EL-SUR

Viernes 19 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

CRONICA MUNICIPALISTA

Silvestre Pacheco León

Febrero 14, 2004

 

  El Día Internacional de los Humedales

 

Cuentan que uno de los ofrecimientos de Figueroa el viejo, en su papel de secuestrado, al profesor guerrillero Lucio Cabañas, para que lo dejara libre en la sierra de Atoyac, era que al ser gobernador le daría al profesor y a su gente una superficie de tierra en la que pudiera llevar a cabo su experiencia socialista.

Los que cuentan la historia hablan de que la tierra ofrecida era parte de los humedales que forman la laguna de Mitla en el municipio de Tecpan y San Jerónimo.

Los humedales en esa zona siempre han estado en la mira de los ganaderos y agricultores, y muchas inversiones se han hecho en la idea de desecarlos porque son tierras ociosas que no aportan ningún beneficio.

Hago la referencia sobre la opinión de Figueroa el viejo porque durante muchos años ha prevalecido la idea, vieja también, de que esas grandes extensiones de humedales característicos de la zona costera guerrerense, son inútiles, inservibles y estorbosa fuente de zancudos.

En el tramo de la carretera nacional que comunica a la ciudad de Tecpan con la cabecera municipal de San Jerónimo ahora se puede observar, en ambos lados, la cantidad de drenes construidos para canalizar las aguas y los potreros establecidos con algunas vacas pastando.

Todavía quedan algunas plantas características de las marismas o pantanos y una que otra ave de las que crecen en esas zonas y que las hacen características.

No, no he visto ejemplares o nidos de cigüeñas jabirú como las que abundan en la costa de Quintana Roo y que al decir de los biólogos, su presencia indica que los humedales son altamente productivos y que no tienen perturbación, pero el hecho es que la agresión contra los humedales es un mal que vive todo el planeta, acicateado quizá por tanto que se desconoce sobre el papel que esas zonas pantanosas tienen en la cadena de la vida.

En realidad, los humedales, marismas, manglares, albuferas, turberas, lagos, estuarios, deltas, llanuras aluviales, figuran entre los ecosistemas “biológicamente más fructíferos” para mantener el equilibrio ecológico.

En la costa sabemos los problemas que se generan cuando se pretende modificar el ritmo que la naturaleza impone a sus procesos. La apertura y cierre de las barras a capricho de las personas, que suele enfrentar a productores de sal con huerteros y ganaderos o a pescadores con prestadores de servicios, significa una intromisión que no repara en el impacto que provoca.

Por fortuna el velo de misterio que muchas veces está asociado al proceso de vida que se desarrolla en los pantanos, empieza a ser descubierto en todas partes, de tal manera que decretar el Día Internacional de los Humedales para que el 2 de febrero de cada año cada vez más personas vuelquen su mirada a esas zonas que son reservorio y filtradoras de agua, sea parte de la campaña por su conservación promovida por las Naciones Unidas.

Los humedales como zona transitoria entre el medio terrestre y el acuático, contribuyen al control de las inundaciones recibiendo el exceso de lluvia para liberarla poco a poco.

El suelo y la vegetación de los humedales filtran los contaminantes del agua permitiendo que se limpien acuíferos, lagunas y esteros.

La infinidad de especies de aves, reptiles y plantas que hacen a nuestro país mega diverso, se debe a sus humedales o bajiales como se les denomina localmente.

En muchas partes de la costa aún hay vestigios, como en Coyuca, de la siembra de arroz en sus humedales, cultivo que durante muchos años constituyó la base de la alimentación de los costeños.

En Zihuatanejo los pescadores viejos recuerdan la riqueza y variedad pesquera en la laguna de Las Salinas, lugar donde entre los mangles podían obtener el sustento de sus familias cuando el mal tiempo les impedía salir al mar.

Sé que es reiterativo decirlo pero nunca está de más señalar el grave daño que se comete al afectar un humedal, sobre todo cuando los reportes nos dicen que tres cuartas partes de la población mundial vive cerca de estas zonas y que su desecación y contaminación como efecto del crecimiento urbano arroja la espantosa cantidad de 24 hectáreas de pérdida cada hora, desde 1780.

Tampoco está demás decir que en Estados Unidos donde el censo de humedales arrojaba la cantidad de 1.6 millones de hectáreas, se ha perdido más de la mitad de esa superficie, con el agravante de que los aliviaderos, canales de bombeo y seccionamiento son lo que se observa en la superficie que queda.

Ha sido por el descubrimiento de los enormes servicios que los humedales prestan a los ecosistemas costeros que los gobiernos están haciendo esfuerzos en cuidar lo que aún queda y de recuperar y restaurar todo lo que ha sido afectado.

Un avance importante de esta nueva cultura de la conservación lo podríamos ver en esta época de estiaje cuidando de que no se repita la vieja práctica de incendiar los tulares y pastizales de humedales en toda la franja costera del estado.