EL-SUR

Lunes 06 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Crónicas del pasado / 10

Anituy Rebolledo Ayerdi

Agosto 22, 2019

Pena por el deceso de Felipe Victoria Mendoza, valiente reportero de investigación. QEPD.

Terremotos y tsunamis en Acapulco. La prevención

La única manera hasta ahora de aminorar los efectos mortales y destructores de terremotos y tsunamis está en la educación sísmica de la población y en el respeto a las normas de construcción. Esto es, preparar a la población desde las aulas sobre los comportamientos mínimos ante un temblor, mediante simulacros generales por lo menos una vez al año. Japón, Hawai y California son ejemplos de sistemas parasísmicos de construcción. En estos países se vigila que toda lo que se construye se ajuste a las normas establecidas y en caso contrario entra en acción la piqueta. Algo impensable aquí donde el reglamento de construcción con estrictas normas antisísmicas data de 1989.

Antes del sismo

La Cruz Roja ha dado unas recomendaciones sobre qué hacer antes de un sismo:
Anticípate al peligro identificando los sitios de alto riesgo de tu casa, centro educativo o lugar de trabajo.
Reúne a tu familia para definir de forma participativa el plan de emergencia en caso de un sismo, así como las rutas de evacuación.
Asegúrate de conocer la ubicación y la forma de cerrar los registros de agua y gas y dónde cortar la electricidad.
Mantén siempre listo tu paquete para emergencias con botiquín de primeros auxilios, radio, linterna y pilas de repuesto y silbato; reserva de comida y agua, revisando con frecuencia la fecha de vencimiento y su estado así como un plástico para la intemperie.
Tener a la mano un portafolios con la documentación oficial de la familia, actas de nacimiento, pasaportes, seguros, credenciales de elector, etcétera.

Botiquín básico

Termómetro, tijeras, pinzas finas, gasas estériles, gasas de vaselina para quemaduras, algodón, vendas, venda elástica, curitas, alcohol del 96, agua oxigenada, tintura de yodo o povidona yodada, jabón antiséptico, antitérmicos y analgésicos, crema, gel o pomada antiinflamatoria, antiácidos, antidiarreicos, laxante, jarabe de tipo mucolítico antitusígeno o expectorante.

Durante el sismo

Mantenga la calma, no corra y acuda a las zonas de seguridad ya establecidas.
Alejarse de las ventanas, muebles pesados y muros exteriores. No usar las escaleras ni el elevador, ni abandonar el lugar sino hasta pasado el evento.
En la calle, alejarse de los edificios, postes y cables eléctricos y árboles grandes. Dirigirse a una zona abierta y esperar ahí a que pase el sismo.
Si va en automóvil, mantenerse lejos de inmuebles, cables y puentes y permanezca dentro del vehículo.
En el interior de un lugar concurrido como un cine, vaya a las puertas de evacuación.
Si se encuentra en una tienda de autoservicio, aléjese de los estantes con artículos pesados. En un edifico busque un sitio seguro.

Después del sismo

Pasado el sismo no salga a la calle corriendo, evita el pánico que puede ser tan peligroso como el propio sismo. Nunca camine descalzo.
Si se encuentra atrapado, avise mediante gritos, ruidos, silbato y si es posible por su teléfono celular.
Verifique si están funcionando los teléfonos celulares y úselos sólo en periodos cortos.
Si está en posibilidad de hacerlo, aplique los primeros auxilios a las personas lesionadas.
Antes de reingresar a su domicilio evalúe los daños de su estructura.

Evacuar, sí o no

El maestro José Sarukhán, ex rector de la UNAM, cuestiona que todos los simulacros en México se basen en la evacuación de los inmuebles “ordenada y rápida” y se pregunta si eso es lo correcto. Claro que no, se responde a sí mismo. Por lo menos no lo dicen las recomendaciones que he leído hasta ahora sobre el asunto, incluidas las directivas de la Cruz Roja Internacional, asegura el científico, y se pregunta: “¿No sería necesario e indispensable que el público de nuestro país estuviera informado de cómo reaccionar ante estos fenómenos por parte del Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) y que las instancias responsables de estas emergencia y medios fueran realmente buenos difusores de tal información?”.

Un tsunami en Acapulco. Primera de dos partes

El texto que se reproduce a continuación, de autor anónimo, pertenece a un género que bien podría llamarse “desastre ficción” y fue localizado en la página de internet Expedientes Y (ecología, desarrollo sustentable, prensa y opinión ciudadana en el Acapulco urbano y rural). Lo presentamos aquí en dos partes por estar relacionado íntimamente con nuestro tema y considerarlo un trabajo magnífico para un colofón perfecto de los terremotos y tsunamis en Acapulco.

Una historia que no
quisiéramos vivir

La siguiente historia es total y absolutamente ficticia y su única intención es la de lograr que los habitantes de las costas estén prevenidos contra este tipo de eventos, probables sólo por el hecho de vivir cerca del mar. Fue elaborada con base en las historias mil que surgieron a partir del tsunami de Indonesia, lección inolvidable para la humanidad de lo que es capaz de provocar el mar cuando enfurece.
Trinchera de Acapulco, a 3 mil 750 metros de profundidad y mil 400 kilómetros de la costa del puerto. 6:25 a.m. (hora de Acapulco).
Las placas oceánicas de Juan de Fuca, del Pacífico y de Cocos, se movían como gigantescos animales prehistóricos en una lentísima estampida hacia el Oriente. Las placas oceánicas, más densas que la continental de Norteamérica, se introducían bajo esta última con plástica majestuosidad, fundiendo sus millares de toneladas de roca debido a la presión y a la elevada temperatura producida por la fricción, pasando de nuevo a formar parte de la gigantesca cámara magmática que alimenta la actividad tectónica y volcánica regional.
En este proceso, repetido a lo largo de millones de años, una gran burbuja de material de diferente densidad se comenzó a acumular frente a Acapulco y a lo largo de un sector considerable del sistema de fallas. Y el proceso se comenzaba a acelerar.

Av. Cuauhtémoc, 7:05 horas

La gente se afana en la ciudad atiborrada de tráfico innecesario y de un humo que afortunadamente es barrido de forma continua por el sistema de brisas que refresca al puerto. Las vialidades son abiertamente insuficientes para canalizar el río de acero, cristal y plástico que a diario circula por unas calles que fueron planeadas –si acaso– para una cantidad de vehículos 10 veces menor a la actual.
Trinchera de Acapulco, 7:10 horas

La burbuja ha crecido a tal grado que las placas por encima de ella se empiezan a volver inestables. La medida del proceso fue en tiempo geológico apenas un suspiro. En la medida del tiempo humano fueron varios miles de años. El sostén que había obrado a favor de este fragmento de placa de varios decenas de kilómetros de longitud rápidamente se tornaba más débil.

Calle 5 de Mayo, 7:11 horas

En el acostumbrado embotellamiento de la mañana en esta arteria un taxi se quiso adelantar a un camión urbano y fue embestido por su conductor quinceañero que atronaba modernamente a su pasaje con bocinas de alta potencia. Los policías de tránsito –que desayunan tacos de canasta– aún no hacen su aparición. El ambiente se hace intolerable y a la gente se le hace tarde para llegar al trabajo. Los choferes inician una escandalosa discusión callejera con grandes manoteos y mutuas acusaciones de salvajismo al manejar.

Trinchera de Acapulco, 7:15 horas

La burbuja llega a tocar la parte inferior de la placa y se acumula contra ésta con rapidez nulificando el sostén que proporcionaba a esta zona. Súbitamente una sección de esta placa con varios kilómetros de largo se fractura y cae de golpe 15 metros produciendo un sismo de dimensiones respetables. El agua, al ocupar el lugar en que estaba la placa, provoca una onda que se empieza a desplazar con rapidez de la misma manera que lo hace una ondulación de anillos concéntricos producida por un guijarro al caer en un balde con agua.