EL-SUR

Viernes 19 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

CRONICA MUNICIPALISTA

Silvestre Pacheco León

Febrero 07, 2004

 

  La basura de Alemania y la de Acapulco

 

En realidad la población sabe poco sobre los problemas que causa la basura. Su tratamiento final, donde no hay servicio de recolección, consiste en incinerarla sin mayor trámite.

Durante la época de secas, por ejemplo, todas las tardes se puede ver el espectáculo de los incendios que se repiten en cada pueblo donde las familias reproducen la vieja costumbre de quemar la basura sin reparar en que la composición de los desechos ha cambiado radicalmente en los últimos 40 años.

Ahora se sabe que en los desechos de por sí se encuentran unas partículas denominadas dioxinas que sometidas a altas temperaturas aumentan en cantidad y en toxicidad.

Las dioxinas, nos informan los especialistas, cuando penetran en el cuerpo a través de la respiración, se acumulan en los tejidos grasosos y, sobre todo, en el hígado provocando cáncer.

Se dice que estas partículas que se liberan                         al medio ambiente cuando la basura se quema, “desregulan” el sistema fisiológico y afectan el sistema inmunológico que previene contra las enfermedades en los seres vivos.

Las dioxinas en los seres humanos afectan la glándula tiroides y se manifiesta en retraso mental, pérdida del oído y defectos en el habla. Cuando el cúmulo de estas partículas es grande provoca defectos de nacimiento.

También interfieren con la hormona insulina alterando la tolerancia a la glucosa y provocando la diabetes.

Parece muy alarmante pero la verdad es que las dioxinas dañan el sistema nervioso central, y afectan la capacidad de contracción del corazón provocando arritmias.

Las dioxinas afectan a los pulmones.

Desde luego que por la falta de información más completa se desconoce el grado de tolerancia que el cuerpo humano puede tener hacia estas partículas sin que se vea afectado, pero lo que ahora conocemos nos puede dar idea de lo perjudicial que es para la salud respirar el humo que generan los incendios e incinerar conscientemente la basura.

Pero si quemar la basura provoca tantos problemas a la salud, ¿cuáles pueden ser las medidas o soluciones para tratar adecuadamente el kilo de desechos que cada mexicano en promedio produce día con día?

Para darnos una idea de la situación que vive el país en este aspecto, vale la pena comentar que la Semarnat señala que de las 84 mil 200 toneladas de basura que produce el país cada 24 horas, sólo se recogen por el servicio público el 53 por ciento de los residuos. El resto se acumula en la orilla de los caminos, en las barrancas y cuerpos de agua.

Claro que una parte importante de la basura que recoge el servicio público se incinera sin ninguna contemplación y a propósito, en los propios tiraderos municipales sin importarle a nadie que las dioxinas liberadas inunden los pueblos y ciudades por efectos del viento.

A eso debe agregarse el porcentaje de la misma que se acumula en las calles y que los vecinos queman sin miramiento pensando que limpian e ignorando el daño que provocan las dioxinas al ser respiradas.

Por todo esto resulta comprensible que algunos ambientalistas muestren su preocupación porque las autoridades atiendan el problema y que lo atiendan bien para tranquilidad y salud de los habitantes.

En Guerrero la referencia más avanzada y también los problemas más recurrentes que tenemos sobre el tratamiento de los llamados desechos sólidos municipales, es Acapulco. De cómo el gobierno local vive esa experiencia y enfrenta el problema todos podemos aprender y también opinar para que no se equivoque.

Nos ha causado sorpresa saber que el año pasado una comisión del gobierno municipal estuvo en Alemania conociendo las experiencias en aquella parte del mundo para el tratamiento más eficaz de la basura.

Nos ha sorprendido también que se esté pensando en cambiar el método de relleno sanitario por el de incineración, pues a pesar de que para los europeos el entierro de la basura es obsoleto, en el territorio nacional no se conoce otro método más eficaz.

En agosto de 2003 una misión del gobierno municipal de Acapulco visitó en Harten, Alemania, una planta piloto de tratamiento de basura con el método de incineración, y de acuerdo con la información de la ONG acapulqueña, Guerreros Verdes, en aquella ciudad alemana los periódicos dieron a conocer la noticia de que el gobierno de López Rosas habría firmado un contrato para instalar en el puerto cuatro torres incineradoras, cada una 38 veces más grande que la conocida en la visita.

Con razón y preocupación los ambientalistas han buscado sin éxito una entrevista con el presidente municipal para exponerle sus                         puntos de vista acerca del incinerador ya mencionado, pues para ellos existen serias dudas sobre su eficacia y pertinencia. Aducen como principal argumento la enorme diferencia que hay entre el funcionamiento de una planta piloto como la que visitaron y las proyectadas de tamaño mucho mayor.

Los Guerreros Verdes aseguran que la planta piloto observada en Alemania es un experimento que no se puede extrapolar a la realidad acapulqueña, sobre todo ante la enorme diferencia de los componentes que tienen los desechos en ambos lugares.

Finalmente los ambientalistas que dirige Elena Kahn y que están siendo asesorados por especialistas de cinco países señalan que no se han analizado los riegos que representa la acumulación de gases ni el impacto que puede tener éste método tomando en cuenta que en Acapulco se forma una depresión atmosférica en la salida al mar “que hace que los gases tóxicos (que se liberan a la atmósfera) regresen a la ciudad, como ahora sucede con la nube de smog que aparece en la bahía”.

Entiendo que un gobierno con la sensibilidad y oficio de Alberto López Rosas debe interesarse en escuchar las opiniones de los ambientalistas como ahora lo hace con los colegios de profesionistas para el caso del ambicioso proyecto de ponerle otro piso a la Costera.

El proyecto de torres incineradoras de basura o mejor, el tratamiento definitivo al problema de los desechos municipales no sólo son los 70 millones de dólares de inversión, sino la salud de todos los habitantes y visitantes de Acapulco.