente” no sólo mintió sino que utilizó su posición para beneficiar su candidatura en detrimento de los intereses de la sociedad. Un “sospechocinismo” lamentable, para usar sus términos.

 

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